El Patíbulo: Profesor, ¿puedo ir al baño?

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Que yo recuerde, siempre fui un pésimo estudiante. Incapaz de entregar una sola tarea, que no fuera copiada media hora antes de la clase, no sé si hubo materia alguna de la que no me escapara a espaldas del profesor. Tal vez sí. Por mucho que hubiera días, o clases de las que quisiera huir, no siempre había oportunidad de cometer el delito.

En cualquier caso, es obvio decir que escaparse ya no resulta tan divertido, y siendo sinceros hasta es algo absurdo. Por mucho que ahora el método sea más efectivo, y por tanto menos riesgoso, nada hay allá afuera que nos incite a zafarnos del Zoom —esa extraña plataforma de la que, hasta hace poco, nada sabíamos; pero que, gracias a la pandemia, se popularizó (todo hay que decirlo, todavía no nos parece normal), como la falta de cerveza o el uso de cubrebocas o el distanciamiento social—, aún cuando escaparse no sea mucho más difícil, ni menos complicado, que resolverlo con apagar el ordenador. «Clic, off».

¿O no es cierto que muchos, a riesgo de quedarse completamente dormidos, o peor aún, de hacerlo, se han resistido a la tentación de mandar todo al diablo? ¿Quién, además, no quisiera ya que terminara el semestre (si es que ‘semestre’ se le puede decir a este Primavera 2020)?

No soy un experto, ni mucho menos docente, pero como estudiante —y más todavía, como estudiante de la BUAP— no creo que una clase, donde solo debamos entregar tareas, sin tregua ni taza, sea, precisamente eso, una clase. Si acaso una humilde tentativa.

Claro que tampoco habría que culpar a los profesores, quienes desde el primer momento se mostraron abiertos a seguir enseñando, pese a las grandes dificultades de muchos, en cuanto al uso de las nuevas tecnologías de comunicación, sino al sistema. Ese que funciona con la eficacia de un reloj, pero que no siempre marca bien la hora.

Es el sistema entonces el que tiene muchas fallas, le sobran muchos huecos, por el que se escapa el aprendizaje y quizás hasta la misma educación. Si acaso al principio del principio creímos que iba a funcionar, hoy nos damos cuenta de que no en todos los casos es así.  Por muchos esfuerzos que se hagan, por mucho que los profesores pongan todo su empeño y los estudiantes toda su convicción, es importante reconocer que algo sigue faltando para que se termine de completar esta ecuación. Quizás un pase de magia, un espacio por donde se pueda filtrar un poco de luz. Quizás.

En fin, es importante reconocer también que por ahora no tenemos de otra, y que quejarse resulta tan estúpido como creer que este artículo va a cambiar algo. Pero es mejor intentarlo. Todos debemos seguir intentando, incluso después de que haya terminado el encierro y volvamos a nuestras vidas de siempre. Esta será, quizá, una de las grandes enseñanzas que nos dejará el COVID. Seguir intentando.

Por cierto… Profesor, ¿puedo ir al baño?

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