Ed Wood Jr.: Siendo un genio sin talento

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En 1982, la banda Bauhaus cautivó a su audiencia cantando su emblemático «Bela Lugosi’s Dead». El mítico actor húngaro que encarnara, en 1931, por primera vez al Conde Drácula en la pantalla grande había fallecido casi treinta años antes de que Peter Murphy lo cantara. Pero lo que Murphy no cantó es que los espectadores lo vieron literalmente agonizar en la pantalla de la mano del injustamente considerado «peor director de cine de todos los tiempos»: Edward Davis Wood Junior.

Edward Wood logró, de hecho, entre 1953 y 1960 lo que muchos cineastas considerados «buenos» bajo los códigos estéticos tradicionales hubiesen querido: volcar en el cine una identidad compleja, disonante y singularísima. Como bien decía él mismo: «Si quieren conocerme, vean Glen or Glenda, ésa es mi historia, no hay dudas. Pero Plan 9 From Other Space es mi orgullo y mi alegría». Esa primera película, Glen or Glenda, instala en el cine de los años ’50 algo que, por antonomasia, no sólo era camp sino políticamente incorrecto. En este docudrama, Glen es un sujeto que revela a su novia una difícil problemática interna: la ama, pero siente satisfacción vistiéndose como mujer. En alguna medida, la película que explora la crisis del travestismo es autobiográfica: Wood no sólo parecía resolver mejor las problemáticas de sus rodajes cuando, por ejemplo, se ponía chamarras y suéteres que pertenecían a su novia de entonces, Dolores Fuller, sino que, cuando en los años ’40 tuvo que desembarcar en una isla del Pacífico sirviendo a los Estados Unidos como un muy viril soldado, se jactaba de haber combatido al enemigo nipón llevando, debajo del uniforme, un coqueto conjunto de ropa interior femenina.

Para el rol del científico que hace las veces de narrador parcial de Glen or Glenda, Ed Wood recuperó a uno de sus ídolos de niñez, pero que en los ’50 estaba en franca decadencia y tenía una peligrosa adicción a la morfina: el mismo Bela Lugosi. Lugosi encontró en el universo de Ed Wood una manera de fijar un testamento, un modo de despedirse del cine en las ligas que él quería, y que no son las mayores.

Fue así como después de su breve aparición en el film inicial, Bela repitió sesión en 1955 en Bride of the Monster, una película de terror algo más convencional. Allí, Lugosi es un científico que acecha a una guapísima joven (papel que habían pensado para Dolores Fuller, la ex novia de Wood, pero que acabó interpretando Loretta King). Su intención era que conociera a su noble ayudante, un ser bobo y monstruoso apodado «Lobo» y encarnado por el otro actor fetiche de Ed Wood, el luchador sueco Tor Johnson. Tor, que no necesitaba maquillaje para actuar de criatura temible por su tamaño y poco agraciado rostro, en realidad era un actor tremendamente afable. Cuenta la leyenda que, en un momento, cuando Lugosi intentó suicidarse, Johnson lo persuadió de seguir viviendo; aunque sólo fuera por ayudar al pobre Edward a acabar sus tontas películas. La escena en la que un pulpo mecánico debía atrapar y devorar al científico es una de las más bizarras e hilarantes nunca antes filmadas: el pulpo gigante, que era el desecho de utilería de Wake of the Red Witch (una película en la que salía John Wayne, de 1948) y que Wood tuvo que recauchar porque estaba hecho cachos, al final falló. Así que lo que se ve es el propio Bela Lugosi quien, con sus manos, anima los tentáculos mientras grita desesperado que el octópodo se lo está comiendo.

El proyecto mayor de Wood llegaría en 1956, cuando al elenco integrado por Lugosi y Johnson se le sumaría Lyle Talbot, Dudley Manlove, el astrólogo Criswell y nada menos que Maila Nurmi, recordada presentadora de programas de terror por televisión, bajo el nombre de Vampira, y antecedente directo de la estética de Elvira (Cassandra Peterson). El proyecto se llamaba Plan 9 del espacio exterior y contaba la siguiente historia: después de ocho intentos fallidos por conquistar la Tierra, los marcianos idean un noveno plan: revivir a los humanos muertos y hacerlos sus aliados. En la película se ve claramente cómo las lápidas del cementerio son de cartón; cómo, en una escena, Tor Johnson pierde el equilibrio y se tropieza; cómo los actores tienen actos fallidos en algunos diálogos y las cámaras hacen paneos caprichosos. Nada importó al decir «se imprime»: como en todos sus proyectos cinematográficos, había poco dinero y poco tiempo, y Wood no buscaba la manufactura perfecta en sus películas, sino otra cosa. Algo intermedio entre la imposición de una estética personal y el cine de género; algo que sólo podría ser entendido, luego, por Susan Sontag como camp.

Unánimemente, Plan 9 del espacio exterior fue considerada «la peor película jamás filmada por el peor director de todos los tiempos». Poco importó a Ed Wood: si ese comentario peyorativo iba a acercar a la gente a ver sus films, tanto mejor; y más si se trataba del Plan 9, donde, a la mitad de la filmación, Bela Lugosi se les había muerto y tuvo que ser reemplazado por el propio dentista de Wood, quien aparece todo el tiempo cubriéndose la cara con una capa de vampiro.

En 1994, Tim Burton decidió realizar la biopic de este director al que admiraba sinceramente. Y Johnny Depp, que también es bizarro, interpretó a un Ed Wood para la posteridad, encarnando toda la esencia del artista anti-genio. Como lo dice Diego Curubeto, en su libro Cine bizarro. 100 años de películas de terror, sexo y violencia: «Se podría sintetizar en que cuando un artista carece de la más mínima dosis de talento, realiza obras tan extrañas y originales que se vuelven tan fascinantes como las realmente geniales». Amén.

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