¿Y tú qué tanto sabes sobre la fundación de la Facultad de Psicología?

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Al fundarse en abril de 1965 la Facultad de Filosofía y Letras de la UAP, uno de los colegios que la integraban era el de Psicología (los otros eran los de historia, letras y filosofía).

Facultad de Psicología BUAP

Foto: Internet

Los fundadores de dicha Facultad decidieron crear la escuela de Psicología al considerar que ésta resultaba esencial para coadyuvar al desarrollo de los estudios humanísticos en la entidad, los cuales eran prácticamente inexistentes en ese periodo. Al mismo tiempo, pensaron que a través de dicha carrera nuestra institución podía contribuir a formar profesionistas que contribuyeran a dar respuestas a los grandes problemas y desafíos que se desprendían de la inserción del estado de Puebla en el vasto proyecto de industrialización que surge a nivel nacional a fines de los sesenta, del que se derivó la necesidad de formar a psicólogos —psicólogos industriales, clínicos, etc.— capaces de comprender las vicisitudes y complejidad de las sociedades industriales modernas, por un lado, y, por otro, a psicólogos que contribuyesen a resolver las necesidades planteadas por el desarrollo de la planta productiva.

Había, pues, una clara definición del perfil profesional del egresado de psicología. Lo que no existía era un plan de estudios adecuado, que correspondiese a dicho perfil, lo cual propició que durante los primeros cinco años de existencia del colegio se impulsaran diversos reajustes y modificaciones orientados a la búsqueda de la coherencia interna de las materias y a la delimitación de su extensión y profundidad.

Años difíciles 1970- 1980

Hacia los primeros años de la década de los setenta predominaba en el colegio la tendencia conductista, la cual era la tendencia predominante a nivel nacional. La planta de maestros estaba integrada principalmente por maestros que se habían formado en dicha corriente, en particular bajo el enfoque skinneriano.

En contrapunto a los esfuerzos por definir la currícula del colegio, en los albores de los años setentas la Universidad Autónoma de Puebla se ve sacudida por varios hechos que impactan de manera dramática su vida interna y las relaciones con su entorno social. Nos referimos al avance que experimenta en esa etapa el movimiento de reforma universitaria, que desde los sesenta se propone impulsar todo un cúmulo de transformaciones que perseguían el objetivo de modernizar la vida académica, cultural y administrativa de la institución, que por ese entonces se encontraba todavía inmersa en la modorra del cacicazgo avilacamachista, el cual había convertido a Puebla en una entidad levítica, saturada de prejuicios, y reacia a asimilar los cambios que había experimentado el mundo en casi todos sus órdenes, particularmente en la ciencia y la tecnología.

Por desgracia las “fuerzas vivas” de Puebla, encabezadas por el mismo gobierno estatal y por los sectores retardatarios del clero, lejos de comprender los anhelos idealistas de la juventud, por el contrario desencadenaron contra la UAP una brutal ofensiva enderezada a aplacar el movimiento de reforma, que llegó al extremo de cegar la vida de varios líderes universitarios, entre ellos Joel Arriaga y Enrique Cabrera. Esto propició, como era de esperar, la radicalización del movimiento, abriendo una verdadera “Caja de Pandora” que culminó con la caída del gobierno de Bautista O’Farril, y por ende, con la derrota de las fuerzas reaccionarias que se oponían a la modernización de la UAP.

Empero, no todas las secuelas de dicha radicalización fueron positivas, o beneficiosas para la vida académica de nuestra institución. Así, por ejemplo, diversos grupos universitarios se extralimitaron, tal como sucedió en el Colegio de Psicología, en donde algunos núcleos radicales arremetieron contra varios maestros so pretexto de que los mismos eran “retardatarios” o “reaccionarios” por el solo hecho de estar identificados con la corriente skinneriana. Aquí no podemos ahondar al respecto, porque ello desbordaría los límites de este trabajo. Nos limitaremos a señalar que, aunque en efecto dicha corriente estaba siendo cuestionada en diversos lugares del orbe por la identificación inequívoca de no pocos de sus principales exponentes con el sistema capitalista, ello no justificaba de ningún modo los ataques que se lanzaron sobre los maestros del colegio de Psicología.

Así las cosas, de un día para otro —en 1972— sin argumentos académicos, y guiados sólo por la cerrazón política, los dirigentes estudiantiles del colegio decidieron expulsar un sector importante de dichos maestros, lo cual propició que tal centro de estudios se quedase solamente con la tercera parte de su planta docente, a escasos meses de que diera inicio el semestre. Así las cosas, el colegio entró en una profunda crisis durante varios años, a la que no pudieron superar las medidas aisladas que se adoptaron las autoridades y la comunidad de la escuela para paliar las consecuencias de los atropellos señalados.

