El impacto psicológico del lugar que habitamos

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Dentro de la vida diaria hay aspectos que son tan cotidianos que pasan desapercibidos como la vivienda. La actividad de la construcción corresponde a la atención a la necesidad vital de refugio y abrigo. No obstante, también se ve inmerso el valor estético y psicológico de dicho espacio.

El hecho de “habitar” un espacio, no sólo hace referencia al compartir lo físico.  También hablamos de un eje rector en el tiempo donde se teje la vida. Sin importar si se trata de lo individual o de la comunidad.

Dicho tejido de vida, tiene relación particular con los “hábitos”, es decir esta conducta que se da de forma repetida y “habitúa” a la(s) persona(s) a un contexto determinado. A partir de esto, la vivienda se vuelve en un instrumento para desarrollar ciertas habiliades adaptativas, por lo que cabe preguntarse si ¿las viviendas cumplen con los requerimientos para cubrir las necesidades básicas y psicológicas?

Puebla, México 05 Enero 2017.- Aspectos del tianguis de juguetes con motivo de festividad de “día de reyes” en la unidad habitacional “La Margarita”. Víctor Hugo Rojas/Síntesis.

El espacio urbano-arquitectonico responde a las necesidades de la cultura propia, pero también se modifican por ella y se convierten como una forma de expresión. Gran ejemplo de esto son la edificación de casas, más pequeñas para familias más pequeñas como es el caso de las familias monoparentales.

La misión de los arquitectos es la creación de espacios físicos y psicológicos que permitan la organización de la vida social. Esta especie de “hábitat” debe de brindar intimidad para la realización de aspectos como el descanso, la alimentación, el cuidado de los hijos, la higiene, el juego, así como las relaciones sexuales.

No obstante hoy en día observamos estructuras arquitectónicas que dejan de lado estos puntos de suma importancia. Falta de iluminación, carencia de aislamiento acústico, colores y materiales sin sentido, carencia de áreas verdes y seguridad, son tan sólo algunas de los requerimientos olvidados para la mejora de la calidad de vida.

El origen de estos problemas tiene que ver con planificaciones urbanísticas deficientes. Generalmente las unidades habitacionales nacen a partir de la necesidad de los procesos económicos. Es decir, la industria moviliza cierta concentración de personas que forman viviendas conocidas como “palomares”, donde el espacio es mínimo.

Muestra de esta situación se ha llevado a los laboratorios, donde a ratas se les redujo considerablemente su espacio vital. En consecuencia se volvieron más agresivas, hasta el punto de llegar a aniquilar a otras ratas vecinas.

Asimismo cabe mencionar la postura de Dr. Eduardo Hall en su libro “The hidden Dimension”, que apunta a la aglomeración como una de las causas que contribuye a la delincuencia, violencia y el delito.

En un experimento similar con ratas, el político John Calhoun en el siglo XVII señalaba que estas si bien tenían una marcada jerarquía en condiciones óptimas de espacio vital, cuando estas eran deterioradas las ratas perdían sus habilidades domésticas, de cría e incluso sexuales.

Todo esto apunta al deterioro del bienestar físico, pero también psicológico, que inevitablemente deteriora el actuar dentro de la vida cotidiana a nivel individual y social. En otras palabras la forma en que se construye nuestro hábitat posee una gran influencia en la creación de problemáticas sociales.

Referencia:

Vera Ramírez, J., Vera Ramírez, M.T., Carmona Gutierrez, S. & Valderrama Hernández, R.(2012). El impacto psicológico en el ser humano en relación con el espacio físico y vital que habita. En Los rostros de la Psicología. México: Fomento Editorial BUAP.

Estudiante de Psicología. Desde hace 20 años jugando a ser humana.

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