Inicia “Campaña de Alfabetización y Trabajo Comunitario BUAP 2019”

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Acompañados de autoridades universitarias y padres de familia, 84 estudiantes de las preparatorias urbanas de la BUAP, así como de algunas licenciaturas, partieron a comunidades de escasos recursos de los municipios de Pahuatlán, Honey, Zacatlán y Tochimilco, para realizar la décimo cuarta “Campaña de Alfabetización y Trabajo Comunitario BUAP 2019”, del 15 de junio al 3 de agosto.

         Durante el banderazo de salida, en representación del Rector Alfonso Esparza Ortiz, el vicerrector de Extensión y Difusión de la Cultura, José Carlos Bernal Suárez, destacó que estas campañas han permitido alfabetizar a más de 6 mil 419 personas en todo el estado y atender a otras 10 mil a través de los diferentes talleres.

 Estas acciones han permitido, dijo, cumplir una doble función: mejorar las oportunidades de desarrollo de grupos vulnerables y facilitar que los estudiantes adquieran conocimientos al incorporar experiencias de trabajo comunitario, compartiendo formas de vida diferentes para adquirir una perspectiva más amplia de su entorno.

         Por su parte, la directora del Centro Universitario de Participación Social (CUPS), Mirta Figueroa Fernández, agradeció al Rector Alfonso Esparza su compromiso y sensibilidad para apoyar esta campaña que año con año acerca a los universitarios a regiones marginadas y demuestra que hay mucho trabajo y conocimiento que puede contribuir a una verdadera transformación social.

         El CUPS organiza estas campañas desde 2014, con el objetivo de enseñar a leer y escribir a adultos que no tuvieron la oportunidad de acceder a la educación. Asimismo se brindan talleres a niños, jóvenes y adultos en distintas comunidades, donde se trabaja en divulgación de la ciencia, preparación de alimentos, apoyo educativo, fomento a la lectura, el arte y la cultura.

         En esta campaña trabajarán durante siete semanas los estudiantes de las preparatorias urbanas, quienes fueron convocados desde enero de este año y a partir de una selección recibieron capacitación durante cuatro meses para que este 15 de junio realicen esta labor social, la cual concluye el 3 de agosto.

La experiencia es lo que cuenta

Benigno, un hombre de 82 años logró por primera vez escribir su nombre, un logro que representó  una oportunidad para reconocerse a sí mismo a través de la palabra escrita. A su nombre le siguió el de su comunidad, Cuautelolulco, y después el de su esposa. Don Benigno, a pesar de su edad y dificultades físicas, mostró entusiasmo y empeño para aprender a escribir, guiado por alumnos de la BUAP, como Sarahí Carmona Sánchez, estudiante de la Licenciatura en Administración de esta Universidad, quien desde que era estudiante de preparatoria de la BUAP colabora en estas jornadas de alfabetización.

          “Fue complicado por sus habilidades, ya que no podía caminar bien y también tenía dificultades con la vista, pero tenía tantas ganas de aprender que a pesar de las dificultades lo logró, así son las personas a las que enseñamos, aunque ellos también nos enseñan sobre las experiencias de su vida y nosotros sobre las letras”, refiere Sarahí Carmona sobre su trabajo en las comunidades.

         Para Alejandro Aguilar Argueta, estudiante de la Preparatoria 2 de Octubre de 1968 y quien ya tiene experiencia como alfabetizador, el trabajo de enseñar a leer y escribir a adultos que por su condición social no tuvieron oportunidades, es un acto de justicia.

          “Lo hago como un acto de justicia, muchas personas de las zonas más pobres del estado de Puebla no pudieron acceder a la educación y nosotros como estudiantes podemos hacer un buen acto y aportar algo a su vida”, asegura Aguilar Argueta.

         “Es un tanto difícil dejar tu casa, salir de donde te sientes cómodo, pero esta experiencia sin duda nos hace más humanos. Hace año estuve con niños como tallerista y me quedé con ganas de regresar. Donde estuve los salones son multinivel porque no llegan muchos maestros y para ellos es difícil, y ahora regresaré como alfabetizadora, quiero ayudarlos a conseguir logros importantes, incluso aquellos que solo aprenden a escribir su nombre, a su edad y en sus condiciones, ya es algo muy significativo”, relata Adriana Hernández Xicoténcatl de la Preparatoria Alfonso Calderón.

