#Galería Ceremonia 2019, no se puede pedir más.

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Como algunos de ustedes lo sabrán, comparto un espacio dentro de la estación, junto a mi amigo Juan Carlos Báez, llamado Suburbios Salvajes. Desde que se anunció el cartel del Ceremonia no paramos de extasiarnos en el programa por lo que sería un evento único, irrepetible. No hay fecha que no se cumpla, ni momento eterno. El sábado pasado tuvimos la fortuna de ser parte de este festival.

La selección fue pulcra, bien cuidada. Pudimos disfrutar de actos nacionales como Clubz. Estos jóvenes de Monterrey vienen moviéndose al ritmo de deliciosos beats; bailables, encantadores, dulces. Su presentación fue un punto de inicio, para nuestra larga travesía. Afrika se nos quedó clavada en la cabeza, junto a Épocas y Popscuro.

Pasamos por un acto que no conocíamos (parte de la magia de un festival). Pussy Riot es todo lo que este momento de nuestro país necesita. Un grupo venido desde Rusia para protestar por los derechos de las mujeres, a través de deliciosas canciones pop y descomunales rolas industriales. Fue una catarsis para muchos de los que estuvimos presentes; nos regalaron un par de pañuelos verdes, que portamos con orgullo. 

No todo fue miel sobre hojuelas, y es que quedamos un poco decepcionados con Little Jesus. Me he declarado defensor de su segundo material, Río Salvaje (2016), pero después del sábado pasado, me daré un tiempo para repensar mi postura. El sonido mal ecualizado, por momentos descoordinados y distraídos. Sentí que cada uno andaba en su rollo. Después de 4 canciones preferimos irnos para recargar pila (tanto de nosotros, como de la cámara y los celulares), se venían los actos estelares.

Hace un año, mientras navegaba por la discografía de Brian Eno, me topé con una melancólica colaboración con alguien de nombre Jon Hopkins, Esmerald and Stone. Devastado fue como me sentí después de escuchar el álbum entero; pero reconstruido después de darle oído a Inmunity (2013) y Singularity (2018). Viví una sinergia dentro de su presentación en el Ceremonia. Combinación de luces, imágenes y gran parte de su material, navegaron por mente y se quedaron aún después del final de la presentación. Por momentos estruendoso, pero cumpliendo con los cánones del IDM, hacer bailar a la pituitaria y brincar a las neurónas. Lo mejor que me tocó presenciar dentro de esta fiesta.

Siguieron las letras grandes del cartel. Rosalía impuso en el escenario y nos dejó perplejos. Una artista de la que si bien no soy fan, sí admiro por su trabajo. Malamente estuvo en todos los charts del año pasado y no es para menos, en vivo varias de las rolas que lo componen sonaron espectacular. Jugó mucho por todo el escenario. Tal vez el momento con mayor gente dentro del Ceremonia. Sufrimos un poco por la cantidad de gente, pero quedamos contentos con su buena presentación. A Massive y a Aphex los dejaré de lado, en unos días Báez (como todos lo conocen) les contará sobre lo que vivimos.

Cerré el día con un par de canciones de The Blaze. Me gustaron, cumplieron, pero el cansancio no me permitió bailar como lo merecía. Recomiendo mucho su Dancehall, uno de mis álbumes favoritos del 2018. Ese es mi resumen del Ceremonia, una experiencia que cada año mejora. Por lo menos para mí, el mejor festival que hay en este país. Esperaré con ganas las siguiente edición.

Mientras la vida me lo permita, seguiré escribiendo y escuchando buenas rolas. * De fondo suena 'Two Steps, Twice', de Foals *

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