La prostitución en Puebla. Antecedentes, caracteres y alternativas de tratamiento

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Por Manlio Barbosa Cano

La prostitución no es “el oficio más antiguo del mundo”, pero sí un fenómeno universal y permanente que se multiplica en las urbes en razón directamente proporcional a su tamaño, aunque la proporción depende de Otf0S factores tales como su localización en áreas fronterizas, su carácter industrial o turístico y otros más. Los primeros prostíbulos están documentados en las ciudades mesopotámicas, cuyos templos contaban con estos establecimientos como parte de su fuente de ingresos, según refiere E. Cassin (1975). En Roma aumentaron y se diversificaron, ya sea en los centros de lujo de Pompeya o los de menor nivel, donde las mujeres aullaban por las noches para atraer a la clientela debido a la ausencia del alumbrado público; de ahí el nombre de “lupanares”, asociado al de los lobos (Morali-Daninos, 1979), nombre que continúa en uso. En general, los diccionarios definen el fenómeno como el comercio de la práctica sexual; su multiplicación y diversificación han generado variantes que incluyen o no el contacto directo, como el “sexo por teléfono” o el “sexo en vitrinas separadas”, tal como es frecuente en Estados Unidos. En Puebla, la propietaria de una casa de citas define otras variantes, correspondientes a meretrices de categoría… estas mujeres no sólo venden su cuerpo sino también su alegría, sus encantos de mujer, su simpatía y su compañía, pues hay clientes que… en ocasiones contratan  a las muchachas sólo como damas de compañía”. (Revista Momento, 11-IX-1986).

En México el proceso de urbanización se aceleró después de la Revolución, con tendencias recientes hacia el aumento en las últimas décadas, y podemos afirmar que la prostitución es consecuencia de y contribuye a la urbanización, ya que en términos económicos genera un importante movimiento de personas y recursos, abierto y subterráneo, en hoteles, bares, prostíbulos, restaurantes, transportes, empresas dedicadas a filmación, reproducción y venta de artículos pornográficos, así como “mordidas” (dádivas en dinero) otorgadas por quienes ejercen o están vinculados a la práctica de la prostitución, a funcionarios que las retienen para sí. El fenómeno tiene además un fuerte impacto en las condiciones sanitarias de la población, ya que es el vehículo de trasmisión y contagio de diversos padecimientos.

Cuando se creía que las infecciones venéreas habían declinado, en los últimos tiempos se observó su repunte, simultáneamente a la alarmante preocupación del SIDA, cuya cura ni siquiera se vislumbra en el mediano plazo. Según la responsable del Comité Estatal para la Prevención y Control del SIDA (COESIDA) del Estado de Puebla, de 1986 (año en que apareció el mal en Puebla), a 1994 se había detectado 1 125 casos, de los cuales “68% obedeció a trasmisión por vía sexual”. (El Universal Puebla, 7-IX-1994). En la ciudad de Puebla se registraron 124 nuevos casos de enero a mayo de 1996, superando las estimaciones de la Secretaría de Salubridad, con lo que el Estado pasó de ocupar el 5 0 al 2 0 lugar a nivel nacional en incidencia del SIDA, según una funcionaria del Hospital Universitario de Puebla. (El sol de Puebla, 5-V-1996 y 5-1-2000). De acuerdo con los reportes de estudios en Estados Unidos y México, alrededor de 10% de los servidores están contagiados del SIDA, pero las proporciones reales pueden ser más altas. El diario La Jornada, del 17 de abril de 1996, publicó una entrevista con Alejandra Fonseca, quien señaló el aumento del fenómeno de la prostitución en la ciudad de Puebla, su proliferación en las calles, la pérdida del control sanitario, violencia entre sexoservidores y entre éstos y las autoridades, así como la práctica de la prostitución infantil y la falta de respeto a los derechos humanos de los sexoservidores arrestados.