         Durante el banderazo de salida de la décimo cuarta “Campaña de Alfabetización y Trabajo Comunitario BUAP 2019”, en Ciudad Universitaria, los jóvenes universitarios ya están listos, han recibido su kit para poder desempeñar su trabajo en comunidades que los alejan de su comodidad, sus padres los abrazan con apego, pero con la confianza de que darán lo mejor y también aprenderán una de las mejores lecciones: brindar al otro lo que tenemos.

A 20 años del sismo de 1999, en pie el patrimonio edificado de la BUAP

El 15 de junio de 1999, un sismo de 6.7 grados en la escala de Richter sacudió durante 41 segundos gran parte del territorio poblano. La mayor intensidad se sintió en la ciudad de Puebla y ocasionó severos daños en el patrimonio edificado de la BUAP: un total de 138 inmuebles resultaron afectados, de los cuales dos requirieron atención inmediata: un edificio de la Facultad de Medicina -que fue demolido- y El Carolino.

 Con la intervención de académicos de la Maestría en Conservación del Patrimonio Edificado, de la Facultad de Arquitectura, así como de otros especialistas, el Carolino fue sometido a diversos estudios, entre estos de Mecánica de Suelos y Geofísicos, para dar paso a los trabajos intensivos de consolidación y reestructuración en enero del año 2000, pues el edificio sufrió severos daños en su estructura, especialmente en la zona del tercer patio.

          Gracias a la colaboración de un amplio grupo de especialistas en varias disciplinas, y  el apoyo de los gobiernos federal y estatal, así como de la comunidad universitaria, fue posible solucionar los problemas arquitectónicos y estructurales del histórico inmueble del siglo XVI, antigua sede del Colegio del Espíritu Santo, hoy en pie a 20 años del citado sismo, orgullo del patrimonio edificado universitario.

Biodiésel de la BUAP, una alternativa eficaz e innovadora para mejorar el medio ambiente.

  • Con su equipo, la doctora Griselda Corro Hernández desarrolló una tecnología basada en el uso de energía solar para producir este combustible

La Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) reconoce cuatro principales fuentes de contaminación atmosférica, de las cuales la emanación de gases tóxicos generada por todas las formas de transporte representa el 80 por ciento del total; es por eso que los biocombustibles son en la actualidad una urgencia y una fuente potencial de energía renovable.

          Esta preocupación ha permeado en la BUAP desde hace casi una década, especialmente en el Laboratorio de Catálisis y Energía, del Instituto de Ciencias (ICUAP), donde la doctora Griselda Corro Hernández desarrolló una metodología económica y eficaz para producir diariamente hasta 250 litros de biocombustible, aprovechando la energía solar como alternativa a los procesos donde se utiliza petróleo, carbono y gas natural.

         Este biocombustible coincide con las modificaciones anunciadas en 2016 por la Semarnat, con la aplicación de la normativa oficial (NOM-044-2017) que establece límites máximos de emisiones, la implementación de nuevas tecnologías y el mejoramiento en la calidad del combustible -diésel.

         La normatividad, que entraría en vigor a finales de 2018, pero que fue aplazada por algunos meses, señala que los motores nuevos a diésel y los vehículos pesados que se incorporen a la circulación en el territorio nacional deberán contar con tecnologías más eficientes y menos contaminantes que las actuales.

La genialidad de la sencillez

Para la producción del biocombustible, la doctora Corro Hernández utiliza aceite reciclado que desechan en restaurantes o lugares donde se hacen frituras. En cuanto al procedimiento, la investigadora reconoce que desde hace muchos años se sabe que un combustible se puede producir con un aceite; sin embargo, la innovación de su técnica consiste en el proceso fotoactivo: es decir, no usa electricidad para los métodos de reacción, sino energía solar.

         “Cambiamos los métodos de reacción, usando procesos fotoactivos que sí nos dan la originalidad. Esto nos ha permitido sacar cinco publicaciones internacionales indizadas y experimentar con otros métodos que han derivado en 14 solicitudes de patente”, refiere en entrevista.

         Su producción representa además de un beneficio ecológico, un ahorro en su producción por el uso de energía solar y por la materia prima, además de que su proceso fotolítico se lleva a cabo mediante catalizadores que se produjeron en este laboratorio del ICUAP.

