El Patíbulo: lo que esconde el encierro

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Hablemos del cuento. Dicen los maestros del género —pienso en Julio Cortázar o Jorge Luis Borges— que ‘todo buen cuento’ tiende siempre a contar dos historias. La que se ve, que no es sino aquella que está suspendida en la superficie de la narración; y la que no se ve, que cuenta algo también, aunque desde las sombras. Pero, si acaso, esto no resulta del todo comprensible, y menos aún práctico a la hora de escribir una narración corta, habría mejor que empezar por poner un ejemplo.

Uno de los más conocidos, sin duda alguna, es el de Solo para fumadores, de Julio Ramón Ribeyro; donde el protagonista —cuyo nombre nunca sabemos, pero que, adivinamos, es el mismo Ribeyro— da cuenta de sus años como fumador. Un cuento de no más de veinte páginas, aunque sí de muchos cigarrillos. Quizás el doble de lo que trae una cajetilla. Pero si acaso ‘la historia que se ve’ no es otra que la del terrible hábito de fumar, pronto el lector intuye que ahí también se está contando otra, a ratos entre líneas, a ratos desde el silencio. He ahí ‘la historia que no se ve’.

Ya lo decía, también, Ernest Hemingway, otro de los grandes maestros del género, en los cuentos, es más importante lo que no se dice, que lo que se dice, o lo que se acaba diciendo.

Woman Standing in Front of A Window

Hoy, por supuesto, no es raro admitir que la vida se parece mucho a los cuentos. Si ‘la historia que se ve’ no es otra que la del Coronavirus entrometiéndose en cada hueco de nuestra realidad —no vayamos lejos, la forma de hacer el super, o de salir a pagar las cuentas del cable o el Internet—, ‘la historia que no se ve’ es, por tanto, aquella que sucede dentro de las cuatro paredes del hogar, y desde el silencio, además. Machismo, violencia, no solo física sino verbal, son solo algunas de las cosas que miles de mujeres, en México, han tenido que soportar, a raíz del encierro. Y si a eso le agregamos el miedo, y la falta de conciencia en la sociedad —porque desde hace tiempo, en México, se tiene la creencia de que estas cosas ya no llegan a suceder—, entonces el problema se vuelve aún mayor.

Sabrá el diablo si la nueva normalidad desnormalice esto. Pero ojalá que sea así.

 

Líneas de atención por actos de violencia intrafamiliar: 01 800 Háblalo o al número de emergencia 911.

 

Cuento Solo para fumadores, de Julio Ramón Ribeyro: aquí.

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