La Otredad a través de Octavio Paz

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Octavio Paz es uno de los literatos más reconocidos y completos en la actualidad. Nació en la Ciudad de México el 31 de marzo de 1914 y murió el 19 de abril de 1998. Su legado nos ha dejado una buena cantidad de temas que nos concierne como mexicanos y mexicanas, como ciudadanos y ciudadanas y como individuos con responsabilidades sociales cotidianas. Hablemos en este artículo sobre la otredad, un tema que Octavio Paz tocó en sus obras.

Mientras escribo

Cuando sobre el papel la pluma escribe
a cualquier hora solitaria,
¿quién la guía?
¿A quién escribe el que escribe por mí,
orilla hecha de labios y de sueño,
quieta colina, golfo,
hombro para olvidar el mundo para siempre?

Alguien escribe en mí, mueve mi mano,
escoge una palabra, se detiene,
duda entre el mar azul y el monte verde.

Con un ardor helado
contempla lo que escribo.
Todo lo quema, fuego justiciero.
Pero este juez también es víctima
y al condenarme, se condena:
no escribe a nadie, en sí se olvida,
y se rescata, y vuelve a ser yo mismo.

Aguilar Vízquez en “La otra voz: Octavio Paz y la noción de otredad” nos dice que la otredad tiene mucho que ver con la búsqueda de la existencia del ser humano en primer plano, y desde otro, percibir el lenguaje como una puerta de la otra voz, y por tanto lo que sintetiza su experiencia. La otredad es el reflejo de la identidad individual y colectiva que nos vamos construyendo constantemente. Nos conformamos a partir del lenguaje con el y la otra, a partir de su existencia es como nosotros y nosotras nos identificamos y comportamos.

Fragmento de Piedra de Sol

¿La vida, cuándo fue de veras nuestra?,
¿cuándo somos de veras lo que somos?,
bien mirado no somos, nunca somos
a solas sino vértigo y vacío,
muecas en el espejo, horror y vómito,
nunca la vida es nuestra, es de los otros,
la vida no es de nadie, ¿todos somos
la vida? pan de sol para los otros,
¿los otros todos que nosotros somos?,
soy otro cuando soy, los actos míos
son más míos si son también de todos,
para que pueda ser he de ser otro,
salir de mí, buscarme entre los otros,
los otros que no son si yo no existo,
los otros que me dan plena existencia,
no soy, no hay yo, siempre somos nosotros,
la vida es otra, siempre allá, más lejos,
fuera de ti, de mí, siempre horizonte,
vida que nos desvive y enajena,
que nos inventa un rostro y lo desgasta,
hambre de ser, oh muerte, pan de todos,
Eloísa, Perséfona, María,
muestra tu rostro al fin para que vea
mi cara verdadera, la del otro,
mi cara de nosotros siempre todos,
cara de árbol y de panadero,
de chofer y de nube y de marino,
cara de sol y arroyo y Pedro y Pablo,
cara de solitario colectivo

En la actualidad nos enfrentamos a situaciones que nos demandan reconocer al otro y a la otra, a aquella enfermera que se desvive un poco por sus pacientes, a aquel panadero que se levanta a las 3 de la mañana para empezar su rutina laboral, a aquel estudiante que levanta la voz porque se ha llenado poco a poco de miedo, impotencia y desilusión de las dinámicas sociales en las que funcionamos cotidianamente, de aquella violencia que aislamos y normalizamos porque se viene reproduciendo desde nuestras relaciones afectivas. Es necesario ahora reconocernos con los que sufren igual que uno mismo y con los que existen y dan sentido a nuestra existencia. “El mundo cambia si dos se miran y se reconocen”.

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