La salubridad en Puebla durante la década Revolucionaria

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Ciudad y población a comienzos del siglo XX.

 

En el último cuarto del siglo XIX la ciudad de Puebla comenzó a registrar una importante recuperación económica, reflejo -por un lado- de los nuevos tiempos que se vivían en el país y, por otro, a la tranquilidad y paz social que se vivía desde 1867, que permitieron que la economía urbana retomara su ritmo. La llegada del ferrocarril facilitó el proceso de expansión económica, en la medida que este moderno transporte comunicaba rápidamente a la ciudad con los principales mercados del país. Nuevas industrias comenzaron a instalarse en los extramuros del centro urbano, la mayoría de ellas en antiguos ranchos o molinos coloniales o decimonónicos, así como también, resurgen añejas actividades tradicionales: jabón, ceras, cueros, vidrio, losa, etc. La actividad comercial adquiría una nueva dimensión con la apertura de grandes tiendas que traían las últimas novedades europeas y norteamericanas. Puebla participaba de la expansión nacional, la ciudad se transformaba rápidamente, para entrar a la nueva centuria buscando recuperar el tiempo perdido y el lugar que, los antiguos pobladores consideraban debía detentar nuevamente en el ámbito nacional.

Uno de los sectores que más rápidamente refleja los cambios que se producen en una sociedad, es el demográfico; comportamiento de la población que adquiere en el caso poblano una relevancia de primer orden, en la medida que la ciudad sufrió una fuerte despoblación a lo largo del siglo XIX, hasta alcanzar sus niveles más bajos entre 1835 y 1840. Diversos problemas de carácter político-militar, así como diversas enfermedades que golpearon el centro urbano, entre las que debemos hacer mención a la terrible epidemia de cólera morbus que envió al sepulcro a 3049 poblanos. A partir de esos momentos la recuperación fue lenta pero constante, hasta acelerar el paso desde la década de 1880, momento en el que los contemporáneos observan el crecimiento demográfico que se gestaba en la ciudad.

Anexo:Cronología de la historia de Puebla - Wikipedia, la ...

Si tomamos en consideración la información registrada en el Boletín Municipal del Ayuntamiento de Puebla, para 1888 la ciudad había superado los 70.000 habitantes (72.743), para alcanzar los 93.521 en 1900, y ascender hasta los 96.121 en 1910. Si bien a partir de 1900 había descendido el ritmo de crecimiento a una tasa menor a la registrada en otras ciudades del país, la tendencia ascendente continuaba aunque con claros signos de estancamiento. Durante la década revolucionaria la ciudad de Puebla mantuvo los guarismos casi sin cambios. Diversas enfermedades y en especial el tifo exantemático (1915) y la influenza española (1918), fueron las responsables de un notorio aumento en los niveles de defunciones.

Es muy importante señalar, que la distribución de la población en el espacio urbano sufrió importantes cambios, respecto de mediados del siglo XIX. La ciudad había alcanzado su máxima expansión física hacia finales del siglo XVII cuando conjuntó a poco más de 100.000 habitantes (c. 110.000). Durante los siglos XVIII y XIX se mantuvo en la misma planta física, y en la medida que perdía población, ésta se iba concentrando fundamentalmente en el área céntrica, quedando amplios espacios periféricos semivacíos, especialmente la zona poniente del centro urbano. Al comenzar el siglo XIX, después de la epidemia del tifo de 1812-1813, los niveles de despoblación obligaron a la iglesia a conjuntar algunas parroquias ante la falta de feligresía, desapareciendo San Sebastián y la Santa Cruz. Los documentos de la época nos hablan hacia la década de 1830 de barrios abandonados o en ruinas, ubicados en el poniente de la antigua traza española. Pero, a medida que la población se fue recuperando, ésta comenzó a asentarse de nueva cuenta en los barrios periféricos.

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A comienzos del siglo XX, si bien la planta física de la ciudad no se había modificado (excepto de la zona poniente donde se habían construido las estaciones ferroviarias), su distribución será más equilibrada. De acuerdo a la información registrada por cuarteles menores, tanto para 1900 como para 1910, se puede observar que la distribución es relativamente -como señala Carlos Contreras Cruz- “más homogénea entre los distintos cuarteles menores que dividían el espacio urbano, atenuándose las grandes desigualdades en la ubicación geográfica de la población entre mediados y finales del siglo XIX”, es más, para 1900, ningún cuartel menor “llegó a concentrar más del 10 % del total de la población censada”, así como también, los cuarteles céntricos (1o, 5o, 9o y 16o), concentraban, en conjunto, para 1910, el “28 % de la población, proporción inferior al 49 % registrado a mediados del siglo XIX”.

Muchos de los antiguos barrios indígenas ubicados en los alrededores del casco céntrico, se habían convertido en barrios obreros, que concentraban en populosas vecindades a un compacto sector de la población. Así, los barrios del Alto, Xonaca, La Luz y Analco (ubicados al oriente de la vieja traza española), así como Santiago y San Sebastián, (ubicados al poniente), al igual que el barrio de San Miguelito (ubicado al poniente y cercano a las estaciones del ferrocarril), comenzaron a concentrar a un importante núcleo de población. El centro había perdido la supremacía de que había gozado desde el periodo colonial. El problema más importante del que resentirá el centro fue la penuria de agua, mientras que los barrios tenían mayor acceso al vital líquido; por otro lado, los sectores obreros podían instalarse en espacios diferentes al centro, en la medida que los nuevos transportes (tranvías, bicicletas) le otorgaban mayor libertad de movimiento, sin olvidar, que la vivienda en los barrios ubicados fuera del área céntrica eran más económicos.

Si tomamos en cuenta la estructura por edad de la población nos encontramos que en 1910 poco más de 60 % de la población se ubicaba entre 15 y 65 años de edad, mientras que los menores de 15 años alcanzaban el 33.34 por ciento. Estos guarismos nos indican que un porcentaje importante de la población trabajadora era oriunda de otras regiones del país, especialmente de los estados circunvecinos (Tlaxcala, Veracruz y Oaxaca); migración que modificaba la estructura demográfica, al mostrar que el rejuvenecimiento de la población iba a ser un proceso lento y pausado durante la década revolucionaria.

Entre el sector productivo, destaca el textil, con fuerte tradición en Puebla desde el periodo colonial; sector que había mantenido su presencia a pesar de las difíciles condiciones económico-políticas existentes hacia mediados del siglo XIX, encontró en este periodo condiciones óptimas para su consolidación. En el perímetro urbano se instalaron diversas factorías textiles, las que generaron a su alrededor importantes concentraciones de trabajadores; destacando las fábricas textiles de Amatlán, La Constancia Mexicana, La Economía, Covadonga, Guadalupe, Independencia, La María, Mayorazgo, Molino de En medio, El Patriotismo y Santo Domino, las que en conjunto concentraban en los barrios obreros situados a su alrededor, un total de 3302 habitantes en 1910.

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Fragmento tomado del libro: “Revolución y tifo en la ciudad de Puebla 1915-1916” de Miguel Ángel Cuenya, publicado por el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades “Alfonso Vélez Pliego” y la Dirección General de Publicaciones de la BUAP en el año 2008.

Estudiante de Psicología. Desde hace 21 años jugando a ser humana.

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