Ésta es una historia de bonobos y de homínidos

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todo retrato es porno gráfico

Por: Ignacio Hernández Carreto

Una imagen vale más que mil palabras. Decía Kubrick que todo lo que puede ser pensado puede ser filmado, y ésta, además de ser una historia de bonobos y de homínidos, es una historia de cámaras, de lentes, de ojos y de pieles, de lo que podemos ver y tocar y lo que no. Y es que la fotografía, como todo arte, se trata de tocar y de sentir. De tocar lo inefable a través de la vista, pero también de sentir lo que no podemos ver en una foto pero que sabemos, intuimos, que está ahí.

Pero si además hablamos de fotografía erótica entonces el tocar y el sentir parecieran cobrar aún más importancia. Todo retrato es pornográfico. Así decide titular Yunuen Díaz a su ensayo sobre fotografía erótica contemporánea, ganador del Premio Nacional de Ensayo Joven José Vasconcelos 2015 y publicado por el Fondo Editorial Tierra Adentro. Es una declaración atrevida, por decir lo menos, y una que seguramente causará que retumben algunos oídos más conservadores, pero no saquemos las cosas de contexto, porque lo que Yunuen Díaz busca es justamente meternos en contexto, guiar nuestra mirada a lo que sucede y ha sucedido.

Mediante el trabajo de seis fotógrafos contemporáneos (Larry Clark, Catherine Opie, Omar Gámez, Leigh Ledare, Evan Baden y Joan Fontacuberta) y los estudios del primatólogo Frans B. M. de Waal sobre el comportamiento social y sexual del mono bonobo, cuya sexualidad es la que más se acerca a la de los humanos, Yunuen Díaz nos invita a replantearnos los discursos moralistas que se han generado al respecto de este arte y los límites del mismo. El arte es transgresión, y nada nos afecta más que el sentirnos atravesados por algo ajeno o que pensamos ajeno. Dentro del trabajo de estos artistas hay algo más que sólo imágenes y sensaciones que nos afectan, dentro de estas obras hay plegarias y gritos y declaraciones de rebeldía y amor.

Este no es un texto para los cautos, es un texto al que se llega con los sentidos abiertos. Todo retrato es pornográfico, en él somos transparentes y se nos permite

experimentar todo al mismo tiempo, el retrato nos desnuda y dice algo de nosotros que a veces tenemos miedo de decir, el retrato es eterno en toda su finitud de un instante. Todo retrato nos muestra a un ser que podemos sentir sin la necesidad de tocarlo. Y, al final, ¿qué puede ser más erótico que eso?

Estudiante de Lingüística y Literatura, Cinéfilo de Sillón, Amante de la Música y de una Buena Historia.

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