Siempre estoy metiéndome en problemas para poder salir de ellos: es un modo de vivir: Mónica Maristain

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Mónica Maristain

Foto: Facebook

Entrevista a Mónica Maristain
Por Óscar Alarcón
Mayo de 2014

Óscar Alarcón. He visto que tienes una actividad impresionante en las redes sociales, trabajas, escribes para Sin embargo, hay notas diarias en el portal y en tu facebook, ¿a qué hora escribes? Y lo más importante, ¿en qué momento lees para escribir?
Mónica Maristain. Estoy todo el tiempo avocada a la escritura. Vivo sola en esta etapa de mi vida, no tengo niños. La vida que tengo, la dedico toda al trabajo, yo creo que en un 99%. Pero también yo creo que después de muchos años de trabajar —hace ya unos veinticinco años— tengo mucha cancha. Son las dos o tres de la tarde y ya tengo terminado mi trabajo, lo voy acumulando. Pero leo, leo, escribo; escribo, leo, escribo: ¡es lo que hago!

ÓA. Quiere decir que aparte de ser una escritora profesional, eres una lectora profesional
MM. Sí, me gusta leer. Ahora lo hago mucho por trabajo. Reconozco que he perdido un poco la afición de la lectura por sí y eso me angustia bastante. Supongo que la angustia existencial, es algo que va con el ser humano.

Uno añora un trabajo en el que pueda leer y escribir y cuando lo tiene que quiere leer y escribir pero de otras cosas.

ÓA. Cuando se genera esta angustia por la lectura, cuando nos recomiendan estos 20 minutos diarios, ¿qué piensas sobre las campañas que recomiendan leer “20 minutos al día”?
MM. Entiendo que cuando a uno le gusta mucho leer los 20 minutos no te alcanzan. También es algo que es misterioso, tiene que ver con el hábito. Yo siempre lucho contra mi sobre preso y toda mi familia tiene sobre peso, es un hábito que ya viene con nosotros. Leer es algo que también muy habitual en mi casa: mi papá leía muchísimo, mi mamá también. Nunca faltaban revistas, nunca faltaban libros —sin ser intelectuales ni mucho menos eran gente de trabajo—, el hábito era leer, que disminuyó bastante con la televisión.

Ninguno de mis sobrinos lee, mis hermanos están casados con personas que no leen. Supongo que los veinte minutos, son los veinte minutos de la desesperación, de los que echan mano las autoridades para pedir aunque sea esos veinte minutos. Me parece que las campañas siempre están bien. Creo que no leer empequeñece la experiencia de la vida humana, pasar por este mundo sin leer es como no haber vivido. Lo ves en la gente, en las personas que no leen, que no tienen ese cultivo espiritual, esa falta de miras para analizar la realidad y te apena mucho. No porque todo mundo tenga que ser intelectual y se convierta en un vicio: pero esto de leer, de comparar y hablar de libros y que entonces eso te lleve a querer leer otra cosa como un vicio.

Yo digo leer esos veinte minutos, creo que la gente que lee aunque sea los titulares del periódico, que lee los titulares de una revista, o incluso los que leen una nota aunque sea en la peluquería, tienen otra visión, otras herramientas para la realidad.

ÓA. ¿Y en qué momento vives? Me refiero al trabajo como periodista, porque ocupas mucho tiempo de tu día…
MM. Lo que pasa es que para mí eso es vivir. No entiendo la dicotomía que hace mucha gente que construye una vida alrededor de otras cosas, que cree que es más importante otras cosas. Ahora estoy viendo la serie 24, y salgo a caminar con mis perros, en la noche me voy al teatro a ver una función de un amigo: he construido mi vida alrededor de lo que me gusta hacer, lo que no hago y me gusta es por limitantes económicas. Ayer me hubiera gustado tener dinero para ir a ver la final de River-Quilmes en Buenos Aires, estas cosas que hacen los ricos: se van, miran el partido y vuelven. Para esas cosas creo que sirve el dinero.

Vivo a cada minuto todo lo que puedo vivir. Estar sentada leyendo un libro para mí eso es vivir. No hago esas diferencias.

ÓA. ¿Qué piensas sobre el periodismo cultural que se hace en México? ¿Se hace buen periodismo cultural?
MM. Yo creo que México llegó tarde al periodismo en general. Yo no creo en el periodismo cultural, creo en el periodismo. Me molesta un poco cuando me dicen “la periodista cultural” porque creo, como muchos colegas, que un periodista debe escribir de todo. Está la especialización de la fuente, cuando te metes en un tema te das cuenta de lo que te falta como soporte, pero un periodista profesional tarda menos de cinco días en conseguir ese soporte porque el oficio es lo que te lleva, son las herramientas que te permiten analizar un tema y no convertirte en un experto pero sí en un verdadero difusor, que es lo que yo creo que es un periodista.

México llegó tarde a la experiencia periodística y se nota muchísimo porque los 71 años del PRI incentivaron las becas, es un país en donde la gente escribe maravillosamente bien pero toda esa escritura se fue a la literatura. El PRI ha sabido muy bien cómo cooptar las pasiones intelectuales y encaminarlas hacia actividades menos perjudiciales para su desarrollo de gobierno.
Cuando llegó el PAN y la gente comenzó a manejar esto tan inasible de la libertad de expresión, el mundo de la literatura de prensa llevaba mucho tiempo desarrollado. Por supuesto que hay una tradición de periodistas que escriben bien pero no es algo común.

No siento yo que la gente tenga el hábito de decir “fui a un concierto y voy a leer la crónica” o “ganó el PAN, voy a leer el análisis político del periodista”. Y extraordinariamente se está dando una realidad bastante paradójica que es que los niños y los jóvenes están estudiante mucho periodismo. Hay un gran choque.

