Violencia en nombre del amor romántico

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El amor que conocemos individualmente ha estado atado a una serie de conceptos y construcciones a lo largo de diferentes contextos en la historia. Uno de estos conceptos fundamentales es la socialización, el cual hace referencia a todo aquello que hemos aprendido desde que nacimos, como los valores, actitudes, expectativas y comportamientos, es aquello que nos dice qué está bien porque se adapta a nuestro entorno.

Si seguimos este concepto nos toparemos con la socialización diferenciada, el cual implica crear una identidad diferente de acuerdo al sexo del individuo (recordemos que sexo se refiere a los aspectos biológicos, mientras género a los sociales) y por ende papeles distintos frente a la sociedad. Esta diferenciación implica una imposición de barreras a la mujer, haciendo que adopten una posición pasiva y permisiva ante la supuesta pérdida del poder. De esta manera todas las imposiciones son interiorizadas, permitiendo mantener la socialización diferenciada.

La violencia también es un factor que se da en la interiorización de conductas impuestas. Mientras a los hombres se les ha enseñado que deben mostrar su viriliad a través de la agresividad, violencia y dominio; a las mujeres se les ha enseñado ser pasivas y sumisas, lo que las hace más vulnerables a comportamientos violentos que a los hombres.

El psiquiatra Luís Rojas Marcos afirma que se han construido racionalizaciones culturales que han justificado la violencia masculina: El culto al “macho”, la glorificación de la competitividad y el principio diferenciador de los “otros”. Se ha enseñado a glorificar la competitividad y gratificar la imagen del hombre agresivo, implacable, seguro de sí mismo y sin relación alguna a lo sentimental, así es como se relaciona la violencia masculina a la naturaleza. Sin embargo, no existe alguna evidencia rigurosa que muestre tal supuesto.

La violencia que puede generarse muchas veces de manera invisible pero con diversas expresiones latentes, puede ser de manera individual e incluso colectiva. Está aquel hombre que humilla, insulta, o golpea a su pareja y también el colectivo de hombres que mediante el terror se les impide a las mujeres lograr la autonomía personal y de elección.

Victoria Ferrer Pérez y Esperanza Bosch Fio nos comparten una propuesta de intervención ante la violencia de pareja. Esta consiste en enfocar la mirada en la socialización, que como lo hemos comentado ha sido causa del trato diferenciado hacía el hombre y la mujer, ante tal situación podemos recurrir a la socialización preventiva de la violencia contra las mujeres, el cual a través de la socialización construyamos una conciencia de normas y valores que sean factor para prevenir actitudes violentas y contribuyan a la equidad.

La prevención también implica deconstruir el concepto de amor y los modelos amorosos atractivos para formar una pareja, repensar y desmitificar los mitos del amor romántico, para permitirnos a hombres y mujeres gozar con responsabilidad de nuestra libertad y crear relaciones igualitarias.

Te invitamos a darle una hojeada al artículo de Victoria Ferrer Pérez y Esperanza Bosch Fio donde de forma más detallada nos brindan una serie de posibilidades viables para hacerle frente a la violencia cotidiana pero no imparable que sufrimos en nombre del amor romántico.

REFERENCIA
Ferrer Pérez, V, y Bosch Fiol, E. (2013). Del amor romántico a la violencia de género. Para una coeducación emocional en la agenda educativa. Revista de currículum y formación del profesorado. 17(1), 105-122.

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