5 Espacios antiguos del saber en el edificio Carolino de la BUAP

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Biblioteca Lafragua

1.LA ASTRONOMÍA Y LA ESTACIÓN SISMOLÓGICA. Siguiendo la tradición ilustrada, durante la segunda mitad del siglo XlX el Colegio del Estado se ubicó a la vanguardia de los estudios astronómicos regionales, incrementando año con año las investigaciones, mismas que se vieron coronadas el año de 1909, cuando en el tercer patio del edificio Carolino se instaló el observatorio astronómico Galileo Galilei, uno de los más modernos de América Latina. Ya en el porfiriato se contaba con un magnífico ecuatorial astrofotográfico cuya abertura de sus lentes objetivos era de 16. 2 mm, instalado en 1907 con un costo de 27,700 pesos, que permitió el inicio de una serie de observaciones astronómicas sistemáticas. A este equipo se le incorporó una cámara astrofotográfica, a través de la cual se registraron eclipses solares, lunares y otros fenómenos astronómicos que quedaron registrados en el boletín astronómico del colegio del Estado.

El instrumental del observatorio se completaba con un anemómetro de precisión extrasensible de Schultz, un nefoscopio Mary-Davey, un cianómetro de Saussure, una cámara fotográfica, un cronómetro solar F. Vázquez, así como un sextante Troghton. Como parte del observatorio astronómico, desde 1877 se instaló el primer sismógrafo de la región y diversos instrumentos (barómetro,termógrafo hidrógrafo, evaporográfo, veleta, pluviómetro y termómetros) destinados a registrar las precipitaciones pluviales, la presión atmosférica, la fuerza y orientación del viento, entre otros fenómenos climáticos.

Laboratorio de metereología

Sus registros fueron fundamentales para el levantamiento de las cartas del Estado de Puebla elaboradas por la Comisión geográfica exploradora de México; asimismo, contribuyeron a las obras de saneamiento de la ciudad emprendidas. A principios del siglo XX, proporcionando la medición puntual del régimen pluviométrico de Puebla. Esta información fue publicada periódicamente en los boletines meteorológicos, los cuales además incluyen diversos ensayos científicos.

Por la veracidad de sus trabajos y la importancia de sus investigaciones, el observatorio y la estación sismológica fueron integrados a la red meteorológica nacional, cumpliendo los ordenamientos de la oficina central de Tacubaya. Éstos instrumentos dieron servicio de manera ininterrumpida hasta el sismo del 15 de junio de 1999.

A través de los informes científicos registrados en los boletines podemos conocer el día de hoy los movimientos telúricos registrados en el volcán Popocatépetl durante el periodo 1919-1927, asimismo contribuyeron de una manera importantísima en la construcción de la carta sísmica mexicana publicada en 1960.

2. LA FÍSICA Y LOS RAYOS X. En 1841, la física constituía una de las asignaturas que se impartían en el colegio, aunque ésta se centraba en la física teórica, en la medida en que no existía ningún aparato experimental. En esos años las tareas docentes estaban bajo la responsabilidad de don Félix Béiztegui. Será hasta 1870 cuando se fundó el primer gabinete de física del colegio del Estado, mismo que se instaló en la planta alta del edificio Carolino (salón barroco). Este gabinete se conformó con los aparatos de física existentes en la escuela de medicina y a partir de 1874 se enriqueció con la adquisición de moderno instrumental proveniente de prestigiadas fábricas europeas. El gabinete de física se encontró a la altura de los más importantes laboratorios de física del país.

Gabinete de Física

En los primeros 10 años del siglo XX se le dotó de modernos aparatos de experimentación, entre los que se encontraban motores y dinamos de radiación de canalización eléctrica, de análisis espectral y de calorimetría, instrumentos de precisión y diversas bombas. Debido a la importancia y el desarrollo de la física en el colegio del Estado, en 1901 se separó el gabinete de física del gabinete de astronomía, independencia que le permitió mejorar sus actividades y servicios. Las investigaciones realizadas giraron alrededor de problemas de radioactividad generada a partir del bromuro de bario y de radio, así como telegrafía inalámbrica, investigaciones sobre circuitos eléctricos, radioscopia y radiografía. En 1908 se adquirieron bombas neumáticas y otros instrumentos de presión, los que se vieron enriquecidos en 1910 con la adquisición de los mejores instrumentos para el estudio práctico de las “acciones moleculares; del equilibrio de los fluidos; para el análisis espectral y para la determinación de los calores específicos”.