Es difícil porque busqué trabajo de periodista en México hace 14 años, y quería ampliar mis horizontes, ya había dirigido mucho tiempo una revista de deportes, había tenido mi propia revista de música pero quería expandirme, desarrollar sobre todo esto que he hecho: ir al fondo de muchas cosas que me interesan, la literatura, la música que es lo más importante para mí, pero me topé con una realidad muy difícil: no está ese hábito, esa pasión y al mismo tiempo hay periodistas maravillosos.

ÓA. ¿Quiere decir entonces que en México sobran historias pero falta quién las cuente?
MM. Es un país donde todo pasa. Siempre digo que cuando vuelva a Argentina —que es una cosa que está cada vez más cercana— siento que voy a dedicarme a otras cosas que no van a ser estrictamente la nota del día. En todos los lugares en donde he trabajado me ha pasado que me he encontrado con muchísima gente, muchísimos colegas teniendo la posibilidad —en El Universal, en Playboy— de editar, de compartir ser editor, encontré muchísimas reticencias, como que realmente la pasión que te despierta el reportaje en México es muy fuerte, la gente que se dedica a esto tiene muchas ganas de ir a la calle a buscar la nota. Entonces yo no sé si hay muchísimas historias y no hay quién las cuente, creo que hay muchas voces para contar.

Cuando digo que México llegó tarde al periodismo me refiero a que todo mundo llegó tarde, no sólo el que escribe sino también el que lee. Estamos en un momento de la historia de la profesión que se extingue: es una profesión en vías de extinción, a eso me refiero con llegar tarde. Pero hay mucha gente para contar las historias.

ÓA. Retomando lo que decías sobre los escritores y los 70 años del PRI, ¿quiere decir que las becas no generan escritores?
MM. No, lo que digo es que muchísimo talento se ha ido a la literatura porque ha encontrado las maneras y los medios de hacerlo. Era más fácil para el PRI dar una beca que apoyar la salida de un periódico, porque un periodista es crítico por naturaleza. Pero yo no tengo nada qué decir contra las becas. Nunca me he ganado una, nunca me he postulado para una pero no tengo nada en contra.

ÓA. Pero a veces la gente que se gana una beca deja de escribir.
MM. No lo sé. Yo sé que vengo de un país en donde es muy difícil publicar, donde es muy difícil que alguien saque un libro y aquí es muy fácil. Conozco a un poeta que acaba de sacar un libro: Gerardo Grande, al que yo le hice el prólogo, un gran poeta y nació en el ’91, tiene 23 años y ya tiene un libro. En Argentina eso es prácticamente imposible, para que alguien saque un libro tienen que pasar muchas cosas, entonces es mucho más fácil en México la experiencia de la literatura que la del periodismo.

Uno no quiere comparar pero compara inevitablemente: en Argentina sale todos los días una revista literaria, un fanzín; sacar un libro es muy importante siempre para todo el mundo, pero acá sacar un libro es más fácil que una revista. Te debe de haber pasado, es muy difícil que se junten tres o cuatro personas para sacar la revista periodística porque la gente no las lee pero te puedes plantear hacer un libro y es más probable que lo saques.

ÓA. En ese llegar tarde, Roberto Bolaño le llega tarde a México, ¿estaba listo para la visión de Roberto?
MM. México es un país que está listo para todo, incluso para el Apocalipsis, como dice Villoro: ya pasó el Apocalipsis pero no se enteró, está viviendo la época post apocalíptica.
Yo creo que Bolaño es el último gran escritor latinoamericano, que nos llegó cuando tenía que llegarnos, nos llegó en un momento difícil del mundo. El otro día hablaba de esto con Agustín Fernández Mayo, el escritor español y me decía: “yo creo que esas son teorías apocalípticas a las que yo no suscribo porque soy un hombre optimista, soy un hombre de fe en la gente”, pero reconozco que a mí me cuesta cada vez más tener esa visión optimista porque los datos científicos o pseudo científicos que se divulgan, todos giran en torno a la extinción de la humanidad, que cada vez estamos más conscientes de que esto se acaba, y no hay datos irrefutables al respecto. Pero la sensación que tenemos es que cada paso que avanzamos tecnológicamente, en la nanotecnología, en las células madre, en lugar de hacernos pensar en que vamos a sobrevivir en realidad es todo lo contrario.

Stephen Hawking dijo hace dos semanas que la humanidad se extingue, en general hablas con la gente con la gente y dice que la humanidad se extingue, que esto empezó con los dinosaurios y ellos no sobrevivieron por qué vamos a sobrevivir nosotros, y es muy difícil pensar como Agustín, porque además si se extingue nadie va a poder hacer nada, son pensamientos que te persiguen y te condicionan. Él decía “la humanidad va a sobrevivir porque ha sobrevivido a cosas tremendas y no ha hecho más que evolucionar y encontrar respuestas complejas a situaciones cada vez más complejas” y es probable.

Pero digo que hay momentos en los que uno no esperaba nada, mucho menos en la literatura latinoamericana, apareció Bolaño. En ese sentido, no sé si sea una cuestión de México o del mundo literario el que un escritor nos sorprenda. Llegar tarde o temprano no lo pondría en esos términos, llegó cuando tenía que llegar.

ÓA. ¿Hacen falta íconos como Roberto en este momento?
MM. Me parece que lo que hace falta es ser más humildes con respecto a lo que hacemos, en el sentido de que hay tantos libros escritos que si ya no se escribiera más no pasaría nada, sin embargo publicamos cada vez más. Me refiero sobre todo a la ficción, porque un libro periodístico, un libro de entrevistas finalmente está contando la época, pero cuando hablamos de ficción en términos de contar una historia, de escribir novelas, de escribir cuentos, es muy difícil que un escritor te sorprenda.

Quisiera uno tener tiempo para leer La montaña mágica, para leer Ulises. El otro día entrevisté a Eduardo Rabasa y me dijo “todo el fin de semana estuve leyendo Guerra y Paz, no la había leído nunca”, y yo pensé “claro, es cierto, yo a Tolstoi lo leí cuando era una adolescente, ya no me acordaba” qué lindo debe ser meterse en Ana Karenina, la debo de haber leído dos veces, en la adolescencia y en la universidad. Pero qué lindo debe ser tener tiempo para eso, no sé si a uno le den ganas de meterse en la última novelita del narco que tú ves que están tan mal escritas.

