El destino de la ciencia mexicana

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Miguel Tenorio Cruz

Los movimientos bélicos desde principios de la historia humana han estado presentes, en el 2019 existen países como Yemen, Afganistán, Arabia Saudí, Irán, Israel, Siria, Nigeria, Sudan del Sur, Camerún y Ucrania  involucrados en conflictos armados. Para el escritor francés Paul Valéry la guerra es “…una masacre entre gentes que no se conocen para provecho de gentes que si se conocen pero que no se masacran”.

¿Se ha desarrollado la ciencia en México durante los conflictos armados?

En México en la sociedad novohispana por ejemplo, las actividades científicas aunque escasas fueron desarrolladas de modo más sistemático a partir de la fundación en 1553 de la Real y Pontificia Universidad de México donde las ciencias matemáticas y astronómicas fueron estudiadas por españoles peninsulares y criollos quienes estudiaban los textos de Aristóteles, Euclides, Arquímedes y Apolonio.

En aquella época uno de los divulgadores del saber científico y técnico fue José Antonio de Alzate y Ramírez quien a través de publicaciones periódicas como el Diario Literario de México (1768), Asuntos Varios sobre Ciencias y Artes (1773) y Observaciones sobre Física, Historia Natural y Artes Útiles publicado en 1787.

Es importante señalar que los primeros obstáculos en el desarrollo de la ciencia en México y su divulgación han sido siempre los conflictos armados como el movimiento de independencia en 1810 y la revolución mexicana etapa comprendida entre 1910 y 1920. Durante el periodo revolucionario ocurre una gran inestabilidad política y escaso desarrollo científico aunque a pesar de todo lo anterior en 1912 se realiza el Primer Congreso Científico Mexicano organizado por la Sociedad Científica “Antonio Alzate” una Sociedad que en 1927 propuso la creación de un “Comité Permanente para Promover las Investigaciones Científicas en México” (COPPICIM).

En 1939 en México se funda el Instituto de Física de la UNAM (IFUNAM) durante el mismo año que estalla la segunda guerra mundial en donde multitud de países movilizaron todos los recursos disponibles para combatir en uno u otro bando.

En 1940 el presidente Manuel Ávila Camacho impulsó proyectos académicos y científicos como la Comisión Impulsora y Coordinadora de la Investigación Científica (CICIC), el Colegio de México, El Colegio Nacional y varios institutos de investigación científica.

Para 1941 se creó, como parte de la SEP, la Dirección General de la Educación Superior y la Investigación Científica que sería dividida en varios departamentos, uno de los cuales, el de Investigación Científica (DIC), tendría la función de coordinar la investigación científica básica, la formación de investigadores y la aplicación del conocimiento científico para la explotación de los recursos nacionales. En 1942 se formó un Comité que propondría al presidente un plan para reglamentar el funcionamiento de la Comisión Nacional de la Investigación Científica.

Se estima que durante el periodo de 1943 a 1950 la CICIC había invertido 116,795 pesos en financiamiento para publicaciones e infraestructura científica, otorgamiento de becas y apoyos a institutos de investigación y universidades. Las becas otorgadas apoyaron la formación de recursos humanos y la investigación básica en las áreas de Físico-Matemáticas, Biología y Astronomía.

A nivel internacional el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) define un conflicto armado como “…un enfrentamiento violento entre dos grupos humanos de tamaño masivo y que generalmente, tendrá como resultado muertes y destrucción material.”

Aunque desde el 2004 hasta la fecha han muerto más de 250,000 personas en la “guerra contra el narcotráfico” y el combate al robo de hidrocarburos (huachicol) en México aún no hay un conflicto armado abierto declarado.

La anterior situación ha derivado en la existencia de zonas peligrosas en el país como la denominada “triángulo rojo” en Cofre de Perote, Sierra Negra y Pico de Orizaba. La situación de inseguridad que prevalece en la región provocó que a partir del 5 de febrero de 2019 se redujeran las actividades científicas de los trabajadores que laboran en los observatorios astronómicos Gran Telescopio Milimétrico Alfonso Serrano y el observatorio de rayos gamma HAWC, ubicados ambos en el Volcán Sierra Negra en el estado de Puebla que el Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (INAOE) tienen funcionando en las inmediaciones del volcán Pico de Orizaba.

¿Cuál es el destino de la ciencia mexicana?

La paz social que necesita nuestro país requiere un esfuerzo político descomunal, para el caso de la ciencia el objetivo de alcanzar la independencia tecnológica del extranjero sobre la base del desarrollo de la ciencia y la tecnología nacionales aún no se consigue y se complica más lograrlo debido a las dificultades que se enfrentan en los conflictos armados; por lo que es urgente pacificar México e implementar una sólida estrategia nacional de desarrollo científico y tecnológico industrial, promover políticas tecnológicas, proteger a la industria mexicana de intereses externos que pudieran ser perjudiciales para su desarrollo y promover entre los industriales mexicanos que incursionen en los campos de alta tecnología y desarrollen investigación en computación, nanotecnología, electrónica o biotecnología, inteligencia artificial o desarrollo de tecnología espacial.

Un asunto bastante complicado pero que vale la pena encarar para cambiar el destino de la ciencia mexicana.

Estación de radio de @BUAPoficial

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