Entre cartas: los amores literarios

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¿No les ha pasado que cuando leen un libro, sobretodo de amor se preguntan que hay detrás? Imaginarse la vida de las escritoras y escritores es una actividad divertida tanto como saber que hacían. En el mundo académico muchas veces se les eleva al punto de semi-dioses de la literatura. No importa mucho si su vida cotidiana fue un desastre.

Sin embargo, la realidad es que esta vida común y mundana es la que en ocasiones impacta por lo humano y cercano en que se convierten. 

Por esa razón te compartimos algunas cartas de amor de varios actores de la literatura, sin explicar más allá nos acercan a su visión del mundo y su forma de adentrarse en él.

1.- Jaime Sabines

A Chepita
27 de Julio de 1948

“Estoy muy enamorado, pero eso no tiene que ver nada con esto. A lo mejor un día de estos dejo de escribirte. O te escribiré solamente cuando tenga deseos, necesidad de hacerlo. No me gustan los trámites, las fórmulas en el amor; no me gustan los compromisos, los juramentos. Si tú quieres escribirme -porque quieres escribirme- cada tres días, encantado. Si yo quiero hacerlo diario, tanto mejor. Pero siempre la cosa espontánea y natural. Quiero ser libre dentro de esta esclavitud. Te quiero, sí, te quiero: pero a medida de que te quiero se me van haciendo innecesarias las palabras; tengo que saber que no es indispensable el decírtelo. ¿Comprendes? Si tú no fueras tú, no diría esto. Podrías salirme con que no te quiero, con que no te comprendo, con que no soy tuyo. Pero tú tienes que ser tú, diferente, exclusiva, única.”

2.-Julio Cortazar 

A Alejandra Pizarnik

9 de septiembre de 1971

“El poder poético es tuyo, lo sabés, lo sabemos todos los que te leemos; y ya no vivimos los tiempos en que ese poder era el antagonista frente a la vida, y ésta el verdugo del poeta. Los verdugos, hoy, matan otra cosa que poetas, ya no queda ni siquiera ese privilegio imperial, queridísima. Yo te reclamo, no humildad, no obsecuencia, sino enlace con esto que nos envuelve a todos, llámale la luz o César Vallejo o el cine japonés: un pulso sobre la tierra, alegre o triste, pero no un silencio de renuncia voluntaria. Sólo te acepto viva, sólo te quiero Alejandra.

Escribíme, coño, y perdoná el tono, pero con qué ganas te bajaría el slip (¿rosa o verde?) para darte una paliza de esas que dicen te quiero a cada chicotazo.”

3.- Isabel Allende

A sus hijos

“Gracias por los abrazos, los besos, las lágrimas, los dolores, los dientes de leche, las cartitas, los dibujos en la heladera. Por tantas noches sin dormir, los boletines, las plantas rotas del jardín por jugar a la pelota. Por mi maquillaje arruinado por ser usado para jugar a la mamá, por las fotos de la primaria…

Son mis mejores medallas. ¡Gracias porque los amo!. Y ese, es el amor que me hace grande.Lo demás es Marketing.”

4.-Charles Bukowski

A Jon Web
4 de septiembre de 1962

“Con respecto a la muerte de mi mujer el 22 de enero no hay mucho que decir, excepto que yo ya no seré el mismo. Quizás intente escribir sobre eso, pero todavía está demasiado cerca. Puede que siempre esté demasiado cerca. Pero aquella vez en el pabellón de caridad, años atrás, una chica mexicana que cambiaba las sábanas me dijo que se iba a acostar conmigo si yo mejoraba, e inmediatamente empecé a sentirme bien.”

5.- Zelda Fitzgerald

A Scott Fitzgerald

“¡Quiéreme!

¿Puedes? Yo te quiero mucho.

El tren regresó por una bella palabra: Alpin-glun. Las montañas se habían cubierto el cuello de tul rosa como ancianas coquetas que se cubrieran las cicatrices y las artugas, y el dorado bajaba las lomas de la colina hasta el lago. Cuando llegamos dijeron que habías telefoneado así que telefoné lo más indiscretamente posible porque no podía soportar no haber oído tu voz, esa preciosa sensación cálida como un masaje emocional. Ay, amor mío, cómo puedes amar a una chica boba que compra queso y pan trenzado a príncipes encantados en el mercado público y se los come en las calles de una ciudad que se asoma a la vida como un reloj de cuco cuando pulsas la nota de reconocimiento acertada.

Te quiero, amor.”

Zelda Sayre and F. Scott Fitzgerald pose for a photo at the Sayre home in Montgomery, Ala., in 1919, the year before they married.

6.-Juan Rulfo

A Clara Aparicio

10 de Enero de 1945

“No sé lo que está pasando dentro de mí; pero a cada momento siento que hay algo grande y noble por lo que se puede luchar y vivir. Ese algo grande, para mí, lo eres tú. Esto lo he sabido desde hace mucho, más ahora que estoy lejos lo he ratificado y comprendido.
Estuve leyendo hace rato a un tipo que se llama Walt Whitman y encontré una cosa que dice:
El que camina un minuto sin amor,
Camina amortajado hacia su propio funeral.

Y esto me hizo recordar que yo siempre anduve paseando mi amor por todas partes, hasta que te encontré a ti y te lo di enteramente.”

7.- Gustave Flaubert

A  Louise Colet

Agosto de 1846

“Aquí, encerrado y solo, he dejado a un lado todo lo que me diste. Tus dos cartas están en la bolsita bordada y las voy a releer en cuanto haya lacrado la mía. No te es­cribo en mi papel de carta habitual, este tiene un margen negro y no quiero que nada triste pase de mí a ti. No quiero provocarte nada más que alegría, y rodearte de una dicha tranquila e interminable, para compensarte un poco por la desbordante generosidad del amor que me has dado”.

Estudiante de Psicología. Desde hace 20 años jugando a ser humana.

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