No sé si Bolaño es un ícono pero sí es un escritor que gozas, es un escritor en el que comienzas a leer 2666 o Los detectives salvajes y no dejas el libro hasta que lo terminas, y ves el gozo que la gente que ama la lectura siente al leerlo que te da como fe en la actividad porque yo siento que la ficción se ha agotado. Y decir esto es complicado porque si tú mañana titulas “Maristain dijo: la ficción se ha agotado” es fuerte. No sé si te pasa como lector, qué ganas de volver a leer a Charles Dickens o leer todos los cuentos de Gogol. Para mí, Bolaño fue eso.

Estamos muy contaminados por el mercado de la literatura, el mercado que obviamente adoramos porque nos permite trabajar, nos permite movernos, formamos parte del mercado. Cada que yo hago una nota, que tú haces una nota del último escritor que sacó una nota estás formando parte del mercado porque estamos promoviendo, estamos formando parte del engranaje y gracias a eso uno tiene trabajo. Siento que hemos perdido la avidez y la curiosidad de leer. Vengo de una familia muy humilde, de clase obrera, sin ninguna formación universitaria. Yo leía lo que caía en mi casa, los que compraban, lo que había para leer, eso te daba mucha libertad para formarte.

ÓA. Se ha criticado mucho a tu libro El hijo de mr. Playa, se dice que ese Roberto Bolaño que está ahí no es en realidad Roberto Bolaño, ¿qué piensas de esto?
MM. Yo no hablo mucho de Roberto, yo hablo de la gente que lo conoció. Probablemente sea el Roberto Bolaño de su última mujer, de su padre. Ahora estoy escribiendo el libro sobre Daniel Sada y lo mismo será, yo a Daniel lo vi en oportunidades muy gozosas, lo estimaba muchísimo, y lo habré visto 10 o 15 veces en mi vida, no más. Seguramente ni Roberto Bolaño sabría quién es Roberto Bolaño.

ÓA. ¿Él era mejor persona que escritor?
MM. No lo sé, yo no lo conocí. Sólo lo conocí por correo electrónico y por llamadas telefónicas y francamente era un ser encantador. Y el personaje que se pudo construir a partir de El hijo de mr. Playa me parece que fue un hombre muy querido, la gente que habla sobre él habla maravillas, me parece que era un tipo muy generoso, muy solidario, interesado por el mundo, es un poco la impresión que yo tengo. Y siempre será la impresión que yo tenga.

ÓA. Aunque son casi universos distintos, ¿qué prefieres más 2666 o Los detectives salvajes?
MM. Una me lleva a la otra, creo que son las dos obras de Roberto. He disfrutado mucho hasta Los sinsabores del verdadero policía, porque me gusta mucho cómo escribe. El otro día alguien me decía eso de Álvaro Enrigue: “cualquier cosa que escriba Álvaro la voy a disfrutar porque escribe tan bien”, y a mí me pasa eso con Bolaño. Pero creo que si uno leyera primero Los detectives… y luego 2666 leería casi todo Bolaño, no sé qué piensas tú pero me parece que son sus grandes aportes a la literatura.

Después empiezan los teóricos y los especialistas, que Estrella distante, todos son libros fantásticos. Pero me parece que ahí concentra su gran obra.

ÓA. Con estas dos grandes obras monumentales ¿crees que Bolaño se haya fumado a dios, al diablo, a España, a México, al universo entero?, ¿entregó su vida? Hay mucha sangre y sudor en los dos libros.
MM. Creo que hay mucha sangre y sudor en todo lo que los escritores escriben. No he visto a nadie escribir de otra manera. No siento que Bolaño sea mejor que, en ese aspecto más entregado —no quiero dar nombres—, que cualquiera de los otros escritores. Lo que pasa es que a uno le sale mejor y a otros peor.

La experiencia de la escritura de literatura es la misma para todos, me parece que todos tienen la aspiración de escribir lo mejor que puedan. En ese sentido no siento que Bolaño sea especialmente diferente. Es lo que pienso yo.

ÓA. Retomando algo que viene en El hijo de mr. Playa, ¿son detestables los escritores?
MM. Mi experiencia me indica que somos detestables los seres humanos. No queda más que vivir entre nosotros y creo que eso va a terminar con la especie. Ningún huracán ni un terremoto: la imposibilidad de vivir con el otro, de ser paciente, tolerante, dulce, amable, esto que de tanto nos hablaban cuando éramos chicos: ceder el asiento, preocuparte por el otro. Esto es algo que nunca, a ningún presidente, a ningún ministro, no se lo escuchas ni a ningún escritor que diga: “sé tolerante, sé paciente, preocúpate por el otro”.

Me pasa mucho no ver a un colega por mucho tiempo y pensar “uy lo despidieron de allá, ¿tendrá trabajo, cómo estará?”, me pasa mucho eso con la gente, pensar en la gente, ¿cómo estará?, vive solo, ¿estará bien?, ¿será feliz? Es una empatía muy difícil de encontrar en mucha gente, me parece que el mundo es de psicópatas. No soy experta en psicología pero cuando descubrís que la psicopatía consiste en no tener empatía, en que tú no puedes preocuparte, ponerte en el lugar del otro, me dio la sensación de estar viviendo en un mundo de psicópatas. En este sentido los escritores viven en el mundo, son parte. El otro día me lo decían de un poeta que me gustó mucho, lo descubrí hace poco, me decían “es un tal por cual”, y yo “ay pero qué bien escribe”. Entonces finalmente lo que quedan son los libros, no diría los escritores son detestables.

