Tlanonotzaliztli. Relatos de portadores de apellidos nahuas

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Por: Xóchitl Cuauhtémoc Xicoténcatl

Las diferentes expresiones de las lenguas originarias nos adentran a un mundo de conocimiento insospechado, se trata de formas únicas de ver el mundo, pues cada expresión lingüística nos introduce en infinidad de posibilidades de pensamiento.

Los apellidos nahuas forman parte de esas expresiones únicas, que además, han sobrevivido al imperialismo lingüístico y cultural; y que hoy se tornan detonantes en la revitalización de nuestra lengua originaria debido a que: hablamos náhuatl al pronunciar nuestros apellidos “ni tlahtohua nahuatl ihcuac nic ihtohua no toca”.

Estas expresiones: Tepetl, Cuautle, Huitzil, Quechol, Cuamatzi, Zempoaltecatl, Papaqui, Coyotl, Xicotencatl (por mencionar solo algunos apellidos nahuas)  nos conducen al reconocimiento de nuestros pueblos, que han sido invisibilizados por mucho tiempo. Por eso, nos hemos dado a la tarea de compartir relatos de portadores de apellidos nahuas con la única finalidad de manifestar nuestra existencia y que sea visibilizada nuestra resistencia.

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Al leer las experiencias de los portadores de apellidos nahuas podemos sentirnos identificados si es que portamos nombres o apellidos en alguna lengua originaria, pero también, podemos comprender las formas de discriminación lingüística que ejercemos casi sin darnos cuenta. Los relatos no solo se dirigen a quienes poseen apellidos en náhuatl sino a todos aquellos que quieran reflexionar sobre la diversidad lingüística, recordemos que el 2019 ha sido declarado el año internacional de las lenguas indígenas.

El primero de estos relatos que les compartimos trata de establecer un diálogo entre la voz de un hombre orgulloso de su apellido en náhuatl y la propia experiencia. El relato fue contado en enero de 2017, por el sabio Lauro Huitizil Meléndez de la localidad de Cuautlancingo en el municipio del mismo nombre en el Estado de Puebla. De profesión médico, Lauro Huitzil fue un digno portador de un apellido nahua que relata la resistencia de la lengua a través de la metáfora que implica su apellido. El Dr. Lauro Huitzil permanecerá para siempre en nuestros corazones, descanse en paz.

Huitzil: El colibrí

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La primera vez que lo escuché fue en una fiesta, él era padrino de boda y como tal se disponía a dar unas palabras, lo que dijo marcaría mi alma para siempre.

Era un hombre que amaba profundamente la tradición del pueblo que lo vio crecer y quería preservarla a través de la palabra. Ese día comprendí que una boda es un acontecimiento en el que los mayores aconsejan a los más jóvenes, y que tenía especial importancia para los pueblos de origen nahua, sin embargo, de alguna mesa se levantó alguien para gritarle que terminara con su discurso y continuara el jolgorio, la fiesta. Eso me molestó mucho, pero, no dije nada.

Cuando por fin decidí emprender la investigación sobre los apellidos nahuas sabía que tenía que recurrir a Don Lauro Huitzil porque aquellas palabras que le había escuchado pronunciar hace años le reclamaban al silencio que guardé aquella vez.

Don Lauro – le pregunté-, ¿usted se identifica con su apellido?, lo que me contestó, es sin duda, la más bella explicación que he recibido sobre la importancia de la lengua náhuatl:

“Huitzil, es colibrí, yo soy el colibrí” –me dijo riendo- “y lo seré siempre hasta que me muera, yo sí me siento colibrí.”

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Después de estas palabras continuó explicándome en el jardín de su casa:

“Yo ví pelear a un colibrí contra un pájaro que antes había aquí, se llamaba verduguillo, ese pájaro verduguillo comía pájaros, los atrapaba y se los comía. El colibrí lo enfrentaba, no con gran fuerza sino con agilidad, con su velocidad lo picaba cuando quería atraparlo, lo rodeaba y lo picaba”.

Don Lauro, hacía una metáfora de la lengua náhuatl, me explicó que el náhuatl es como el colibrí, pequeño, pero no por eso más débil. El verduguillo que atrapa a aves más pequeñas es la lengua que se impone. Me dijo “creo que ya no hay verduguillos, ya se acabaron, se están acabando esos pájaros, el colibrí sí, sí vienen, hasta los veo diario, a estas horas por acá vienen, los colibrís.” Y señaló las flores de su jardín con mucho orgullo.

Sin duda, su relato me recordaba a un teórico del desplazamiento lingüístico: Fishman (2001), quien señala que las lenguas globales se confrontan a las lenguas locales, éstas últimas tienen como eje fundamental el sentimiento de arraigo de sus hablantes, por lo que una lengua minoritaria es capaz de revitalizarse a partir de la valoración, no necesita ser mayoritaria, necesita ser “como el colibrí”.

Tengo 20 años y soy estudiante de cuarto semestre de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la BUAP. Me gusta la música y mi mayor pasión es el fútbol.

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