Rodrigo Urquiola Flores, un escritor boliviano que ha sido reconocido en Puebla.

Compartir

Hace algún tiempo, por azares del destino, rebuscaba entre sitios de Internet sobre escritores contemporáneos, ni que decir que la lista se extiende a más de cien. Mientras lo hacía, de súbito, me encontré con concursos literarios, tanto dentro de México como más allá de nuestras fronteras.

Argentina, Perú, España, Cuba, una vasta oferta para poder mostrar, desde cualquier trinchera, el mundo que nos rodea a través de las letras. Igualmente, en México la oferta es amplia, pero al revisar me quedé conmocionado por una en específico ¿Por qué habrá sido? Quizá porque la sede era en la ciudad trazada por los ángeles, es decir: Puebla.

El Premio Latinoamericano Edmundo Valadés, donde dicha sede es en Puebla, fue el que me llamó la atención. Es un concurso a cuento corto en donde todos los escritores residentes en América Latina podían participar.

Revisé las bases, hice cálculos matemáticos del tiempo y opté por empezar en el ejercicio del autor y la hoja en blanco, sin embargo, no he venido a hablarles de mí, sino del personaje, la persona que ganó el premio literario. Un escritor paceño, Rodrigo Urquiola.

Rodrigo Urquiola Flores, nacido en la Paz, Bolivia, es un escritor boliviano que ha cosechado varios premios a lo largo de su carrera, tanto dentro como fuera de su país. Cuba, Brasil, Argentina y México, por mencionar algunos, han reconocido la prosa del boliviano.

En México ya antes había ganado un premio en el año 2016. Su novela El sonido de la muralla ganó el Premio Interamericano de Literatura Carlos Montemayor, donde dicha sede fue en Chihuahua. Ahora, para esté año 2018, México lo ha vuelto ha reconocer. Está vez por su cuento Senkata.

Tacharía a Urquiola como un escritor multifacético, lo mismo hace novela, cuento o dramaturgia. Su literatura es vasta y profunda en los temas inherentes al ser humano: La soledad, el olvido y el tiempo. Pero también, escribe de la Bolivia que no conocemos a través de sus ojos, de sus letras. Sin duda, uno de los escritores más prometedores de Latinoamérica.

Me interesé bastante, demasiado, tanto que no dudé en contactarlo y el muy amablemente me concedió una entrevista. Agradeciéndole el tiempo prestado, la presento.

  • ¿Cómo es que incursionaste en la literatura? ¿Qué te llevó a escribir?

Me recuerdo escribiendo desde siempre. Quizás es lo único que sé hacer. O es lo único que me proporciona algo parecido a la felicidad cuando lo hago. Pienso que no sólo se escribe cuando estás frente a la máquina de escribir, se escribe cuando observas, cuando recuerdas, cuando le das una forma a aquello que te rodea, se escribe cuando se lee. Amo leer.

  • ¿Quiénes son tus mayores influencias?

Recuerdo con cariño de aprendiz a grandes cuentistas bolivianos como Óscar Cerruto, Augusto Céspedes o Adolfo Costa du Rels, también a novelistas como Jesús Urzagasti o Claudio Ferrufino. Más allá de mis fronteras a Günter Grass, Gabriel García Márquez, Fedor Dostoievski, Mario Vargas Llosa, Kenzaburo Oé, Samuel Beckett, Albert Camus u Orhan Pamuk. 

  • ¿Cuál es el género en que te ubicas? (Realismo mágico, terror, ficción, etc.)

No me ubico en ningún género. Quizás en mis primeros libros, Eva y los espejos y Lluvia de piedra, parecía que había una cierta inclinación a lo fantástico, pero en realidad era una curiosidad por los espacios oníricos sumergidos en la realidad. Me gusta explorar de diversas maneras. Senkata, por ejemplo, tal vez se encuadraría en el género del realismo. Prefiero no pensar en fronteras a la hora de escribir.

  • ¿Tienes algún tipo de cábala en tus obras?

Creo que van cambiando las cábalas de acuerdo al libro. Mientras escribía Lluvia de piedra, por ejemplo, usaba un abrigo viejo que mi tío compró cuando era niño. Cuando escribía El sonido de la muralla me gustaba tomar café con leche. En mis libros siempre hay perros, me parecen seres muy especiales que, en medio de su silencio, dicen mucho sobre nosotros, sobre nuestra historia, como humanos, somos compañeros en esta soledad que es el mundo.