ÓA. Entonces, ¿va separada o va junta la vida con la obra?
MM. No lo sé. Paco Taibo habla siempre que escribir es un placer, lo disfruta mucho. Ayer entrevistaba a Claudia Guillén y me decía “yo doy muchas vueltas, me pongo a escribir largo”, es un método bastante parecido al mío y hay escritores que sufren mucho por escribir, otros que gozan, otros que se sienten condenados, que no pueden hacer otra cosa pero que querrían ser ministros plenipotenciarios. No sé.

Me pasa, ahora estoy viendo 24, que es una serie que me fascina, no tanto como Breaking Bad, pero empiezas a meterte al mundo que plantea Jack Bauer y quieres saber todo de Kiefer Sutherland, ¿qué le habrá pasado en la vida?, ¿estará casado?, ¿tiene hijos?, sabes que tiene problemas con el alcohol, pareciera ser que es una aspiración humana: unir la experiencia liberadora con la vital, pero es algo que le pasa al espectador, al lector. Nosotros necesitamos que la vida vaya igual que la obra, o explique la persona a la obra. Es algo que nos completa la visión del mundo. Por eso se nos da que nos desesperamos por conocer a los escritores, a los músicos, no nos alcanzan los discos. Yo siempre digo “uy si llego a ver a Roger Waters”, bueno lo vi pero pon a Henry Hancock, porque a mí me gusta mucho el jazz, estar ahí con alguien a quien admiras mucho. Es una necesidad humana, no sé de dónde viene. Pero luego te das cuenta de que cuando te enfriás un poco, no sé si es necesaria esa unión de vida y obra, no sé cómo lo ves tú pero yo no lo sé.

El otro día fui a presentar un libro de poesía que me encantó de Jorge Humberto Chávez, un poeta de Juárez, y es cierto que yo lo leía con los ojos del que no conoce Ciudad Juárez, del que sabe por supuesto lo que ha pasado allá, y entonces cuando le tocó el turno a la presentadora que venía antes que yo, empezó a hablar del libro como el mal, como un poemario sobre el mal y me resultó una visión sumamente enriquecedora, y era una visión a la que yo nunca hubiera accedido porque no conozco a Jorge Humberto, porque no conozco Ciudad Juárez, porque todo lo que conozco de lo que ha pasado allí tiene que ver con lo periodístico. Para mí tal vez la lectura fue más limitada pero no se me dio nunca por pensar —a pesar de que había poemas totalmente referidos a la muerte— estrictamente en Ciudad Juárez sino que lo tomé como algo más global. El libro se llama Te diría que fuéramos al Río Bravo a llorar pero debes saber que no hay río ni llanto, y yo pensé que era un libro escrito con trampa porque pensé que estaba escrito desde esta orilla, cuando todavía hay río y cuando todavía hay lágrimas. Me pareció que era un libro sobre la tristeza y sobre la desolación del mundo, y algunas lágrimas que todavía nos quedan para llorar en un México que se repite, porque es un país que le cuesta mucho llorar. Me parece que se sufre mucho en silencio, el mexicano es muy pudoroso.

Tú vas a comer a algún lugar y hay música —es muy difícil que te pase en Argentina— vas a un café y te topas con un amigo a charlar y aparece el muchacho que te quiere vender o pedir. Lo que digo es que la relación de la obra con la vida es un factor que depende del tiempo, ¿cómo leerán a Bolaño dentro de cien años? Ni se van a preocupar. Lo tendrán como referencia que hace cien años vivió y murió joven, pero su aproximación a la obra va a ser muy distinta porque las obras cuando perviven también pueden superar al tiempo, a la anécdota y a la vida. A veces me parece que nos excedemos en darle tanto valor a lo biográfico.

ÓA. Cuando leí las preguntas de tu libro La última entrevista a Roberto Bolaño… me imaginaba lo que Mónica Maristain pensaría de lo que le estaban respondiendo. Me atreví a tomar algunas preguntas que les hiciste a los autores que me gustaría hacerte para que ahora tú tomes el banquillo de los acusados. Por ejemplo, en la entrevista a Carmen Boullosa dice que se habla mucho y se piensa poco, ¿tú qué piensas?
MM. Que tiene razón. Me pasa mucho con mis colegas, gente con la que veo a menudo. Nosotros que trabajamos en el ámbito de la música y la literatura, viene un músico y le digo “te acordás que vino hace cinco años y cantó tal cosa”, creo que hay una desmemoria por la falta de lectura; sí creo que tiene razón.

ÓA. Siguiendo en la plática con Carmen Boullosa, ¿se necesita una mirada andrógina sobre la literatura a pesar de ser mujer?
MM. ¿Esa fue una pregunta que yo le hice? ¿Y qué me contestó? Una mirada andrógina, no sé qué habrá querido decir, ya no me acuerdo. Supongo que tiene que ver con no hacerle mucho caso a los géneros. Cada vez que hablo con una mujer terminamos hablando de la literatura de género y cada vez que hablo con un hombre nunca hablamos del tema.

Es un tema que sí me angustia profundamente, porque como periodista termino siempre cayendo en el lugar común que abomino, no recuerdo a qué hacía referencia con la mirada andrógina.

ÓA. Álvaro Enrigue dice que los chamanes curan con el lenguaje porque es una forma de categorizar al mundo, ¿has curado alguna vez con tus entrevistas, con tus artículos?
MM. No, no creo. Te sorprende cuando mucha gente se acerca y te menciona tal cosa, como tú que me estás diciendo lo de la mirada andrógina, que yo ni me acuerdo, seguro que ahora que te vayas voy a tomar el libro y voy a decir “ah claro, era por esto o por lo otro” porque todas las entrevistas son momentos, son flashes, entonces lo que pasó ahí queda ahí: lo que pasó en Las Vegas queda en Las Vegas, lo que pasó en una entrevista queda en una entrevista, recrear ese momento… Yo guardo todos los audios, son entrevistas habladas, más que escritas. Sí te llama la atención, no curar ni mucho menos, pero sí las cosas que a otros le llaman la atención de lo que tú haces.

