Reseña de New Bermuda de Deafheaven

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Daniel Ahmed

Desde sus inicio, Deafheaven se vio envuelto en la controversia del “¿son o no son?”. Si son una banda de screamo con influencias de black metal —lo cual les quita toda la credibilidad ante los ojos de los purista del black—, si son una banda de black metal que incorpora influencias de hardcore y shoegaze en sus composiciones y un largo etcétera. En pocas palabras, y a mi entender, la discusión sobre la banda siempre ha sido sobre la forma y no el fondo, los cómo y no los qué.

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La mejor posición que se pude adoptar, a la hora de escucharlos, es olvidar estas disputas. Olvidar que algunas publicaciones los etiquetaron como los “salvadores del black metal estadounidense”, género que goza de buena salud y decenas de exponentes que tratan de difuminar los límites de lo que es posible y aceptado dentro del género; olvidar si Pitchfork le puso 10 a su disco y olvidar si a tu amigo metalero le parecen una banda de posers.

Después de quitar esa envoltura de juicios adelantados, ¿qué nos queda?

Deafheaven es una banda de San Francisco, California. Si nos viéramos obligados a ponerle etiquetas, la que más le acomoda es metal extremo, en toda la amplitud de la definición. Tienen momentos de enorme intensidad, con capa sobre capa de guitarras saturadas en distorsión y eco, un baterista que pasa de tocar blast beats y remates hiperactivos a pasajes más lentos sin siquiera pestañear y un desempeño vocal que sólo tiene una velocidad: gritos todo el tiempo.

A esto hay que añadirle el afán que la banda tiene por incorporar elementos melódicos en sus composiciones, ya sea en forma de melodías sobre las secciones más rápidas y agresivas, o pequeños interludios más tranquilos, con pianos, guitarras acústicas, sintentizadores y algunos samples.

Hasta ahora, la fórmula no parece demasiado innovadora. Bandas como Alcest, Agalloch, Les Discrets o Lantlôs, en el frente del black metal, llevan años haciendo esto. Por el lado del post rock/post hardcore/post metal, Mono, Envy, Isis, Mogwai y demás bandas, también han experimentado con la idea de contraponer sonidos brutales con interludios melódicos, casi ambientales.

Si acaso, la única diferencia entre Deafheaven y las bandas que acabamos de mencionar, es que, por alguna razón, su música resulta más accesible. Han llegado a hacer ruido en medios que, regularmente, despreciarían a todas esas otras bandas. Tal es el caso del fesival Corona que, en su edición 2014, los incluyó en el cartel.

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Asumo que esto se debe al hype que rodeó el lanzamiento del anterior disco de la banda, Sunbather. Pero, más allá, del hype, no encuentro razones suficientes para la aceptación masiva —en términos de metal extremo o música underground— que ha tenido la banda.

En su más reciente disco, New Bermuda, Deafheaven hace poco para estar a la altura del hype y las etiquetas que mucha gente les ha querido colgar. New Bermuda es, a primera vista, una versión reducida en carbohidratos de Sunbather. La banda hizo un esfuerzo por recortar los interludios inncesarios y tratar de incorporarlos de manera orgánica a la estructura de las canciones.

Además, las composiciones de este material ponen a los riffs de guitarra al frente de la avanzada. Riffs que no estarían fuera de lugar en un disco de Slayer aparecen en varias instancias del disco. A esto hay que sumar un gran trabajo en la batería por parte de Daniel Tracy, quien desde Sunbather ha llevado a la banda a nuevas alturas, gracias a sus energéticas y casi animales ejecuciones.

En estos respectos, New Bermuda es un disco que logra refinar la fórmula de Deafheaven de manera exitosa. Entrega cinco tracks en menos de 50 minutos, que se unen en una continuidad que guarda mayor similitud con las partes de una suite que con un álbum de rock o metal tradicional.

Sin emabrgo, estas primeras impresiones se van desdibujando con el paso de las reproducciones. El primer gran problema que aqueja a New Bermuda es el uso de riffs y pasajes genéricos. Cuando lo piensas bien, que tu banda tenga riffs que suenan a Slayer, una banda que tiene más de 30 años sonando más o menos igual, no es lo más original del mundo.

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Después de estos, vienen los solos que abusan del wah-wah (un efecto que se agrega a las guitarras y pretende emular el sonido de una trompeta con sordina o la voz humana, dependiendo a quién le preguntes; aunque seguro los ubican mejor como el efecto de “guitarras de película porno”).

Estos solos no se sienten fuera de lugar. Simplemente, al escuchar a Kerry McCoy, guitarrista de la banda, pasar lista a las escalas musicales que aprende cualquier novato en su segunda clase, sientes que pudieron haber hecho un mejor trabajo, ya sea en la ejecución o en lo creativo.

De igual manera, los pasajes tranquilos suenan derivativos, como variaciones de un tema que ya escuchamos en Sunbather.

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En esta línea, la que trata de expandir lo creado en Sunbather, la canción mejor lograda es “Gifts for the Earth”. Comienza con un intro que recuerda a sonidos del post punk inglés, conjugados con los gritos apagados de George Clarke. De ahí, viene la esperada explosión, en la que la banda demuestra que poseen una química buena para lograr estos crescendos. Y, a pesar de todo esto, este track es uno de los más flojos del disco.

Entonces, ¿por qué escuchar New Bermuda? 

Si buscas un disco competente, bien hecho y que tenga un balance entre la agresión y lo accesible, definitivamente puedes disfrutar de New Bermuda. Si, por otro lado, estás buscando escuchar a qué suena el black metal en el 2015, conviene más fijarse en Mgła, Misþyrming o Leviathan.

Bonus: Si sólo quieres parecer conocedor, dile a tus amigos que tu banda de black metal es Ghosth Bath y que odias a Liturgy.

*

Daniel Ahmed tiene barba desde los 15 años y está obsesionado con su last.fm. Fuma mucho porque le va a los Raiders y en Twitter le dicen @arrrghmed

Programa radiofónico. De lunes a viernes de 10:30am a 12:00pm por 96.9 fm Radio BUAP. Va de música contra la lasitud.

1 Comment

  • Responder diciembre 10, 2015

    luis

    Pedazo de disco mono culiao

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