Beethoven, una sinfonía sin final

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Hoy se cumplen 194 años del fallecimiento de uno de los más grandes compositores influyentes del siglo XVIII y XIX, Ludwig Van Beethoven, creador de nueve sinfonías, la opera Fidelio, treinta y dos sonatas para piano, cinco conciertos para piano y orquesta y un sinfín de composiciones de cámara, pero también marcada por terribles enfermedades como la sordera, hecho que llevaría a demostrar con mayor firmeza su don por la música, siendo compositor, director de orquesta, pianista y profesor de piano.

Nació en Bonn, Alemania el 16 de diciembre de 1770, tuvo una infancia dedicada a la música por la influencia de su padre Johann Van Beethoven, quien consideraba que su hijo debía ser un nuevo prodigio como Mozart. Hecho que no tardaría mucho tiempo en demostrarse, ya que, con tan solo 7 años ofreció su primer concierto público en la Colonia, para la edad de 11 años estrenaría su primera composición “Nueve variaciones sobre una marcha de Ernst Christoph Dressler”. En 1795 realizó su primer concierto en Viena como compositor, posterior a ello, realizo una gira en Europa.

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Para 1800 y con 30 años de edad su genialidad iba en aumento, estrenando su primera sinfonía en un recital de Viena, todo esto tendría a un giro que empezaría a cambiar la forma de escuchar el mundo musical y dando inicio a una nueva etapa. En octubre de 1802 Beethoven escribiría a sus hermanos el Testamento de Heiligenstadt, donde explicada su pérdida paulatina de audición, uno de sus mayores miedos. Hecho que no lo detendría ante su amor por la música.

Dentro de sus exitosas obras podemos destacar la Novena Sinfonía, que se estrenó el 7 de mayo de 1824, la cual consta de cuatro movimientos, destacando el ultimo por la incorporación del poema “Ode an due Freude” (Oda a la Alegría) de Friedrich Schiller y  la presentación del coro por primera vez, dando origen a un nuevo género la “Sinfonía coral”, dando como resultado un cantico de expresión de igualdad, fraternidad y libertad.

Beethoven muere en Viena el 26 de marzo de 1827 por problemas de salud, años más tarde la partitura de esta obra fue reconocida  y declarada por la UNESCO como Patrimonio de la humanidad. Sin duda alguna, en la actualidad sigue siendo una fuente de inspiración para músicos, compositores, poetas y escritos.

 

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