Carta para quien jamás ha ido a la FENALI BUAP

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Me eligió como se elige un libro en una biblioteca. Ignoro si me escogió por el título, el lomo, la portada, la tipografía o por mi ubicación entre otros libros. No sé qué clase de texto fui para ella. 
Juan Villoro

Imagina, pues, que eres un libro. ¿Te gustaría? ¿Cuál, de todos los habidos y por haber, serías tú? Ya sé que la pura idea suena un tanto idiota, pero ya entrados en el juego, imagina también que en unos cuantos días te van a vender.

¡¿Pero a cuánto?!, atacarás altivo, sintiéndote un Quijote de Cervantes o un Ficciones de Borges o un Pedro Páramo de Rulfo. Bueno…Pues concretamente, no más de cinco salarios mínimos.

Suena terrible, lo acepto, pero entre la oferta y demanda que han de sonar como retruécanos de mercado, los libros por puro sentido común se abaratan. Y es qué eso, precisamente, es lo interesante del caso. Eso es lo mejor de las Ferias de Libro.

Pero bueno, no perdamos aún de vista la ficción, y volvamos a que eres un libro. Sí, un libro tal vez grande o de bolsillo, de cuentos o poemas, de un Nobel como Ishiguro o de un loco como Kerouac. El caso es que lo eres y no hay de otra.


Estarás, seguramente, preguntándote: ¿bueno, tú qué te crees? Y de antemano me disculpo por el juego, que más que un juego, se parece a una metáfora. Aunque, claro, ¿qué cosa en esta vida no es una metáfora? Nuestra propia vida, pienso, es una metáfora; triste en ocasiones.

Así que como ya tienes tinta impresa en la piel, empastado sobre la espalda y título en la frente; supongo, ya cualquiera te puede leer. Claro que de ahí, a que los diviertas o les gustes, hay un abismo de por medio. Porque, ciertamente, no cualquier libro, ni el más caro ni el más bien escrito, lo puede hacer. Solos pocos, querido amigo, lo logran. Y me temo, ni tú ni yo somos de esos.
Lo que significa, desde luego, que tanto tú como yo estaremos solamente descansando en los estantes de una editorial inexistente, viendo la vida pasar de aquí para allá, esperando inermes, y en soledad, de que algún lector voraz nos coja y no nos suelte jamás.

¿Puede acaso haber mejor historia de amor que esa? Seguramente no. Pues si nos lleva a todos lados, nos respira en tiempos de frío, nos acaricia para sentirse vivo, entonces —y solo entonces— habremos servido.
Por eso, querido amigo, en el marco de la Feria Nacional de Libro de la BUAP, no veas solamente a los libros como tirajes de hojas bien pegaditas, sino como seres que ansían ser descubiertos.
Compra todos los que puedas, aun cuando le pegues fuerte a la cartera. Pues, te aseguro, no habrá mejor inversión que esa.

Así que para terminar con la ficción de una vez por todas, y así volver a nuestro propio ser de carne y hueso, pienso que, todos somos, de algún modo, un libro indescifrable para solo ser leído por una persona: nosotros mismos; de modo que, quien nos coja del estante, no será, sino solamente nuestro otro yo, acaso más sabio, acaso más terco. Ni más, ni menos.
Somos lo que leemos. Pero somos más si leemos.

¡Compremos todos los libros del mundo!

Estudiante de Comercio Internacional, colaborador de Cultura Colectiva y un empecinado por ser leído. «Lo que sólo ocurre una vez es como si no ocurriera nunca. Si el hombre sólo puede vivir una vida es como si no viviera en absoluto.» -Milan Kundera

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