Discos sucios: la buena onda de Los Aragón

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Carlos Horcasitas

Fuera de las cualidades casi míticas que se blanden a diestra y siniestra sobre los discos de vinilo, una de las cosas que más me atraen de cazarlos entre cajas llenas de polvo y humedad (y tal vez caca de ratón, cuando bien te va), es la sensación de redescubrir una mar de sonidos, ritmos y artistas que no lograron llegar a las costas hipertecnificadas en tiempos del streaming y la inmediatez del internet.

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Esos sonidos, que ya no eran redituables para remasterizarse y reimprimirse en un brillante CD, no cruzaron la brecha y ahora muchos sólo pueden ser escuchados en un vinilo, en el mejor de los casos, o en una cinta maestra. La brecha digital nos los arrebató de los oídos, pero permanecen medio adormilados en el inconsciente colectivo, y sueñan en girar y ser bailados otra vez.

Dicho lo anterior, tengo que decirles que la banda y el disco sobre los que van a leer ahora no vienen exactamente al caso. ¿Por qué? Puedes encontrar prácticamente todas sus canciones en Spotify (lo odio pero ya le hice el comercial).

Los Aragón es el nombre de la banda yucateca que se forma a finales de la década de 1950 y que permanecería activa, con sus numerosas variaciones, hasta 1979. Su haber discográfico es enorme, con más de 30 LP, 17 de ellos grabados entre 1960 y 1970, en los que recorrieron un largo camino desde el surf y el rock, hasta llegar a ser llamados pioneros de “la onda grupera”.

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Era una banda con una tremenda chispa creativa y logró crear un sonido inigualable que podía escucharse inmutable lo mismo en el frenesí de percusiones de un mambo como Cuello De Tortuga, que en un requinto de surf rebosante de líbido y languidez como el de Hava Naguila. O incluso en el himno boogaloo/soul latino, que curiosamente llamarían Sol Latino.

Desde su primer LP estos siete jóvenes yucatecos pondrían un alto estándar en cuanto a creatividad musical y ejecución instrumental se refiere. Con temas como Zoológico Negro y Sax Flamenco le demostraban a los chavos gruvis que la música tropical también estaba en onda.

Para finales de 1960 la euforia por los sonidos orquestrales de Perez Prado y Pablo Beltrán Ruiz se difuminaba, pero los fabulosos Aragón aparecen entonces como la vanguardia de los pequeños grupos musicales que desplazaban a estas orquestas de las presentaciones en vivo. En 1969 editan con Musart el disco Los Aragón Vol. 17 La nueva onda de los Aragón.

Como casi todos los LP de la banda, este es relativamente fácil encontrar en una cacería de discos y muy probablemente por un precio moderado; pero el precio no ha de distraernos de la calidad musical de estos meridanos.

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La nueva onda comienza con el estándar de jazz “Mercy Mercy Mercy” de Joe Zawinul hecho a la Aragón: congas, lengüetazos de guitarra eléctrica y el coqueteo (siempre presente) con la “música tropical”. Es justo este coqueteo, mezclado con los prejuicios de la sociedad snobista mexicana de la época, quien desestimaba a la banda por que la consideraban como “música de barrio”.

Nada más lejos de la realidad. La vanguardia de la nueva onda de los Aragón va mucho más allá, trasgrediendo géneros y épocas. Su talento subía a borbotones, como las burbujas de un refresco.

El tema “Paprika, caviar y vodka” es fiel testigo: una adaptación de la canción popular rusa de Dimitri Dourakine, autor del Casatchok. La guitarra rasga el contratiempo mientras las teclas del órgano y el saxo de Ruy Medina la acompañan y te llevan al punto de querer brincar alrededor del cuarto, vodka en mano como un buen cosaco.

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El atrevimiento de la banda no conoce fronteras y se aventuran a grabar un cover del tema soul/funk “Cissy Strut” de The Meters. Las variantes son mínimas, pero el resultado es sorprendente. Con el sólo hecho de tocar su versión ligeramente más rápida (Fernando Calderón coloca unos breaks muy serios en la batería), le imprimen fuerza al groove original y lo colocan inmediatamente en los reinos del funk latino.

Alguna vez, el amigo de un amigo, comentando sobre la banda le dijo: “lo que sea que encuentres de ellos, lo que sea, cómpralo”. Yo les hago exactamente la misma recomendación.

La influencia del soul en la banda es innegable. En el tema “¿Qué se necesita para lograr tu amor?”, versión instrumental del clásico de Jr. Walker, encuentro la veta del soul que desarrollarán años después. Lo que más me sorprende de su versión, es cómo con sólo agregar el pequeño arreglo de un coro de chicas al estilo “crooner” y un cencerro hacen completamente suya la canción.

La sabiduría suena a simpleza. Estos eran unos genios.

Los Aragón podían tocar jazz, soul y funk sin problema alguno. Pero sus raíces sureñas nunca los traicionaron y deleitaban a su público con cha cha cha, mambo y cumbia con la misma sagacidad. la banda estaba fuertemente influenciada por los sonidos afrolatinos que surgían desde el sur del continente en Perú, Colombia, Panamá y Brasil.

“Tano el veracruzano” es una cumbia subida de tempo que escurre psicodelia (con o sin intención), y deja a su paso un ambiente de obscuro deseo que sólo conoce sosiego a través de la proximidad del baile. “África caliente”, cover del combo panameño The Beachers, deviene una descarga de teclas a cargo de José Solis que la rompe los casi 3 minutos que dura la canción.

¿Qué es lo que lleva, a mi parecer, a Los Aragón a un sitio tan destacado en la música mexicana? La respuesta es sencilla: ellos encontraron la forma de expresar su sentir con la fuerza y la frescura de su juventud. Encontraron la forma más honesta de comunicarse con su público, haciendo un arte comprensible para todos, sin posturas dramáticas ni esnobistas. Su música es llana y transparente.

Ellos fueron el crisol definitivo que fundió las nuevas tendencias de la música juvenil con la música tropical. Esa fusión, o la buena onda de los Aragón, es la chispa de la hoguera que este pequeño artículo intenta mantener viva.

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Carlos Horcasitas es antropólogo, cazador de discos y fauna local cholulteca; forma parte de La República Del Sabor. Lo encuentras en twitter como @carloshorksitas

Programa radiofónico. De lunes a viernes de 10:30am a 12:00pm por 96.9 fm Radio BUAP. Va de música contra la lasitud.

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