Spectre: El viejo enemigo de James Bond

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SPECTRE

Por Jonathan Lozano Huerta

Más que un despliegue de secuencias de acción, locaciones paradisíacas y guiños de este filme que nos hacen recordar las películas más icónicas y destacadas de una franquicia como lo es “007” –que lleva más de 50 años mostrándonos las aventuras de espionaje del agente secreto más famoso de todos los tiempos– , Spectre, trae de vuelta al espía británico James Bond, un personaje que con el tiempo vemos cómo se transforma a lo largo de cada entrega, teniendo como resultado un James más humanizado y oscuro, producto de la demanda de la audiencia actual, sedienta de saber qué es lo que nos esconde el agente en su oscuro pasado, el cual, apenas fue explorado en la cinta anterior Skyfall (2012) que igualmente fue dirigida por Sam Mendes, el hombre que intentó resucitar al verdadero Bond de Fleming, acompañado de sus artilugios, gadgets, villanos extravagantes y, claro, lo mejor de todo, su Aston Martin DB5, el lujoso y elegante transporte de Bond que vimos por primera vez en Goldfinger (1964).

Nuevamente y por cuarta ocasión vemos al actor inglés Daniel Craig (La chica del drago tatuado, 2011) interpretar a un Bond más rudo, más frío, más reprimido por su recién descubierto pasado en entregas anteriores, e incluso sometido por sus empleadores, la Agencia de Inteligencia Británica para la que trabaja, mejor conocida como MI6. Tal parece que poco a poco con cada película de la saga Craig, vemos que el personaje se va convirtiendo más en una especie de mercenario o matón que, en esta nueva misión, es encargado de liquidar a su siguiente objetivo en la Ciudad de México sin que tuviera un motivo realmente justificado; pareciera que ahora Bond, poco a poco, pierde este código de honor que en sagas anteriores sí respetaban; esa famosa licencia para matar que ahora no es necesaria de usar durante toda la película gracias a que sólo asesina por asesinar y no conserva una de sus características esenciales, la cual, se intenta recuperar en estas nuevas cintas. Este sello distintivo del personaje quedó inmortalizado gracias al talentoso y aún con vida Sean Connery, actor escocés que dio vida por primera vez al agente secreto, quien encarnó y transportó a la pantalla grande a un Bond carismático, astuto, intrépido y bonachón que puso una marca distintiva al espía creado por Ian Fleming.

Esta nueva entrega viene acompañada de un glorioso y espectacular comercial de la Ciudad de México, secuencia de apenas unos pocos minutos de duración que si bien está excelentemente ejecutada, tiene muy poco que mostrarle al mundo sobre la verdadera cara del zócalo de la ciudad de México, ese lugar que todos conocemos lleno de ambulantes, plantones y tráfico. De la misma manera que Bond arrojó de una patada al villano Sciarra fuera del helicóptero, los realizadores arrojaron de una patada los colores, el folclor y demás características que identifican al México con el que estamos familiarizados pero que jamás fueron aprovechados por tratar de crear lo que aparentemente es una especie de desfile-pagano ficticio que pareciera de otro país. Pocas secuencias iniciales en la tradición Bond, han contenido perfectamente todo en tan sólo unos minutos, un trabajo que ahora el señor Sam Mendes ya puede presumir.

Esto lo vemos desde que inicia la película acompañada de la excelente música ambiental, un plano secuencia que en realidad es falso por los diferentes tiempos y locaciones en las que se filmó; todos estos elementos hacen que uno como espectador centre completamente su atención en ver de primer momento a un James de negro con máscara de calavera que pareciera la representación de la muerte misma, un hombre de negro que sigue a su próxima víctima: Marco Sciarra. En medio de una celebración de día de muertos, la cámara va siguiendo en travelling a James acompañado de la por poco desapercibida Stephanie Sigman, hasta lo que aparentemente es el Gran Hotel de la Ciudad de México, lugar que ¡ojo!, ya había sido utilizado para filmar una escena de Bond anteriormente en 1989, la cual fue “007: Con licencia para matar”, protagonizada por el ya descuidado y carente de humor Timothy Dalton. Parece que la filmación y la secuencia inicial que vimos de Spectre en México terminó por borrar de la memoria de todos este filme rodado antiguamente en la Ciudad de México. Me atrevería a decir que esta escena inicial es igual de emocionante y exorbitante que Quantum of Solace (2008) del señor Foster, secuencia inaugural cargada de adrenalina, persecuciones a alta velocidad y peligrosas escenas que, a decir verdad, se logró un trabajo igual de memorable: ver un Aston Martin DBS V12, golpeado, sin puerta y perseguido a toda velocidad por tres Alfa Romeo, sin duda, una secuencia siempre recordada para un filme no tan destacado.

Entrando más de lleno a la trama, veremos que Bond de nuevo se verá inmerso en una misión que tiene como objetivo descubrir una misteriosa organización llamada S.P.E.C.T.R.E. (Ejecutivo Especial para Contraespionaje, Terrorismo, Venganza y Extorsión) por sus siglas en inglés, institución que no sólo tiene fines terroristas como comúnmente se cree; seremos testigos del regreso de esta empresa criminal que tuvo sus primeras menciones desde filmes iniciales de la franquicia como Dr. No (1962), que presenta un villano que le menciona a Bond sobre esta malvada asociación y sus intenciones de dominar el mundo. Tal y como Mr. White le explica a Bond que Spectre está en todas partes, la película no tiene que esforzarse mucho en su argumento para dejarnos en claro y ponernos a pensar que no estamos tan alejados de la ficción al saber que de la misma manera que la malvada corporación discute el futuro del mundo a puerta cerrada, de igual forma las grandes corporaciones farmacéuticas, mercados y agencias de espionaje que se encargan de desatar la histeria colectiva y el caos financiero en diferentes economías del mundo; vemos que la reinventada, misteriosa y malvada organización se convierte en una fuerte critica por parte del filme en contra del capitalismo.

Cabe mencionar la escasa interpretación del dos veces ganador de la estatuilla dorada, el actor austriaco Christoph Waltz, quien encarna al villano Franz Oberhauser, líder de esta temible institución que nos quedó mucho a deber con su actuación y no precisamente por culpa del artista sino, en parte, por mera decisión de Sam Mendes y de los guionistas al no incluirlo en mayor medida como en el caso de Dave Batista, todo con una aparente justificación por reservarnos esa verdadera y majestuosa interpretación que al menos en este filme no veremos y que tal vez esperaremos para siempre a no ser que Daniel Craig conserve su esmoquin para una siguiente y ultima película de la saga Bond/Craig.

Con esto, reitero, Spectre es una película que cumple con las expectativas pero que, pasando de la secuencia inicial en México, se vuelve un poco lenta con una trama algo oxidada que difícilmente supera a su antecesora Skyfall (2012); por otro lado, se les reconoce a los realizadores del filme, el seguimiento y evolución que le han dado al personaje desde cintas anteriores que se refleja en esta última entrega al enfrentar a la organización que detonó todos sus conflictos y enemigos desde un inicio.

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