Ojos de papel

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La vida nos abofetea para enseñarnos que no existe tiempo ni espacio para el ego. Algunas veces, arremete con furia, otras tantas, solamente nos acaricia y premia nuestra curiosidad con hermosas manifestaciones artísticas que enternecen lo que estaba destinado a podrirse.

Muchos artistas dieron sus primeros pasos en la música con pequeños poemas o fragmentos que tenían como destino convertirse en un diario, una novela, o un cuento; pero los mejores trazos trascendieron la escritura para evolucionar en melodías. Las palabras son inútiles hasta que se convierten en música, así lo descubrieron grandes compositores latinoamericanos como el cantautor argentino Luis Alberto Spinetta (1950 – 2012).

Spinetta, reconocido como el “Padre del rock argentino”, tuvo una carrera llena de éxitos como solista y con varios grupos como “El pescado rabioso”, “Invisible” y “Almendra”. Sería este último, con quien compondría una de las canciones más memorables y hermosas de la música argentina titulada “Muchacha ojos de papel”.

El destinatario sería una joven y bella mujer llamada Cristina Bustamente con la que consumaría por primera vez una relación amorosa. El noviazgo duró cerca de dos años y una vez terminado el último verso, el noviazgo se fracturó y ambos siguieron caminos diferentes.

Sin embargo, esta magnífica canción trascendería más allá de su relación. A pesar de la simplicidad y profundidad que llevan consigo por antonomasia las canciones que se alojan en la voz popular, los versos de “Muchacha Ojos de Papel” eran una crítica hacia el amor machista que nace entre un hombre y una mujer que termina, la mayoría de las veces, en resentimiento. Una vez que el afecto adorna y perfecciona los encuentros sexuales, los seres humanos somos incapaces de aceptar la libertad del amante. El apego producido por años de soledad nos confunde y tratamos empecinadamente en que el ser amado tenga una sola historia de amor que atesorar donde nosotros somos los protagonistas.

Spinetta compuso esta canción a los 19 años, cuando la mayoría de los aspirantes a artistas se encuentran en estado virgen, lejos de influencias que vislumbren un camino. Lo cual, resulta notorio, ya que, la canción no tiene pretensiones y sustenta cada línea con sinceridad y ternura que sólo la inocencia juvenil puede presumir.

El poeta francés Stéphane Mallarmé escribió: “La carne es triste y ya leí todos los libros. Es decir, el arte nos aleja del deseo y nos deposita en un estado de tristeza que nos hace descubrir que lo más importante después del orgasmo es su continuación: el amor, la música, la literatura y la memoria. Cuando las relaciones fracasan, los años sólo dejarán consigo los recuerdos que conmovieron las entrañas. Por eso, la mayoría de las parejas que fueron capaces por un segundo de sacudirse el alma, terminan teniendo encuentros y desencuentros pasionales a través del tiempo. La memoria no admite rencores eternos hacia quien nos hizo sentir hasta llorar.

Vivo en un mundo confuso. Tuve que esperar todo este tiempo para descubrir a Spinetta. Todos los aspirantes a escritores poseen como cicatrices instantes que marcaron su destino. Podría mencionar algunos como el descubrimiento del escritor italoamericano John Fante, la música de Leonard Cohen o películas que me han hecho llorar como un niño. El día de hoy, escribo estas líneas para invitarlos a escuchar esta canción que abofeteó mi sensibilidad como una suave caricia en la piel de la muchacha de ojos de papel: del éxtasis sólo queda el recuerdo.

Fundador de la Revista Almadraba. Licenciado en Relaciones Internacionales. Promotor Cultural. Columnista en Diario el Popular, Radio BUAP y Cultura Colectiva.

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