Conceptualización de la violencia

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Venceremos
Venceremos un día

En lo profundo de mi corazón
Yo creo que
Que vamos a vencer algún día

Y vamos a romper las paredes de la prisión
Vamos a echar abajo los muros de la prisión
Juntos vamos a derribar los muros de la prisión en aquel día

Fragmento de la canción traducida “We shall overcome”

Ante las coyunturas que atravesamos como estudiantes y como sujetos en un país latinoámericano, es imprescindible enfocar nuestra atención en la Violencia, aquella que ha cobrado la esencia y vida de personas con genuina fe de nuestros actos como seres humanos, seres capaces de moldear nuestra realidad. Y por ello es necesario conceptualizar de manera correcta todo aquello que nos aqueja y nos implica en la cotidianidad.

Texto de Agustín Martínez Pacheco “La violencia. Conceptualización y elementos para su estudio”

Uno de los problemas principales del estudio de la violencia es la falta de una definición precisa que dé cuenta de la multiplicidad de formas en las que ésta se presenta. Sin embargo, un abordaje múltiple de violencias particulares y desde diferentes campos disciplinarios ha contribuido a identificar las formas en que se presentan y las dinámicas o funciones que asumen las diferentes formas de violencia.

No existe una definición que haya sido aceptada por las personas en esta línea de investigación, sin embargo se pueden encontrar definiciones con un cierto consenso. De las palabras de Jean-Marie Domenach: “Yo llamaría violencia al uso de una fuerza abierta o escondida, con el fin de obtener de un individuo o un grupo eso que ellos no quieren consentir libremente”.

Encontramos elementos centrales en la de más consenso: el uso de la fuerza por parte de alguien; el daño; recibir dicho daño por una o varias personas; la intencionalidad del daño; el propósito de obligar a la víctima a dar o hacer algo que no quiere. Pero con estos elementos también encontramos una especificación sobre la forma de violencia de la que al menos una definición habla: es violencia física. Sin embargo, al menos la definición de Domenach abre las posibilidades de que la fuerza utilizada no sea física, “abierta”, sino de otro tipo, “escondida”.

Las coerciones morales (personales, grupales, culturales), las relaciones de poder –que en sí mismas estructuran y naturalizan relaciones de violencia–, las coerciones psicológicas y hasta los chantajes, pueden ser importantes como vehículos de la violencia. En algunas consideraciones sobre la violencia parecería no estar presente dicha intervención de fuerza, como podría pensarse de la “violencia simbólica” de Bourdieu, quien la define como la aceptación, la internalización por parte del dominado, de los esquemas de pensamiento y valoración del dominante, haciendo precisamente invisible la relación de dominación.

Quizá quepan aquí las siguientes preguntas: ¿una lucha de box es un hecho violento?, ¿a qué se le obliga a cada uno?, ¿se puede decir que hacen algo que no quieren? En todo caso, lo que se cuestiona aquí es la apreciación de la violencia solamente como un medio, que siempre deba tener ese carácter instrumental que se le adjudica a la violencia.

Pareciera que el acto violento se origina y termina en el instante en que se produce, sólo quedan los daños, quizá también el castigo y la reparación cuando se puede, y al interesarse solo en la situación inmediata buscará las causa de la violencia principalmente en las características de los agresores, o aun de las víctimas, pero descuidará el contexto histórico social. Por esta misma característica tal concepción de violencia puede ser en buena medida ahistórica, se limita a describir los hechos claramente manifestados, y si se interesa por la causalidad, tenderá a encontrarla en lo más cercano; así, esa postura puede ocultar las causas no visibles, como algunas estructuras de dominación creadas social e históricamente en diversos ámbitos –el político, el racial o el patriarcal.

Al distinguir con claridad los sujetos actores de la violencia, permite fincar responsabilidades y establecer culpas y penas, castigar actores y actos. En cierto modo la acción jurídica y policial encuentra en esta definición un importante apoyo. Pero aun aquí se pueden considerar limitaciones; por ejemplo, cuando ante el problema de la violencia en el hogar se atiende sólo a las víctimas y se castiga al agresor en lo inmediato –según las limitaciones que se han destacado, al no tomar en cuenta cuestiones culturales y estructurales, como el machismo y el patriarcalismo–, se mantienen las condiciones en las que esta violencia se reproducirá. De esta manera, lo que es positivo en términos judiciales, no lo es tanto en políticas públicas para atender el problema desde su raíz. Por ello se necesita ir más allá de lo inmediato y ampliar las concepciones utilizadas.

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