Ugly Dolls. ¿Para quién es la lección?

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En medio de la emoción que dejó a los fanáticos el estreno de Avengers Endgame, que se proyectó en cuanta sala de cine había en la ciudad, y el estreno de Aladdín (en su versión de carne y hueso) apareció en los cines “Ugly Dolls: Extraordinariamente feos”. Con un argumento de Robert Rodríguez, sí el mismo que llevó a mostrarnos que Antonio Banderas es el único ser de este plantea (y quizá de otro) que podía hacer de una guitarra un arma mortal en Desperado (Pistolero) de 1995.

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La primicia de la película es muy sencilla, todos los muñecos de peluche que durante la línea de producción sean fabricados con algún defecto, serán desechados.

Esta idea es sumamente obvia, solo que en esta fábrica los juguetes en vez de ir a la basura, a un incinerador o emplear sus partes para ser reusados para la fabricación de un nuevo muñeco, van directamente a Villa Fea, un lugar donde todos los muñecos “defectuosos” que llegan a vivir son felices.

Sin embargo la protagonista de la historia (Moxy) sueña con que un día irá al mundo real y será juguete de algún niño. Esto llevará a Moxy a explorar más allá de Villa Fea junto con un grupo de amigos, solo para descubrir que existe otro lugar donde la “perfección” no solo es un requisito sino una obligación.

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Al margen de la cinta que ha recibido críticas mixtas entre lo sencillo y poco ambiciosos de la misma, pues hay quien considera esa falta de ambición es un error, mientras que otros críticos agradecen la poca pretensión de la película pues se trata únicamente de divertirse, quizá el problema más grade la que se enfrenta es que su estreno fue prácticamente un mes antes de que Toy Story 4 llegue a las pantallas de los cines, y siendo sinceros hay un antes y un después de Toy Story en todas las películas que pretendan hablar de juguetes.

Pero no me interesa reflexionar sobre lo bien o mal hecha de la película, sino de la verdadera lección que puede dejar, vivimos en una sociedad en la que la apariencia se ha vuelto tan determinante que para ninguno de nosotros es extraño saber la preocupación de los jóvenes por cómo se ven, cómo se visten y desde luego, por el tipo y calidad de dispositivos con que cuentan.

Socialmente nos encontramos ante una generación que pondera los nombres de marcas por encima de los valores de los amigos, que prefiere el precio de sus artículos por encima de las relaciones humanas. En un país como el nuestro con los severos problemas de pobreza y desigualdad debemos analizar el tipo de imágenes “exitosas” que mostramos a nuestros niños y jóvenes.

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Evidentemente una película infantil no va a cambiar ni la percepción ni la forma en la que nuestra sociedad se comporta, no obstante desde su poca ambición (o nula) encerrada en un tema quizá más mercadológico por la propia venta de los juguetes, Ugly Dolls  puede bien llevarnos a reflexionar en qué tan importante es “verse” de alguna u otra forma. La intención era dejar un mensaje a los niños, aunque a mí parecer, el mensaje lo debemos entender los padres.

Profesor de la Facultad de Ciencias Químicas de la BUAP, interesado en la didáctica de la Química y la divulgación de la ciencia a través de ejemplos cotidianos y de textos de ficción. Delegado de la Olimpiada Nacional de Química donde busca captar talentos que se interesen por el estudio de la química.

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