El otro día me pasó algo increíble, puse una nota cuyo título era, muy deliberadamente, “Gustavo Cerati está en coma y Ricardo Arjona felizmente saca nuevo disco”, que era una especie de confrontar a las redes sociales para decirles “no jodan, mirá que esto no va a pasar” y se tornó al revés, como que yo le deseaba la muerte a Arjona y era tremendo porque yo defiendo muchísimo a Arjona —pero muchísimo— y hasta mi propio jefe me llama en la mañana para decirme “¡no! esa nota, estoy recibiendo muchas reacciones, la voy a sacar del sitio” y le dije “mirá, si querés le cambio la entrada” pero si vos la seguís leyendo es una nota que en realidad castiga a las redes sociales —o pretende castigar— o poner el dedo en la llaga porque en las redes sociales lo que dicen es “dios mío…” Independientemente de que mucha gente me acusó de que estaba mal escrita, que era confusa sobrepasa todo. Él después la leyó y la volvió a poner.

Entonces me preocupó pensar cómo estamos leyendo y cuán soberbios somos los que escribimos notas todos los días dando por hecho determinadas cosas, y también otra de las cosas que me pasan mucho es hasta qué punto esta ironía, que es muy argentina, esta manera de torcer la realidad con un chiste, con bromas e incluso con humor negro, que evidentemente lo debo tener en los genes. Hace catorce años que escribo acá, siento que tengo bastantes cosas del lenguaje mexicano pero sigo siendo una outsider, digamos. Entonces no sé si curar pero sí volver loca a mucha gente, eso seguro. Porque me ha pasado otras veces, yo uso muchísimo expresiones mexicanas en mi escritura: “bueno, pues ni modo” y entonces abajo, en los comentarios te escriben “ah, mirá qué confianzuda, mirá que igualada”, porque no se entiende ese giro de humor que le das a la escritura y eso es algo que te llama la atención y tratar de no hacerlo porque perteneces a una comunidad, y la idea es que te entiendan. Más que curar, hacer enojar a mucha gente, sí.

ÓA. De Sergio González, ¿el medio literario mexicano es un medio empobrecido o crees que goza de buena salud?
MM. A mí me pasa todo lo contrario, me pasa que cada vez más tiempo me quedo aquí, más descubro gente maravillosa. A lo mejor a lo que él se refiere es al mainstream, porque hay uno, tanto en Argentina, México, Estados Unidos hay un mainstream. Nosotros mismos, si mañana nos invitan a una feria y nos dicen que va a estar Paul Auster —y Paul Auster es un gran escritor que se merece todos nos alegremos por su presencia— tenemos esa escala. Pero la literatura mexicana es riquísima. Tú vas, por ejemplo, a los libros de Pancho Taibo… Por mi trabajo, que es un privilegio, el otro día entrevisté a José de la Colina, me fui a ver a Arturo Rivera a su casa, entonces vas a la casa de esos viejos que tienen 70, 80 años, te sientas en sus living y te empieza a contar cosas y sientes que hay tanto por contar, tanto por investigar. Es empobrecida nuestra vida, creo que a eso se refiere Sergio, es empobrecido lo que vemos, nosotros estamos pobres y vemos pobres. El tesoro cultural y literario de México es inagotable, me parece.

ÓA. Siguiendo a Sergio, ¿crees que el periodismo y la literatura sean cosas distintas?
MM. Sí, totalmente distintas. Es más, sinceramente siento que García Márquez ha hecho mucho mal con los jóvenes al igualar. Yo soy muy crítica, puedo ser muy radical: ¿en qué momento los periodistas creímos que éramos escritores?, ¿en qué momento no nos alcanzó con ser periodistas?, ¿en qué momento ser periodista fue ser poco y quisimos ser Truman Capote?

ÓA. Recuerdo lo que decía JM Servín en Mexicali sobre el periodismo, él comentaba que la ficción ya estaba agotada, y que en el periodismo estaba el verdadero germen, la fuerza vital.
MM. A mí me gusta mucho el trabajo de Alejandro Páez, al que admiro profundamente. Es un gran periodista, escribe maravillosamente y cuando se puso a ser escritor escribió literatura, porque son territorios bien delimitados y porque tiene la capacidad para delimitarlos. He leído muchísimas buenas crónicas, desde Leila Guerriero hasta Gerardo Lamas, Diego Fonseca, no siento que ellos sean escritores, no me parece, sinceramente no, por ahí mi concepción es muy limitada, pero a mí me alcanza con que sean buenos periodistas.
Cuando me presentan en las ferias me dicen escritora, a mí lo que me gustaría más es que me dijeran es que soy poeta, porque es lo que escribo. Pero me parece una palabra grandísima. Y escritora no, porque yo escribo libros pero no soy escritora. En realidad todos mis libros son periodísticos, yo nunca he hecho un libro de ficción, y no porque para ser escritor hay que escribir ficción. Truman Capote no escribía ficción, escribía no ficción y era un gran escritor, es la actitud con la que te paras.
En realidad el periodismo es lo que uno puede hacer con las herramientas que tiene a la mano, si un editor te da el tiempo para hacer una crónica la haces, lo mejor que puedes y si resulta que el editor ve que tú eres bueno haciendo crónica y te dice “sabes qué, te voy a sacar de la nota del día porque quiero que me hagas una crónica buena por semana”, entonces tú te vas a convertir en un gran escritor de crónicas, pero va a estar el compañero que va a sostener ese sistema, haciendo la nota del día mientras tú haces la crónica. Y todo confluye a que el oficio esté cubierto por todos los lados donde debe de cubrirse, esta cosa de creer que somos tan geniales y tan espectaculares que podemos estar por encima de lo que es el sistema, el oficio, es algo que sí ha hecho la corriente del mal llamado nuevo periodismo. Me da risa porque cada vez que se habla del nuevo periodismo se pone a Hunter Thompson, a Truman Capote como ejemplos y son tipos que murieron hace no sé cuánto y estuvieron a mediados del siglo XX, que no hay nada de moderno en eso. No sé en qué momento no nos alcanzó con ser periodista.

