Los Detectives Salvajes (o cómo conocí a Roberto Bolaño)

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He estado releyendo Los detectives salvajes. Y entretanto, he recordado el día en que leí por primera vez a Roberto Bolaño. No sé qué estaba pensando. Su nombre me sonaba de oídas. Tal vez alguien lo había sacado a colación durante una tertulia literaria en la universidad. O tal vez, solo tal vez, alguien me había hablado de él estando borracho, y yo no había prestado demasiada atención. En casos así, lo mejor es callar y asentir. Callar y asentir. Aunque al siguiente día no recordemos en absoluto habernos comprometido con algo.

Pero volvamos.

Estaba en la biblioteca universitaria, y devolvía los libros prestados. Ejemplares de Murakami, Vargas Llosa, Xavier Velasco, y solo uno de Teoría del Comercio Internacional, de Ricardo Torres Gaytán. A ratos, el ruido de afuera lograba colarse por las puertas eléctricas del edificio, y disolvía así la atmósfera apacible y sosegada con que las libreras atendían a los chicos. Se alebrestaban, y acto seguido hacían avanzar las filas más rápido de lo normal. Pronto el área de recepción quedó casi vacía, y solamente un chico, medio bajo-medio gordo, con la mochila terciada a la espalda y la vista extraviada en algún punto de la pared, esperaba su turno para pasar.

BIBLIOTECA CENTRAL UNIVERSITARIA BENEMÉRITA UNIVERSIDAD AUTÓNOMA ...

Ese chico era yo.

“Todos los libros del mundo están esperando a que los lea», recuerdo haber leído nada más al pasar mis ojos en las primeras páginas. Y ahora, que vuelvo a leer esta frase mientras la escribo, recuerdo también haberme quedado mudo, sobrecogido, como si esa frase contuviera en su interior un monstruo que me estuviera a punto de devorar”.

Yo había ido a la biblioteca a devolver los libros; la librera me hizo pasar. Pagué la multa correspondiente por los numerosos días de atraso. Cosa de 58 pesos con sesenta centavos. La librera puso en mis manos el ticket de pago. Sus anteojos parecían dos espejos contrastados por la luz artificial. Y fue entonces que lo vi. Estaba al fondo de la recepción, descansando sobre un mueble de oficina, con la cara vuelta hacia el cielorraso, y parecía brillar. Todos los libros del mundo están esperando a que los lea. No cabía duda, Los detectives salvajes me estaba esperando.

*

Ese día, esa semana, ese mes, no recuerdo otra cosa que la sombra de Roberto Bolaño siguiéndome a todas partes. Mientras leía su libro, buscaba en Internet su biografía, me chutaba de tanto en tanto alguno de sus cuentos, lo escuchaba hablar en sus intrincadas entrevistas. Un hombre que se iba por las ramas. Un buen boxeador que sabe que golpear al costado es la mejor manera de derribar al enemigo.

El chileno Roberto Bolaño cumple 15 años de muerto; lo recordamos ...

*

Se publicó en 1998. Los detectives salvajes ganaron el Premio Herralde de Novela, y al año siguiente Roberto Bolaño se hizo del Rómulo Gallegos. La historia de dos jóvenes poetas latinoamericanos, Arturo Belano y Ulises Lima, que se lanzan en busca de una escritora desaparecida, Cesárea Tinajero, es el inicio de un viaje que sigue deslumbrando a propios y extraños. Ambientada en el México D.F. de los años 70´s, su vigencia y su frescura es la prueba fehaciente de que, como dijo Jonathan Lethem, la Literatura lo puede todo. Sí, con mayúsculas.

Roberto Bolaño murió en el 2003, a los 53 años, a causa de una insuficiencia hepática. No era chileno, ni mexicano, ni español. Su patria era, en todo caso, el castellano, y caminaba sobre de él como quien atraviesa un bosque a hurtadillas. Nicanor Parra dijo alguna vez ‘le debemos un hígado a Bolaño’. Yo creo que le debemos mucho más. Y mientras observo infatigablemente que hay detrás de la ventana, repito para mis adentros lo que dijo al final de su discurso, en Caracas: me siento como pinocho.

 

Para leer Los Detectives Salvajes: aquí

Para leer el discurso de Roberto Bolaño en Caracas (Discurso de Caracas): aquí

Los detectives salvajes - Bolaño, Roberto - 978-84-339-6663-6 ...

 

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