La Universidad de México y los jesuitas: Orientaciones de San Francisco de Borja para trabajar en México.

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  • Por: María de Lourdes Herrera Feria, Rosario Torres Domínguez y Edgar Iván Mondragón Aguilera

Cuándo los 15 primeros jesuitas llegaron a México en 1572, bajo las órdenes de su superior provincial el padre Pedro Sánchez, ya habían transcurrido 50 años de la toma de la ciudad de México Tenochtitlán (13 de agosto de 1521).

El trabajo de evangelización de los indios había sido llevado acabo por las tres órdenes religiosas que llegaron a la Nueva España antes que la Compañía de Jesús: franciscanos (1523-1524), dominicos (1526) y Agustinos (1533). Todos ellos establecieron iglesias y misiones en los territorios que tuvieron asignados, donde ya se había consolidado la conquista y la colonización española

Fray Pedro de Gante y sus compañeros franciscanos habían elegido escuelas de artes y oficios para los indígenas en la Ciudad de México. El colegio de Santa Cruz de Tlatelolco había surgido como centro de altos estudios humanísticos, filosóficos y teológicos para jóvenes indígenas, pero no pudo subsistir por diversas causas y contradicciones. Se fundó el 6 de enero de 1536 y para 1576 se encontraba lamentablemente en plena decadencia.

La Real y Pontificia Universidad de México había sido erigida por real cédula el 21 de septiembre de 1551 y había empezado a impartir cátedras el año 1556. El colegio de San Pedro y San Pablo, que los jesuitas abrieron en la Ciudad de México, vino a subsanar la gran deficiencia que se experimentaban en la preparación académica de los jóvenes estudiantes que querían ingresar a la universidad. En ese sentido soy muy ilustrativa las palabras que escribió el historiador Gerard Decorme:

Trascendental cual ninguno otro acontecimiento para la ilustración de los criollos, fue el establecimiento de los estudios de los jesuitas en México. Aunque existía la Universidad, no se hallaba más que una clase de gramática que preparara a a ella y aún muy pocas escuelas de primeras letras. Así que la juventud, a pesar de sus buenas disposiciones, crecía sin formación literaria, con grave perjuicio de su educación moral y religiosa. Tanto y tan bien llenaron los jesuitas este vacío que puede decirse que durante la época colonial, ejercitaron casi sin competidores y gratuitamente este ministerio de la pública enseñanza.

El provincial padre Pedro Sánchez y sus compañeros salieron del puerto de San Lúcar de Barrameda en España el 15 de junio de 1572 y llegaron a la ciudad de México el 28 de septiembre del mismo año. Desde los inicios tenía ya bien claros los objetivos de su apostolado en las nuevas tierras y las normas a que debían sujetarse en el desarrollo de sus trabajos. Para ello San Francisco de Borja, entonces superior general de la Compañía de Jesús (1565-1572), había redactado en octubre de 1571 unas valiosas y trascendentales instrucciones, que titulaba Recuerdos, para el padre Pedro Sánchez, superior de los expedicionarios y primer provincial de México (1571-1580), normas y criterios que debían orientarlos en sus primeros pasos y actividades. Conviene advertir que la compañía de Jesús iniciaba en aquellas tierras su empresa apostólica en la nueva España con la experiencia adquirida en la organización de los misiones de Oriente (1540), de Brasil (1543), de la Florida (1566) y del virreinato del Perú (1568).

Éste instructivo o Recuerdos de San Francisco de Borja venía a ser el primer código de métodos jesuíticos mexicanos y en él se pueden distinguir tres partes. En la primera se considera al personal jesuítico: los oficios y el ministerio que cada uno de ellos tenía que ejercitar. La segunda parte señala los que México debían ser superiores y consultores. Finalmente, la tercera parte, la que más nos interesa aquí, establece los criterios que debían tener presente los misioneros en su labor inicial. Expondremos aquí sumariamente los más importantes en esas obligaciones, normas o criterios:

Llegando a la Nueva España, el padre Provincial ofrezca el servicio de nuestra compañía, según su instituto al señor virrey y siempre procure tener a su excelencia contento en cuanto se pudiese; y también al señor arzobispo de México ofrezca todo el servicio que según nuestro instituto y fuerzas se puede ofrecer

Según las normas aquí establecidas, el principio sólo podían aceptar un colegio en México; si ofrecían otros podría el provincial tratar el asunto pero no comprometerse sin previa consulta a Roma. La actividad del nuevo colegio sería predicar, enseñar la doctrina cristiana y ayudar en los ministerios propios de la compañía. Transcurridos dos años, si el provincial veía que las escuelas era para mayor servicio divino, podía aceptar las, reservando todavía al beneplácito del general la continuación de ellas.

El trabajo apostólico entre los indígenas debía ser de gran importancia para los jesuitas y así determinaba: “Para hacer misiones de las que llevase consigo a unas partes y a otras, tendrá facultades; aunque por los lugares ya conquistados parece se deben hacer primero, ahora sea para la conversión de los gentiles, ahora para ayuda de los ya convertidos”.

Los jesuitas que vinieron a México en el siglo XVI estuvieron a la altura de sus hermanos fundadores de la compañía de Jesús y de los primeros grupos evangélicos de las tres órdenes mendicantes. En el establecimiento y consolidación de la iglesia novohispana tomaron parte activa y eficazmente sacerdotes y religiosos de grandes cualidades humanas y de una relevante preparación académica. Así, entre los primeros jesuitas que llegaron en 1572 encontramos religiosos de una rica personalidad, de grandes dotes intelectuales y de una eximia preparación humanística, filosófica y teológica adquirida en importantes universidades de Europa. El primero que destacaba entre ellos era el superior y provincial, padre Pedro Sánchez, hombre de grandes cualidades y que gozaba de un gran prestigio. Lo mismo se puede decir de los otros grupos que vinieron después (siete en 1574, 11 en 1576, cinco en 1577, 15 en 1579) y las demás expediciones que llegaron en 1580 y años sucesivos. Todos ellos desarrollaron un trabajo de enorme proyección para el futuro y supieron cimentar la inmensa labor que la Compañía de Jesús llevaría acabo en misiones y colegios durante dos siglos.

Fragmento recuperado de libro El Colegio del Estado de Puebla y sus documentos fundacionales. Ediciones BUAP.

Estudiante de Psicología. Desde hace 21 años jugando a ser humana.

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