ÓA. De Arturo Pérez Reverte y hablando sobre el periodismo, ¿el periodismo ya no tiene encantos ni misterios para ti?
MM. El periodismo lo que no tiene es futuro, que es distinto. Tengo una visión absolutamente sobre el oficio. Soy voluble al respecto porque quiero defender la trinchera en la que estoy, pero conforme te das cuenta de que no cotizas, de que eres dueño de un saber al que le has dedicado mucho tiempo, quemarte mucho las pestañas pero que no cotizas, que nadie está dispuesto a pagar por eso vas sintiendo cómo te vas quedando afuera, y me parece que toda la existencia humana consiste en meterse y no en salirse. Son muy pocos, los que desde un lugar romántico —Robinson Crusoe, o lo que sea—, hicieron un camino en solitario, pero en general buscamos integrarnos, pertenecer a sistemas, a maneras, a modos de conducirnos socialmente, familiar, personalmente.

El periodismo nos está dejando fuera del mundo porque nadie quiere pagar por el trabajo que tú haces. Entonces, partiendo de ahí, dentro de diez años nadie va a querer ser periodista.
Para mí lo que tiene encanto y misterio es la vida. Tengo 50 años y dices “¿cuánto viví?” y ojalá viva otros 50. Hay gente que se muere a los 20. Amigos tuyos han muerto 10 años antes, tienes amigos que han perdido a sus hijos en la adolescencia, o te enteras todos los días de alguien. O cuando veías el fútbol, los jugadores eran tus hermanos mayores, luego eran tus compañeros de clase, luego empezaron a ser tus profesores y ahora pueden llegar a ser tus hijos. Esa es la consciencia del tiempo al cumplir años. Y ya empiezas a escribir crónicas de gente que muere, y que tiene menos años que tú. Entonces empiezas a pensar “me voy a tener que empezar a cuidar y bajar de peso”. Tienes muchos proyectos y muchas cosas, y luego piensas “por ahí cruzo la calle y me atropellan”. Entonces lo que tiene misterio y belleza es la vida, más que el periodismo.

Sufrimos pero no queremos dejar de hacerlo. Nos caga vivir a veces por todos los problemas que tenemos, las deudas, problemas económicos, la soledad, las separaciones, te enamoras y es problemático, te enamoras y es problemático, pero no quieres dejar de vivir. Eso me parece misterioso.

ÓA. Siguiendo a Pérez Reverte, ¿hacer entrevistas es un poco querer la vida del entrevistado?
MM. No en mi caso. Te tiene que gustar la vida de la gente, y a mí me fascina la gente. Soy terriblemente preguntona, me ha servido. Es una característica. Hago aquello para lo que nací. No puedo hacer otra cosa. Socialmente soy así: me ponga a hablar con cualquier persona en una fiesta y terminamos siendo íntimos amigos porque tengo esa capacidad para entrar en el mundo del otro con esa curiosidad y hacer sentir al otro importante, y eso me permite conocer y comunicarme: tengo pasión por esa comunicación. Como además vivo sola, soy de las personas que se pone a hablar con la gente, con el taxista, con el que atiende el tianguis. Estoy todo el tiempo hablando y preguntando “¿usted cuánto gana?, ¿cuánto trabaja?, ¿a dónde va?” Vengo con el taxista y le digo “¿es el último viaje o es el primero?, ¿qué hace el fin de semana?, ¿cuánto cobra?”, creo que es la curiosidad humana, que el otro nos cuente cosas que nos ayuden a vivir, ese es todo el secreto del periodismo. Intentar saber todo lo que pasa —nunca lo lograremos— pero intentar saberlo nos ayuda a entender nuestra propia realidad.

ÓA. ¿Existe César Aira o es una polifonía universal?
MM. Sí existe. Es un hombre muy complejo y parece ser que al mismo tiempo muy cálido. Yo no lo conozco personalmente. Pero existe y es uno de los grandes de la literatura argentina. Muy prolífico y además muy provocador. Él dice que es más fácil escribir bien que escribir mal, que el escritor siempre se debe de poner como objetivo escribir un libro malo, muy malo alguna vez en su vida, y él lo ha hecho porque tiene libros que son infumables, con esto que tiene que publica tanto.
Me gustaría tener el tiempo de meterme en la obra de César Aira por completo, tiene muchos libros.

ÓA. ¿Será campeón Argentina en 2014?
MM. A mí me pone muy nerviosa. No sé cuándo va a salir tu libro pero es una pregunta muy tramposa. Es algo que me pone muy nerviosa al pensarlo. Todo lo que no soy en mi vida personal, con la selección soy tremendamente supersticiosa. Si me pongo a hablar de la selección ahora: “que no va a ganar”, es la gente la que dice que va a ganar. Todo mundo dice que va a ganar: Villoro, Trino, la gente que he entrevistado me dice que este es el año nuestro. Yo no podría pensarlo nunca, nunca podría dormirme pensando en algo semejante.

Cuando uno vive tantos años como yo, terminas siendo muy cauteloso con lo que sueñas. Todavía sigo soñando que me voy a ganar la lotería, juego todas las semanas con un billetito pensando que voy a ganar dinero, que voy a hacer revistas, que voy a hacer una editorial y libros y que le voy a dar trabajo a muchos compañeros, pero fuera de ese sueño personal no me animo a soñar las cosas que realmente deseo.

ÓA. ¿Te mueve que no vaya Tévez?
MM. Me mueve que el entrenador sea más pequeño que la importancia de la selección. Pero nosotros con un entrenador pequeño, mezquino, muy mediocre ganamos el mundial de México. Así que hay muchos indicios. Tuvimos en el banco a gente muy importante como Maradona, que a mí me hubiera gustado que siguiera al frente del seleccionado, y no llegamos a nada. Entonces probablemente con este tipo, que parece un oficinista, que es muy mediocre, y que tiene a los mejores jugadores del mundo sin duda —porque no es sólo Messi— hoy estaba leyendo a los 30 convocados y el equipo es impresionante. Este tipo oscuro, gris, que no tiene la personalidad suficiente.