         En cuanto al proceso de fabricación, Corro Hernández explica que primero se tiene que limpiar el aceite de desecho con un proceso de filtrado y lavado, a fin de eliminar las impurezas para después hacer la reacción de transformación de los triglicéridos hacia los metil ésteres que también son purificados y secados.

        Posteriormente se elimina el metanol de la mezcla, además del agua, para que una vez que se tenga el producto o biodiésel, se someta a un análisis de pureza de acuerdo con normas internacionales que aseguren su uso eficaz y  garanticen que no causará daños en el motor.

          “La idea es brindar alternativas al desabasto de combustibles fósiles, pero sobre todo contribuir a los problemas de contaminación. Se trata de un proceso muy noble que ayudará al medio ambiente, a las especies y por supuesto al ser humano”.

La BUAP crea su planta de producción

Apoyada por la BUAP y por el Fondo Sectorial Conacyt -Secretaría de Energía-Hidrocarburos (SENER), un fideicomiso que atiende las problemáticas y oportunidades en materia de hidrocarburos a través de la ciencia y la tecnología, la doctora Griselda Corro, junto con su equipo, ha logrado la instalación de una planta piloto en el Ecocampus Valsequillo.

         “En el Ecocampus se creó un sistema de producción para que se pueda producir triplicando el volumen de este biocombustible, pues en el laboratorio podíamos generar unos 50 litros, pero en el Ecocampus se pueden producir hasta 200 litros diarios”.

         Para este incremento se adquirieron tres reactores de acero inoxidable, los cuales están protegidos con campanas y cuentan con las medidas de seguridad requeridas. Su vida útil es larga debido al material con el que fueron hechos, mientras que el otro componente que determina el proceso, el Sol, también tiene una vida útil de miles o millones de años.

          La utilización de este biodiesel permitirá al usuario ahorrarse hasta 75 por ciento del costo que invierte en diésel convencional, sin contar con los beneficios que genera utilizar uno que reduce considerablemente los índices de contaminantes emitidos.

         Hasta el momento la BUAP cuenta en su planta piloto con cuatro reactores que producen 250 litros por día. Estos reactores que hacen biodiesel con la luz del sol, no sacan vapores, no contaminan y no  utilizan altas temperaturas, por eso son seguros para el manejo humano.

         Con ellos se puede convertir un litro de aceite de desecho en 1.2 litros de biodiésel, es decir, 200 mililitros más, por los agregados como el metanol, por eso el producto final ocupa más volumen que los reactivos que se ocupan inicialmente.

         En cuanto a la calidad de este biocombustible, la investigadora señala que al finalizar su proceso registra un alto índice de pureza, que ya fue comprobado con análisis cromatográficos que se realizaron en el laboratorio.

Cuánto diésel se consume

Respecto al mercado potencial de este biocombustible,  la Secretaría de Energía informó que en 2018 la demanda de diésel en el país fue de 390 mil barriles por día, lo que equivale 28 por ciento del consumo total de combustibles en México. No obstante, su importación representa el 65 por ciento del total del consumo diario.

         De acuerdo con cifras de Pemex, en México se consumieron entre enero y noviembre de 2018, en promedio, 765 mil 500 barriles diarios de gasolina, mientras que de diésel el consumo diario en litros fue aproximadamente de 53.1 millones de litros.

        Con base en las pruebas realizadas, Griselda Corro asegura que de forma inicial su biocombustible puede sustituir en un porcentaje, y posteriormente en un cien por ciento,  al diésel convencional que emplean camiones de carga, maquinaria de uso industrial y agrícola, además de automotores.

         “Se trata de un combustible que sirve para todos los procesos en los que se utiliza diésel, lo puede sustituir en un 100 por ciento, pero con la diferencia de que no contamina el ambiente”.

           La innovación y la tecnología ofrecen así una alternativa viable, que de implementarse a gran escala, permitiría no solo reducir la importación de combustible,  sino combatir la contaminación producida tanto por las emisiones tóxicas como por el desecho de aceites comestibles que terminan en los afluentes.

Tengo 20 años y soy estudiante de cuarto semestre de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la BUAP. Me gusta la música y mi mayor pasión es el fútbol.

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