¿Qué compramos cuando compramos información?

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¿Qué es aquello que esperamos obtener cuando compramos un libro? ¿Información, conocimiento, sabiduría? En el sentido estricto de la palabra y de la manera más llana posible para decirlo, no compramos otra cosa que no sean hojas impresas y empastadas que pretenden por medio de sus contenidos dar a conocer las perspectivas de sus autores.

En la teoría del derecho de autor encontramos que es necesario separar el contenido de una obra intelectual de su soporte material. De manera específica se hace referencia al corpus mysticum y al corpus mechanicum. El mysticum sería la expresión del autor quien por medio de la técnica de la escritura nos da a conocer sus ideas. El mechanicum sería el medio físico o digital que utilizamos para disfrutar de la obra en un momento distinto a aquel en el que se redactó.

Así que el comprador de libros en una biblioteca al igual que cualquier otra persona compra soportes materiales, no contenidos. Las expresiones literarias, artísticas y científicas siguen siendo propiedad de su autor desde el momento en que plasma sus ideas, hasta el momento de su muerte y aún después de ella.

Al comprar un libro estamos en la posibilidad de hacer con él todo lo que podríamos hacer con cualquier objeto material de nuestra propiedad, por principio leerlo, pero también subrayarlo, ponerle etiquetitas o separadores de hojas, hasta colocarlo en un estante o inclusive revenderlo. Pero, ¿podríamos escanearlo? La respuesta es no, la propiedad del soporte no nos da derecho de hacer cosas que solamente el autor o su editor podrían hacer. Eso incluiría leerlo en voz alta en una estación de radio comercial, fotocopiarlo de manera considerable con o sin fines de lucro, traducirlo para fines no académicos y un largo etcétera.

Vemos entonces que la compra de libros no es sinónimo de la compra de contenidos, sino de medios para disfrutarlos. El libro está destinado a ser un bien para el acceso a las ideas, donde el lector pueda recrearse no sólo a nivel de las artes, sino también de las ciencias.

¿Qué pasa con los libros digitales o electrónicos? La respuesta es prácticamente la misma, la pantalla del dispositivo desde la que podemos leer el libro no es otra cosa que el soporte material, tal como si fuera una hoja impresa. La propiedad del archivo electrónico que alberga el documento no escrito por nosotros no nos da la facultad de colgarlo en las redes sociales. Vemos entonces que las reglas en el mundo digital no son tan ajenas en el mundo digital como a veces creemos.

En las bibliotecas tenemos enormes colecciones de soportes materiales y digitales que te están esperando para que las disfrutes y te recreas con ellas, claro, te pedimos que preveas que al ser bienes de todos, es necesario que entre todos los cuidemos para permitir que otros lectores también los disfruten.

*Ricardo Villegas Tovar
Jefe de Servicios Especializados de Información
Dirección General de Bibliotecas / Benemérita Universidad Autónoma de Puebla

Estación de radio de @BUAPoficial

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