Pero fíjate que Menotti no puso a Maradona cuando fueron al mundial juvenil de Japón, siempre habrá alguien que te va a cortar el vuelo, pero tú sigues soñando y volando. Es complicado porque los mundiales son cada 4 años, pobre Tévez es difícil que llegue al otro. Pero ha pasado muchísimo: me acuerdo del entrenador de Francia que no llamó un jugador que era escorpiano porque él creía en la astrología.

ÓA. Si se pudiese dar una clave para que México pudiese llegar a ser campeón del mundo, ¿cuál sería?
MM. México es el país que más conozco después de Argentina, y es el país que más quiere el futbol y que más cosas en contra del futbol hace. Y ya no digo de la corrupción porque la corrupción prácticamente la inventó Argentina con Grondona y toda su mafia, entonces decir que México es corrupto a nivel futbolístico viniendo de Argentina suena un poco absurdo. Es un país raro porque no hay campos de juego, no hay incentivos para que los chicos jueguen, la corrupción del futbol es distinta a la de Argentina en el sentido de que es muy difícil jugar. Esto me lo contaba Villoro la semana pasada que lo entrevisté. Le decía “no te voy a decir yo de corrupción en Argentina, pero no me digas que en México la corrupción es muy distinta; es otra corrupción”. Me contó que los chicos de los Pumas tenían que poner 25 o 30 mil pesos en el equipo. Entonces es muy raro porque vos decís “¿cuántos cracks, cuántos Maradonas habrá en los campos de Mexicali, de Chiapas?” ¡En donde quieras! Porque los del norte tienen físico y los del sur, gambeta, ¿cuántos habrá? Como para desarrollar y desarrollar el futbol. ¿Quién tiene la intención y la voluntad? Nadie.
El futbol es el gran negocio de la gente que tiene muchísimo dinero. Slim es el dueño de los dos equipos que jugaron la final ayer. Azcárraga es dueño de la otra mitad del torneo. Como muchas de las cosas que pasan en México, el futbol —el que nosotros conocemos como futbol— no lo es. Es un asunto de gente rica que juega entre ella, que cada tanto dejan entrar a algún negrito de las pampas pero después se dedican a pagarles carradas de dinero a los argentinos, brasileños, chilenos, es el torno que más dinero paga a los extranjeros. No estoy diciendo nada de los extranjeros y los nacionales porque el futbol de alta competición mexicana le debe muchísimo a los extranjeros. Matosas ganó el bicampeonato —que no sé si es uruguayo o argentino porque leí en una nota que decía “el uruguayo oriundo de Buenos Aires”, supongo que es de Montevideo tan guapo Matosas—.

La pasión futbolera, la pasión por jugar es algo que no está llegando a los altos estamentos. Me llama mucho la atención porque el periodismo de deportes es muy mediocre en México; muchos periodistas, me refiero a los que cuentan: los que la gente lee o escucha como el impresentable Antonio de Valdez, equiparan la experiencia del futbol con la de las luchas americanas, con la del beisbol, con la del futbol americano, como si fuera todo lo mismo. Y para que el futbol se desarrolle primero debes darle su lugar de jerarquía. Es uno de los deportes más populares del mundo, es uno de los deportes más lindos del mundo, y en México es mayoría. La afición mexicana es pambolera. Habrá lugares en el norte, en Ciudad Juárez que juegan al beisbol —que es una cosa que yo detesto porque para mí no es un deporte, mucho menos el futbol americano— pero a nivel de difusión, de jerarquía pareciera ser que es todo lo mismo, y no es todo lo mismo.

Y después no faltan los que se quejan, que siempre el futbol, que esto o lo otro. Y mientras tanto hay un montón de chicos queriendo jugar pero que no pueden jugar al futbol. Eso también lo hablaba con Villoro, él me decía “lo que pasa es que nosotros tenemos la experiencia de la derrota y hemos aprendido…” y yo le decía, sí, pero a diferencia de Camerún o a diferencia de cualquier otro equipo chico que va al mundial sin ninguna expectativa, con México uno tiene expectativa. ¿Por qué las tiene? Porque tú sabes que hay madera, porque puede vivir la experiencia española y llegar al mundial. Si no, no tendríamos esa expectativa. Tú sabes que va Camerún y no lo va a ganar. Pero así como se metió España, algún día tiene que meterse México. Pero tienen que morirse todos los dirigentes que hay, tienen que cambiar totalmente, tiene que venir un visionario. Se la pasan contratando entrenadores, para mí lo que deben contratar son dirigentes. Mientras los equipos sean sociedades empresariales llenas de dinero, el futbol no se va a desarrollar.

ÓA. Por las redes sociales me enteré que estás viendo 24, también que estuviste viendo Breaking Bad, ¿la televisión y la literatura pueden tener una sana convivencia, o una remplaza a la otra?
MM. No sé qué decirte, yo disfruto mucho todo: me gusta la música, la literatura, el cine. El libro a veces te da más flojera por cosas tontas, por ejemplo ahora se me rompió la lámpara entonces no tengo una lámpara movible y me cuesta más ver, es más fácil encender la televisión con el control, pero conforme va pasando el tiempo tengo menos paciencia para ver televisión. El libro siempre te propone una aventura distinta y la televisión siempre te propone una aventura igual. Lo bueno de las series es como meterte en un libro de cuentos en donde sabes que empieza el episodio y termina en ese momento, pero yo ni siquiera veo televisión, pongo la computadora y ahí lo veo. Tengo Sky, el sistema más caro, el que tiene los 480 canales y ayer vi el partido River-Quilmes por la computadora porque Sky no lo pasaba.