En los días de la revolución se adquirió una magnífica bomba trompa de mercurio del Alverniagt de dos caídas, con un aspirador de Sprengel y con tres electrómetros: uno de precisión de Lippman y el otro de Saussure y el último de Thompson. De esta manera, el gabinete de física del colegio del Estado adquirió una presencia nacional. A causa de las obras de reconstrucción de principios del siglo XX, fue necesario modificar la instalación radioscópica y radiográfica anexa al gabinete. El llamado salón de Rayos X era en su momento de los más avanzados del país.

Para mayor seguridad, las instalaciones eléctricas del tablero y de la bobina de radioscopia quedaron unidas a la planta eléctrica del gabinete de física. El transformador que servía para obtener los rayos catódicos, generadores de los Rayos X, era una bobina de  Runmkorff de 1 m 10 cm de longitud que montada sobre un bloque de parafina podía dar una chispa de hasta 55 cm de longitud; era en su momento de los más modernos de México. La mayor parte de los aparatos del salón de Rayos X había sido construida por la casa Radiguet y Massiot de París.

Gabinete de bactereologìa

3. LA QUÍMICA. Pocos años después de que en el Real seminario de minería de la ciudad de México se estableciera la primera cátedra de química en tierras mexicanas (1792), comenzaron a difundirse por todo el territorio los estudios de esta ciencia; primero en Guanajuato (1801), y en 1821 en Puebla. Pero éste no fue el primer intento; con anterioridad, los farmacéuticos Antonio de Cal y Bracho e Ignacio Rodríguez de Alconedo se esforzaron por institucionalizar los estudios de químicos en la Angelópolis en el jardín botánico, en donde establecieron la primera cátedra de farmacia, química y botánica. Los estudios de química Nacieron asociados a los estudios de farmacia y en relación muy estrecha con los de medicina.

Las clases teóricas impartían en el colegio del Estado y las prácticas en el hospital de San Pedro. Debido a problemas de espacio, al comenzar la década de 1870, en laboratorio de química se estableció fuera del nosocomio, en una vieja casona ubicada muy cerca del mismo. Allí se realizaron los primeros análisis clínicos y se inauguró la cátedra de química médica.

A finales de los años 20 del siglo XX, el gabinete de química estaba dividido en dos secciones. La primera, destinada a la enseñanza de la química general, contaba con una pequeña biblioteca, una sala para clases, un laboratorio para los trabajos prácticos, un local para el gasógeno y lavadero de trastos, un local para preparaciones al aire libre y un depósito de aparatos útiles de barro y vidrio; y la segunda, dedicada a la farmacia, disponía de un local destinado a los análisis de polimetría, así como un espacio para la microscopía y  un cuarto oscuro. En 1921 fue inaugurada la primera sección, en la que los estudiantes realizaban sus estudios teóricos prácticos y se interiorizaban en las diversas investigaciones que desarrollaban los profesores de química.

El laboratorio era amplio y muy bien ventilado, en él se distribuían seis mesas de trabajo. Entre el instrumental existente destacaba un gasómetro que alimentaba de gas a todo el laboratorio, diversos hornos para tubos de reverbero, alambiques, retortas de vidrio, matrices, embudos, vasos para filtraciones, morteros, cristalizadores, diversas vasijas de porcelana y de barro refractarios, campanas para gases, probetas, etc.; asimismo, contaba con un aparato Schule para analizar distintos tipos de tierra, un armario de desecación de Dupré,

desecadores de Robinet, una máquina neumática de mercurio, un espectroscopio, báscula de precisión, por mencionar algunos. También se encontraban 12 modelos de instalaciones industriales como la de ácido sulfúrico, nítrico, azufre, sulfuro de carbono, negro de humo y ácido arsénico. Para los años 30 este equipo era de lo más moderno y en su mayor parte se importaba de Europa. Esta área académica se convirtió con el tiempo en una de las de mayor tradición en el colegio del Estado.

4. LA BIBLIOTECA LAFRAGUA. Como se sabe esta biblioteca fue abierta al público el 16 de septiembre de 1885, teniendo, acopio fundamental los libros donados al colegio del Estado por don José María Lafragua en su testamento del 15 de noviembre de 1871. En 1931, el insigne Profesor Delfino C. Moreno anotaba que cuando la biblioteca había abierto sus puertas al público tenía en sus estantes 6000 volúmenes en la biblioteca particular del colegio y 2300 donados por el señor la fragua. Entre finales del siglo XIX y principios del XX la biblioteca se había enriquecido con las donaciones de los señores Manuel Maneyro, Lic Manuel Aspiroz, general José María González de Mendoza, con los libros de la biblioteca del Colegio de de abogados y con los de la escuela de medicina de Puebla, con las obras cedidas por don Salvador morales y don Ismael Álvarez, así como de donaciones particulares y con los libros de los conventos suprimidos.