De este modo, de 1973 a 1978 el Colegio enfrentó múltiples problemas y dificultades para abrirle paso a un plan de estudios coherente, que correspondiera a los objetivos que le dieron origen. Uno de los principales obstáculos que se presentaban era la preeminencia de los aspectos políticos sobre los académicos, que llevaron entre otras cosas a la improvisación de docentes, llegándose al extremo de convertir a determinados estudiantes en profesores, sobre todo en los primeros semestres.

Por fortuna, con todo y sus errores y desviaciones, la Reforma Universitaria abrió nuevos espacios democráticos y, sobre todo, delimitó nuevos caminos para la transformación académica. De este modo, poco a poco el colegio de Psicología se adentró por la senda del cambio, sin tropezones dramáticos como el arriba indicado. Entre los hechos que contribuyeron a que el colegio encontrara dicha senda destacan los siguientes: a mediados de los setenta se establece una separación académica entre los colegios que integraban la Facultad de Filosofía, lo cual permitió que cada uno de ellos resolviera de manera más adecuada sus problemas específicos. Por esos años, asimismo, las autoridades universitarias diseñan políticas encaminadas a profesionalizar la planta docente, mejorando los salarios y prestaciones. Del mismo modo, estimulan la consistencia interna de los planes de estudio, la elaboración de perfiles profesionales, y promueven la articulación entre la docencia, la extensión y la investigación.

En ese contexto, el colegio de Psicología reconoce la necesidad de transformar su plan de estudios, empero se le concede prioridad a la organización administrativa, creando las áreas social, educativa y clínica. En 1978 se crea la Academia de Maestros, con la finalidad de elaborar y discutir las políticas académicas y los contenidos curriculares de los programas.

En los años ochenta surgen nuevos factores que obstaculizan el pleno desarrollo académico del colegio, entre los que sobresalen el forcejeo constante de los docentes por lograr la supremacía política en el seno del mismo. Empero, tales obstáculos no logran frenar el anhelo de la comunidad por abrirle paso a un plan de estudios avanzado y moderno, promoviendo diversas iniciativas enderezadas a dicho objetivo. Entre las mismas, tenemos los trabajos “Notas para la fundamentación de un currículum alternativo del Colegio de Psicología”, presentado por Enrique Recio A., y María Esther Martínez F., y el “Proyecto de revisión curricular del área social”, elaborado por Rocío Oliveros H. Y Paulina Robles Cabral, que se presentaron en 1986.

Por otra parte, en febrero de 1987 la Academia de Profesores avala la integración de una comisión que se de a la tarea de elaborar un proyecto de transformación del colegio, mismo que culmina en el proyecto “Análisis curricular para la transformación del colegio de Psicología”.

En enero de 1988 inaugura formalmente sus actividades el Centro de Investigaciones en Psicología Social (CIPSO), que como parte de sus actividades publica en enero de 1989 el primer número de la revista Alelon.

En 1991, como resultado de la transformación de la Ley Orgánica de la UAP en Ley Universitaria —y del Estatuto correspondiente— el Colegio de Psicología experimenta una serie de transformaciones importantes, que contribuirán de manera decisiva a su consolidación académica. Así, el 2 de octubre del año de referencia, a solicitud del entonces director del Colegio, maestro Enrique Recio, el H. Consejo Universitario aprueba la propuesta de convertir a este centro de estudios en una unidad académica independiente, transformándose de esta manera en escuela. Pocos meses después, el 13 de mayo de 1992, el mismo H. Consejo Universitario aprueba la creación de la Maestría en Psicología Social, permitiendo así que la escuela de Psicología se convierta en facultad.

Paralelamente a esos avances, la Facultad experimenta cambios trascendentes que le permiten avanzar de manera notable en su desarrollo académico. Entre otras cosas se impulsa una nuevo plan de estudios para la licenciatura más coherente, actualizado y versátil, que incorpora las invaluables experiencias pedagógicas de la planta docente. Tal plan se pone en marcha en el segundo semestre de 1992.

Es de subrayar que, pese a los logros conseguidos, la comunidad de la actual Facultad de Psicología no “ha bajado la guardia” en cuanto a su afán de proseguir superándose académicamente. Por ello, pese a que el plan aprobado en 1992 no ha sufrido alteraciones sustanciales hasta hoy, existe consenso entre los miembros de la escuela acerca de la necesidad de revisar el plan de manera permanente, en aras de asegurar su vigencia.

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