Lo que sí me parece es que la televisión va a cambiar como va a cambiar la literatura, en el sentido de que vamos a necesitar una televisión propia, un sistema de canales propio, ya no tenemos la paciencia que teníamos antes para absorber. Ese es el gran desafío. Lo que hace Netflix. Yo veo House of Cards y la veo en 3 días. Eso es lo interesante porque nos obliga a darle a la televisión el tiempo justo. Muchas veces perdemos más el tiempo buscando qué ver, que viendo lo que nos interesa. La televisión por cable nos traicionó, vos sos más chico, pero empezó la televisión por cable, la promesa era que no habría publicidad. Entonces tú ves ahora un programa en alguno de los canales de cable y resulta que un programa que es originalmente de media hora, como en Biography, y te lo hacen de una hora: te pasan 5 minutos y 10 de publicidad. ¿En qué momento piensan que una persona tiene el tiempo para regalarlo a la publicidad? Que además se repite y se repite. Eso me resulta muy curioso porque en realidad está alejando a la gente de la experiencia televisiva.

Vivimos en un mundo en el que la televisión ocupa un espacio distinto, no es que la veamos, sino es que tiene que estar, como una presencia. Ahora que acabo de estar en la casa de mis hermanos en Argentina, mi hermano el más chico tiene cuatro niños, llega y la televisión está encendida, comen y ¡nadie la ve! Pero está encendida. Te acompaña.

Una vez ocurrió una experiencia en un pueblito en donde apagaron los televisores por dos horas, un pueblito de Alemania, y fue desastroso, porque ocurrieron peleas porque la televisión ocupa otro lugar que no es el de ver. Así que yo no pienso que la televisión remplace a la literatura. Remplaza a otras cosas pero no a la literatura.

ÓA. ¿Existe realmente Andrés Calamaro? ¿En dónde vive?
MM. Sí, claro que existe. Vive en Buenos Aires, según creo. Es uno de nuestro grandes cantautores, es un hombre difícil y distinto. Muy argentino, profundamente argentino. Y ser profundamente argentino muchas veces equivale a tener muchas cosas horrorosas, odiosas. En un país que es tan individualista, en donde cultivamos tanto el sentido de la personalidad, él es una de las grandes figuras del país.

ÓA. ¿Qué es el amor?
MM. No sé. He estado pensando mucho en eso. Creo que el amor es algo que no te das cuenta cuando te pasa, pero incluso con las personas que más querés como tu madre, hermanos, tus sobrinos. Estoy pensando mucho en esto porque estoy viendo qué voy a hacer con mi vida: me está yendo muy bien en México, vivo bien acá pero mis hermanos y mi familia están allá, entonces ya llegó un momento en el que profesionalmente ya publiqué varios libros y no sé si podría vivir otros 14 años sin la posibilidad de ir un domingo a la casa de mi sobrina. Claro, a lo mejor estoy allá y tengo tantas comidas y tantos compromisos familiares que les prendo una bomba…

Me da la sensación de que el amor es algo que cuando lo tienes cerca no lo puedes percibir ni valorar en ese contexto. Me maravilla mucho la gente que tiene esa claridad, que yo nunca he tenido. Soy la típica que se le murió la madre y se dio cuenta cuánto la amaba, y que nunca fui a verla mientras estuve acá, a eso me refiero. Algo que anhelamos pero que no lo valoramos. Mi hermana a la que más quiero está en Barcelona… No sé si te pasa pero me encuentro con mucha gente que tiene muy claras sus prioridades que dice “voy a hacer tal cosa porque mi hijo vive acá…” Yo no lo haría nunca, y claro es porque el amor implica un sacrificio que yo no estoy dispuesta a hacer. Pero cuando van pasando los años dices “yo no puedo vivir sin amor”, están mis hermanos, mis sobrinos. Es una gran contradicción.
Siempre he amado, más que a nada, a la libertad. Todo lo que he podido hacer en mi vida ha sido porque hubo momentos en los que me he plantado al oído: “soy yo, yo y yo”. He sido el centro de mi mundo, para bien y para mal. El egoísmo está mal visto. Las parejas hacen ese reclamo: “eres un egoísta, nunca conocí a alguien tan egoísta” y sí, probablemente, parece ser que el egoísmo no se lleva bien con el amor.

ÓA. ¿Quién es Mónica Maristain?
MM. Yo soy una persona muy común, muy normal, que le ha tocado vivir situaciones extraordinarias y salir adelante. Eso es un poco lo que resume mi historia de vida. He podido responder, con cierta eficacia, situaciones distintas, difíciles. Me separé, después de muchos años de estar casada, me vine a México con una mano atrás y otra adelante y hace 14 años que estoy aquí, trabajo, voy vengo.

Vengo de una familia muy humilde, cuando quise estudiar me metí en la universidad. Siempre me he manejado con mucha libertad e independencia pero en circunstancias extraordinarias, y supongo que resume mi vida. Me gusta mucho hablar de esas situaciones extraordinarias porque cuando las escucho en otras personas también me da mucha pila. Creo que también es importante poder decirlo, no con esta cosa tan religiosa “tú puedes”. En realidad la vida se resume en lo que tú puedes hacer cuando las cosas se ponen difíciles, y siempre se ponen difíciles. El tema es apechugarle y seguir adelante. Ahora mismo no sé qué va a pasar porque siento que una parte de mí está queriendo volver, quiero cerrar. Hoy me metí en internet para ver cuánto me costaría una casa allá, cómo viviría. Me pongo a pensar qué cosas me llevaría y es un pensamiento nuevo que no aparecía el año pasado.

Empieza a aparecer una circunstancia extraordinaria, y es una tontería lo que voy a decir, pero cuando no haya una sola circunstancia extraordinaria ¡ya está!, voy a estar en un asilo leyendo o volviendo a ver Breaking Bad, con un ipad —porque la tecnología es uno de mis vicios—. Siempre estoy pensando qué cambiar. Qué circunstancia nueva va a aparecer, y reacciono mucho frente a la dificultad. Siempre estoy metiéndome en problemas para poder salir de ellos: es un modo de vivir.

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