Para los años 30, la biblioteca José María la fragua era una de las más ricas importantes de México y su acervo científico, histórico y  filológico era reconocido por propios y extraños. En esos años contaba con 45.504 volúmenes distribuidos en el salón principal destinado al público y en otros dos salones interiores uno de los cuales estaba dedicado a obras teológicas debidamente clasificadas. Sus autoridades mantenían intercambio con distintas bibliotecas nacionales y extranjeras, con el Ministerio de España y el promedio mensual de lectores era de 150.

Museo de historia natural

5. LA MEDICINA. Durante el periodo colonial en el real hospital de San Pedro hubo diversos intentos para establecer la enseñanza de la medicina en Puebla; sin embargo, el Real Protomedicato, conceden la ciudad de México, institución que controlaba y regulaba la enseñanza y la práctica de la medicina en todo el territorio virreinal, impidió que los anhelos de los médicos poblados se hicieran realidad. Fue hasta 1801 cuando en el mencionado hospital se estableció la Academia Médico-Práctica que impulsaron los estudiantes médicos en Puebla, no obstante lo cual debieron pasar varios lustros antes de que sus ideas se tornarán realidad. En 1831 se estableció la Academia Médico-Chirúrgica cuya función principal fue el estudio de la medicina.

Dos años después, en 1833, el gobernador del Estado, Don Patricio Furlong estableció la escuela de medicina, inaugurado en 1835. Las cátedras que se impartían eran: anatomía general y descriptiva, fisiología higiene, patología general y externa, clínica interna y externa, farmacología, operaciones y obstetricia, medicina legal y botánica.

En 1856 se constituyó una nueva reglamentación, A través de la cual se establecía que los cursos teóricos se impartirían en el colegio del Estado y los prácticos, en el hospital del Estado; esa partir de ese momento cuando la escuela recibe el título de colegio de medicina.

Durante el Porfiriato y bajo el gobierno de Juan C. Bonilla (1878-1880) se impulsaron diversas alternativas tendientes a afianzar los estudios médicos quirúrgicos en el colegio del Estado, y para llevar adelante esta tarea fue nombrado director del mismo, el prestigioso científico, intelectual y médico Joaquín Ibáñez. El nivel académico mejoró notablemente. En sus instalaciones se realizaron importantes investigaciones científicas, como la realizada por el doctor Francisco Marín, quien tiñó por primera vez el bacilo de Koch, así como también las realizadas por los doctores Francisco Marchena, Wenceslao Villanueva y Manuel Rivadeneyra. En la década de 1880 el cuerpo de profesores se vio fortalecido con el ingreso de importantes académicos en el campo de la medicina, como Rafael Serrano, Feliciano Hernández, Fausto Vergara y Manuel calva, entre otros, quienes establecieron una fuerte tradición en los estudios médicos en Puebla que ha permanecido hasta nuestros días. Entre finales del siglo XIX y mediados del siglo XX destacaron los estudios realizados por los médicos poblanos relativos a la contaminación del agua, problemas ecológicos y condiciones de vida tanto en el medio rural como urbano.

La figura del ilustre poblano José manso está ligada desde mediados del siglo XIX al desarrollo de las ciencias y las humanidades del colegio del Estado. El interés que despertó el museo de antigüedades fundado por él sentó las bases para nuevos espacios de recreación de la ciencia. En 1848 el colegio del Estado faculta al gobierno para la creación de un museo de historia natural y para adquirir una nueva colección de instrumentos científicos. Los estudiantes y profesores de finales del siglo XIX y de las primeras décadas del siglo XX vieron con interés y elocuencia el magnífico gabinete de historia natural heredado del interés científico de manso. Sus galerías condensaban distintos ejemplares de organismos disecados (aves y mamíferos de distintos tipos), momias y partes del cuerpo humano; en recipientes con líquidos especiales se conservaban igualmente diferentes especies de animales y plantas; a las diversas maquetas se sumaban las colecciones minera lógicas y de mariposas. Miguel Marín H. Y Efraín Castro morales en su libro Puebla y su universidad, publicado en 1959, hacen referencia directa a las “colecciones de animales disecados, de insectos, maderas, minerales y esqueletos humanos y animales para el Estudio de las ciencias naturales”.

Finalmente en 1895, ante las nuevas concepciones que comenzaban a otorgar importancia al deporte en la formación de un nuevo ciudadano se inició la construcción del imponente gimnasio del colegio del Estado, el cual vio correr por sus duelas un sinnúmero de generaciones de universitarios poblanos.

*El presente texto es un fragmento del libro “Alma mater” de Enrique Agüera Ibáñez y Carlos Contreras, editado por la Dirección de Fomento Editorial en el año de 2011

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