Palabras prohibidas en los títulos

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Foto: Makunin

*Ricardo Villegas Tovar

Uno de los retos que cualquier autor tiene se da en el momento en que debe titular su obra. ¿Debo definir el título antes de empezar a escribirla o lo debo dejar para el último momento? ¿Cuántas palabras debe tener el título? ¿Puedo poner palabras en otros idiomas? Parecieran preguntas simples, pero en la práctica no lo son tanto. Por ejemplo, me he encontrado muchas tesis con títulos de hasta 50 palabras y ahí el que se hace la pregunta soy yo: ¿Esto era el título o el resumen de la tesis?

Tampoco conozco estilos de redacción que definan con precisión el número de palabras que deben incluirse en los títulos, pero sí sé que los titulares de un periódico deben ser escasos en el número de palabras y contundentes como para llamar la atención del público. En el medio académico he escuchado que doce palabras, incluyendo artículos, son suficientes.

Lo cierto es que los títulos son todo un tema, por ejemplo, es común encontrar títulos de libros idénticos que han sido escritos por autores diferentes, como sucede con frecuencia con los libros de auto-superación; pero donde nunca deberán repetirse los títulos es en el caso de las revistas.

Cuando llevamos estos cuestionamientos al nivel de las ciencias nada podría ser más terrible que encontrar un trabajo escrito con antelación al tuyo con el mismo título. Eso sería sinónimo que alguien no sólo se ha ocupado de tu mismo tema, sino que lo ha desarrollado y publicado.

Los editores de revistas científicas y en particular los revisores de los artículos son muy analíticos de cada una de las partes de un artículo y entre los puntos sobre los que ponen la lupa es en el título. Ellos identifican que el título, más que ser una herramienta de identificación del trabajo, es una de marketing. Cualquier autor desea que su documento sea leído y va buscar por medio del título llamar la atención, y sino es así, recordemos los titulares de cualquier periódico amarillista…

Por tanto, el editor va a ser muy incisivo al evaluar un artículo y buscará que el título realmente refleje el contenido, más aún, el autor tiene a su disposición otras herramientas para ayudar a su autor a ubicar interés en su trabajo, por ejemplo, el abstract o las palabras clave.

Entre tantas cuestiones los editores con cierta frecuencia aplican reglas para excluir automáticamente de lo publicable aquellos artículos que contienen “ciertas palabras” y una de ellas es la palabra “innovación”. Si un editor recibe un artículo con el título “Proceso innovador para hervir el agua” además de soltarse tremenda carcajada dirá que no procede su publicación, pues si es tan innovador, ¿para qué publicarlo si podría patentarlo? En efecto, un documento científico pretende reportar un hallazgo, ayudarnos a definir el estado de la técnica, pero el descubrimiento replicable a nivel industrial es tema de las patentes y de ahí que el uso de esta palabra sea razón suficiente para solicitar al autor modifique su redacción.

Así que la próxima vez que tengamos que escribir un título, seguramente valoraremos muchas cosas, ¿cierto?

*Ricardo Villegas Tovar
Jefe de Servicios Especializados de Información
Dirección General de Bibliotecas / Benemérita Universidad Autónoma de Puebla

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