Los elementos fundamentales en el ejercicio de la prostitución son los siguientes. Los componentes básicos son los sexoservidores, por un lado, que ejercen el oficio y, por el otro, el cliente que paga. Entre ambos los soportes fundamentales se encadenan, empezando por el lenón que cuida, administra y explota a la sexoservidora, el policía que recibe “mordida” o arresta a sexoservidores callejeros o establecidos, la autoridad que simula combatir la práctica e impone multas, a sabiendas que quien fue castigado regresará al mismo lugar. Esta situación, así como la práctica de la “mordida”, captada por los niveles bajos, pero que llega hasta los niveles altos y no a las arcas públicas, es la verdadera tolerancia y no las zonas en las que, con aprobación de las autoridades, opera la prostitución.

Por último, las grandes y poderosas cadenas organizadas a nivel nacional e internacional en las que participan delincuentes, secuestradores de mujeres y niños, empresarios, políticos y funcionarios de alto nivel, profesionistas como médicos y abogados (éstos en donde funcionan las “zonas rojas”), taxistas y otros. La presencia en las redes de empresarios hace posible las inversiones, y la de políticos y funcionarios hacen posible los permisos y la tolerancia en el funcionamiento (ya que la mayoría de los países tiene reglamentos prohibicionistas), capturando y captando a menores y mujeres a los que obliga a prostituirse, rotándolos en establecimientos que abren de noche a las 24 horas del día.

De acuerdo con el reportaje de El Universal (15-XI-2000), estos negocios se quedan con 75% a 80% de los ingresos generados por esta práctica. A mediados de este siglo, México -cerró sus fronteras a la internalización de la prostitución, pero recientemente se observan cambios. Por ejemplo, la misma fuente (3-V-1996) publicó la noticia sobre la cadena internacional que reclutaba mujeres con el ofrecimiento de darles trabajo como meseras, a quienes luego obligaban a prostituirse; en diez años captaron a 300 (unas 1 200 mexicanas). Y en los prostíbulos de las ciudades mexicanas abundan ya las mujeres extranjeras.

¿Cuántas son y dónde están? Alejandra Fonseca, quien coordinó al Programa Municipal de Defensa de los Derechos Humanos, declaró a Mónica Arteaga (El Universal Puebla, 17- VIII-1994) lo siguiente en relación con el fenómeno: “Se calcula que en el municipio hay alrededor de 5000 hombres y mujeres que se prostituyen. Unos 2000 ejercen el oficio en el primer cuadro de la ciudad”.

Dos años después, en un foro sobre este fenómeno, se menciona la cifra de 8 000 en la ciudad de Puebla. (El Sol de Puebla, 26-VIII-1996). Resulta muy difícil hablar de un número exacto de personas que ejercen la prostitución en un municipio de la importancia de Puebla, ya que existen cadenas poderosas, económicas y políticamente, que rotan a las prostitutas en distintos establecimientos por las principales ciudades del país. Algunas están afiliadas a asociaciones nacionales de artistas, en las que obtienen contratos; es decir, oficialmente son bailarinas o cantantes. Sería más apropiado llevar a cabo una estimación para la zona conurbada de los valles de Puebla y Tlaxcala.

Hagamos un poco de historia. El barrio de San Antonio fue el primer asiento del sexoservicio angelopolitano, tal vez desde la época colonial; durante la primera mitad del siglo xx alojó centros nocturnos de diversas categorías; se afirma que Agustín Lara tocaba el piano en uno de ellos, y también que una meretriz le causó la herida cuya cicatriz llevó en la cara hasta su muerte. En la década de 1960 se trasladó la “zona” a “La 90” Poniente, en un área construida y planificada para tal fin, que, por entonces, todavía no era alcanzada por la conurbación. Después de graves ilícitos ocurridos, “La 90” fue clausurada y la prostitución se desparramó por toda la ciudad. En realidad, nunca se concentró totalmente.

Relatan los parroquianos que frecuentaban los prostft)ulos de San Antonio que nunca dejó de funcionar la prostitución ahí, y cuando la policía rondaba, se apagaban las luces; eran las épocas de “prohibición”. Hoy las “casas de citas” operan por diversos rumbos de la ciudad, a veces casi frente a escuelas y templos.

