VersusLiterario: Comala VS Macondo

Compartir

Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. -Pedro Páramo, Juan Rulfo.

VS

Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el Coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevo a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. – Cien años de soledad, García Marquéz.

Sí se piensa un poco en ambas obras, resulta evidente que no compartan nada en absoluto. Están alejadas una de otra, cuya división no es más que una pauta sinuosa entre la vida y la muerte. En la primera abundan los fantasmas, en la segunda los vivos. La obra de Rulfo indaga, cual si fuese un explorador, en los sentimientos más primitivos del hombre, exponiéndolos así a la superficie de la razón. La obra de Marquéz, por el contrario, rebusca allí entre la vida y el descubrimiento la magia imprecisa en las pequeñas cosas que no vemos pero que allí están.

No soy un crítico, menos aún pretendo serlo, aclaro. Soy apenas un lector voraz que busca, de menos, compartir ciertas apreciaciones locuaces de ambas obras. Por tanto, decir que esto es en esencia un VERSUS sería totalmente absurdo, y a la postre infumable. Así pues, volviendo al tema ¿Ustedes con cual se quedan? (Mientras lo deciden, habría que repasar un poco sus frases más celebres y luego leerlas completas)

“El día que te fuiste entendí que no te volvería a ver. Ibas teñida de rojo por el sol de la tarde, por el crepúsculo ensangrentado del cielo. Sonreías”.

“Se sintió olvidado, no con el olvido remediable del corazón, sino con otro olvido más cruel e irrevocable que él conocía muy bien, porque era el olvido de la muerte”.

“Y abrí la boca para que se fuera (mi alma). Y se fue. Sentí cuando cayó en mis manos el hilito de sangre con que estaba amarrada a mi corazón” 

“Locamente enamorados al cabo de tantos años de complicidad estéril, gozaban con el milagro de quererse tanto en la mesa como en la cama, y llegaron a ser tan felices, que todavía cuando eran dos ancianos agotados seguían retozando como conejitos y peleándose como perros”.

“Hacía tantos años que no alzaba la cara, que me olvidé del cielo”

“En cualquier lugar en que estuvieran recordaran siempre que el pasado era mentira, que la memoria no tenía caminos de regreso, que toda primavera antigua era irrecuperable, y que el amor más desatinado y tenaz era de todos modos una verdad efímera”

Estudiante de Comercio Internacional, colaborador de Cultura Colectiva y un empecinado por ser leído. «Lo que sólo ocurre una vez es como si no ocurriera nunca. Si el hombre sólo puede vivir una vida es como si no viviera en absoluto.» -Milan Kundera

Be first to comment