Tus bichos controlan tu cerebro

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Uno de los hallazgos más recientes y que más ha impactado a los científicos es la relación que podrían tener los bichos que habitan en nuestro intestino con nuestra conducta, nuestras emociones y sentimientos, e incluso con ciertas enfermedades mentales, como la depresión, el trastorno del espectro autista o esquizofrenia.

Al conjunto de bichos o bacterias que usualmente se encuentra coexistiendo de manera benéfica en nuestro organismo se denomina microbiota, y antes era conocido como flora intestinal.

En todo nuestro cuerpo podemos llegar a tener cientos de billones de bacterias, de distintos tipos o cepas, la mayor parte de ellas habita principalmente en nuestro intestino. Es precisamente en este órgano donde la microbiota realiza funciones que complementan el trabajo de algunas células de nuestro cuerpo, como la producción de energía y vitaminas, la absorción de nutrientes, la eliminación de organismos patógenos, construcción y regulación de nuevas sustancias a partir de nuestros alimentos.

Si bien, no se conocen todas las interacciones por las que la microbiota puede de alguna manera interferir con la actividad cerebral, sí se ha relacionado la presencia de algún tipo de bacteria o la ausencia de otras con ciertos padecimientos de nuestro cerebro.

Por otra parte, una de las funciones más sorprendentes es la relacionada con la producción de sustancias que permiten la comunicación entre nuestras neuronas, llamadas neurotransmisores. Por ejemplo, un tipo de lactobacilo (L. rhamnosus) puede producir una sustancia llamada GABA, este neurotransmisor es uno de los más importantes en nuestro cerebro, pues ayuda a tranquilizar a nuestras neuronas cuando se ponen hiperactivas. Incluso, se ha visto el consumo de prebióticos (fibras vegetales que actúan como fertilizante para que crezcan bien nuestras bacterias) ayuda a incrementar la producción de este neurotransmisor cuando se encuentra bajo, como en casos de ansiedad o estrés.

Otro de los neurotransmisores que está altamente asociado con nuestro estado de ánimo y que en condiciones patológicas llega a presentarse en menor cantidad y así producir depresión, es la serotonina. Y, adivinen de donde sale toda esa serotonina necesaria para sentirnos de buen humor ¡pues de nuestra microbiota intestinal! Ya que se ha demostrado podría llegar a producir casi el 90% de esta sustancia.

Sin embargo, algo que aún no han logrado identificar los científicos es cómo llegan estás sustancias a nuestro cerebro: no cualquier cosa puede pasar a él ya que tiene una barrera especial que lo protege y se llama barrera hematoencefálica. Los científicos se han planteado dos posibles explicaciones. Una es que a través de un nervio que se llama vago, que está conectado del intestino al cerebro, pude pasar el neurotransmisor; y la otra es que, a través de sustancias precursoras, que viajan por la sangre, pueden atravesar esta barrera sin problema y ya en las neuronas convertirse en el neurotransmisor. Para el caso de la serotonina, se ha observado que los niveles de su precursor (triptofano) en la sangre se asocia con los niveles de serotonina en el cerebro.

Así como madura cada órgano de nuestro cuerpo, nuestra microbiota también va madurando en cantidad y tipo de bacterias que vamos adquiriendo a lo largo de nuestra vida, de tal manera que factores tempranos como el tipo de nacimiento que tuvimos (natural o cesárea), el tipo de alimentación en nuestras etapas tempranas de vida (lactancia materna o fórmula) y en las etapas subsecuentes, el estilo de vida y el consumo de medicamentos pueden influir en la calidad de nuestra microbiota y por lo tanto en nuestro estado emocional y mental, por lo que deberíamos reflexionar sobre cada uno de estos factores…

Por eso, una alimentación rica en nutrientes nos provee doble beneficio, pues nos permite mantenernos sanos físicamente, y al alimentar adecuadamente a nuestras bacterias también nos mantiene sanos mentalmente.

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Nuestra divulgadora invitada, María Evelina Torres García, nos cuenta de ella:dar clases y compartir conocimiento es parte de mi vida diaria, considero que una parte esencial del científico es ser congruente y trabajar con creatividad y perseverancia

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Esta entrada es el resultado del taller Escribir para divulgar, donde los participantes han empezado a desarrollar habilidades de escritura, para compartir eso que saben o que les gusta acerca de la ciencia y la tecnología.

Busca otros textos e imágenes en las redes sociales con el hashtag #EscribirParaDivulgar

Divulgador científico. Matemático de formación, apasionado de la ciencia y la tecnología, sobre todo de los robots.

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