Inicialmente el grueso de centros nocturnos se hallaban en las orillas de Puebla, rumbo a Tlaxcala, pero recientemente se han ido acercando al centro, donde hay 15 hoteles “utilizados como prostll)ulos”, según Jorge Mena, presidente de la Asociación de Comerciantes del Centro Histórico (Entrevista de Abel Arroyo, El Universal Puebla, 10-IX-1994). Por otro lado, la expansión económica y urbana de Puebla ha generado también la multiplicación del fenómeno, en el que hay mujeres extranjeras que ejercen la prostitución en Puebla, lo cual dificulta su cuantificación. Hace dos años, la cifra récord, de acuerdo con el Regidor Jorge Murad, coordinador de la Comisión de Salud del Ayuntamiento de Puebla. “De los 27 000 sexoservidores que han registrado en el municipio, sólo entre 400 y 500 son hombres y el resto pertenece al sexo femenino…y garantizó que para este año se realizará el Foro de prostitución que marcará las pautas a seguir para lograr la solución” (Al de Puebla, 8-I- 2000) Pero recordemos que en dos gestiones pasadas —de Rafael Cañedo y Gabriel Hinojosa— también se hicieron foros y el resultado son los 27 000 que estaban por toda la ciudad. Un año después, el presidente de la Comisión de Salud del Ayuntamiento de Puebla declaró a El Universal Puebla (2-I- 2001) que para esa fecha se había reducido el número de sexo- servidores en la ciudad de Puebla a 8 000, lo cual constituyó solamente maquillaje de las cifras, pues en la administración en la que fungió, encabezada por Mario Marín, se anunció también un foro para el problema de la prostitución, el cual sólo fue una consulta deficiente que careció de resultados. Después, el entrante presidente municipal de Puebla, Luis Paredes, declaró que en el mes de marzo de 2002, al sus predecesores, se llevaría a cabo igual que otro foro sobre y que la prostitución se haría lo que la ciudadanía determinara, él, la instalación de una aunque a “zona” para su ejercicio le es “intramuscular”. Supongo que con esto quiso dar a entender que le es indiferente. En mi colaboración del 29 de mayo de 1999, en El Universal Puebla “Prostitución: tolerancia intolerancia”, cuando iniciaba la gestión del presidente Mario Marín, lancé la siguiente interrogante, a propósito de los foros al inicio de cada administración municipal que no conducen a nada: ¿Ocurrirá lo mismo en la administración del presidente Marín? La respuesta fue positiva. Al arrancar la gestión del presidente Paredes, de nuevo ¿ocurrirá lo mismo?

Se han señalado como zonas de “tolerancia” de facto la “zona roja” de la 6 Poniente, el Paseo Bravo, áreas de las colonias La Paz y Emiliano Zapata, diferentes partes del Boulevar Valsequillo y los límites de Puebla y Tlaxcala, así como muchas calles del Centro Histórico, empezando con el Zócalo. Además, en diferentes puntos de la ciudad se practica la prostitución en restaurantes, bares, hoteles, moteles, “estéticas”, discotecas, salones de baile, baños públicos, terminales de autobuses, mercados y otras calles. Recientemente los habitantes de 24 sectores, agrupados en la Unión de Asociación de Colonos del Municipio de Puebla, A.C, se dirigieron al Alcalde para demandar la clausura de intocables “antros de vicio” que han proliferado en toda la ciudad. Poco después se publicó la protesta de vecinos de las colonias de Guadalupe Victoria, porque en un cabaret ahí asentado hay “exhibición de prostitutas desnudas en la vía pública”. Las razzías (captura de personas que ejercen la prostitución en las calles), la clausura de “casas de citas” (ejercicio de la actividad de interiores) u “hoteles de paso” (en los que se practica la prostitución), solamente sirven para multar a los detenidos, quienes vuelven a su lugar y oficio tras el pago de la multa. Diversas publicaciones han señalado que tras la clausura de un prostíbulo se abren varios en las cercanías, por tanto, la prostitución es un fenómeno que puede revestir proporciones que rebasan varias veces las cifras estimadas y en forma creciente. El titular del Departamento de Inspección y Vigilancia del Ayuntamiento de Puebla declaró que el número de prostitutas detenidas en 1986 era el doble que el año anterior.

Texto del libro Miradas en la noche, estudios sobre la prostitución en Puebla, coordinado por Gloria Tirado Villegas y publicado por la Dirección de Comunicación Institucional de la BUAP en el año 2007.

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