  • ¿Cuáles son los temas más recurrentes en tus obras? ¿Por qué lo son?

Lo intrincado de las relaciones familiares, la soledad, el mundo de los sueños, el amor que se va, la imposibilidad de volver al pasado, la infancia, la Bolivia que conozco. No lo sé. Quizás uno apenas puede escribir sobre lo que le ha tocado ser.

  • ¿Qué es lo más difícil en el proceso de escribir?

Me parece que renovarse. Si bien uno no es ingenuo y sabe que a lo más que puede aspirar es a escribir un mismo libro toda su vida, cuesta esfuerzo que cada página de este libro diga cosas distintas que la anterior.

  • ¿Libros y autores favoritos? ¿Por qué lo son?

Cerco de penumbras, de Oscar Cerruto, es un libro que me enseñó que era posible, en Bolivia, escribir de otra manera, teniendo mucho cuidado con la estética y respetando los significados más allá de lo social. Sangre de mestizos, de Augusto Céspedes, un libro que me enseñó que es posible discutir la posibilidad de un país vasto y ajeno a sus propios habitantes gracias a la literatura. Hay tantos libros extraordinarios que quizás nunca podría terminar de responder esta pregunta.

  • ¿Has leído alguna vez literatura mexicana? ¿Qué percepción tienes de ella?

El primer libro que leí en la vida fue Pedro Páramo, de Juan Rulfo, cuando era pequeño. De aquella primera lectura recuerdo no haber comprendido nada de nada, pero se me quedaron grabadas en la memoria muchas imágenes, es un libro al que siempre le estaré agradecido y al que vuelvo de cuando en cuando. La literatura mexicana es increíble, vasta, profunda, leí con admiración a varios autores, Carlos Fuentes, Xavier Velasco, Carlos Montemayor, Juan José Arreola, Elena Poniatowska, y varios otros más.

  • ¿Qué prefieres: cuento, novela o dramaturgia? ¿Por qué?

La novela es mi obsesión mayor, es totalizadora, admite la imperfección, es más humana. El cuento me ayuda a repensar muchas cosas, a descansar, sus espacios cerrados son geniales. La dramaturgia es distinta, una lección de silencios, el autor no es ese ente totalizador, se convierte en un personaje más.

  • Si no te hubieses dedicado a escribir ¿Qué habrías hecho?

No lo sé. Quizás hubiera terminado de periodista. Quizás contrabandista. Quizás salchipapero. Quizás taxista. Quizás ya no estaría aquí y no habría necesidad de preguntarse por oficio alguno.

  • ¿Qué es lo que sueñas?

Que el diecisiete de diciembre retorne. Y que retorne bien. Regresar a los momentos en los que me sentí feliz, quizás es imposible, pero para eso son los sueños, hasta para retroceder en el tiempo.

  • Si tuvieras que quedarte con alguna de tus obras ¿Con cuál te quedarías? ¿Por qué?

Ahora que todavía no se han publicado los dos libros en los que vengo trabajando hace tiempo, digo que con El sonido de la muralla, esta novela ganó un par de premios, uno internacional, el Carlos Montemayor, en Chihuahua, y siento que gracias a ella se me ha tomado un poco más en serio en este oficio en mi país, no es sencillo ser escritor en Bolivia cuando tienes cierto color de piel y no vienes de las clases altas, no es sencillo que te tomen en serio, digo.

  • Último libro que te ha marcado.

2666, de Roberto Bolaño, preciosa novela, una lección de literatura.

  • ¿Rodrigo escritor está trabajando ahora en algo?

No podría vivir sin escribir. Trabajo una novela y un libro de cuentos.

  • ¿Qué consejo le darías a jóvenes escritores?

Que lean todo lo que puedan, de todo se aprende, todo es útil.

  • Algo que quisieras decirle a México.

Sólo tengo palabras de agradecimiento para México. Los dos premios que he ganado allá me han dejado sin palabras, han sido alegrías inesperadas. Sólo pude visitar una vez su país, y fue una experiencia bastante grata, espero volver pronto.

Rodrigo Urquiola Flores, un escritor que no se le debe dejar de seguir la huella.

Estudiante de Comercio Internacional, colaborador de Cultura Colectiva y un empecinado por ser leído. «Lo que sólo ocurre una vez es como si no ocurriera nunca. Si el hombre sólo puede vivir una vida es como si no viviera en absoluto.» -Milan Kundera

Be first to comment