#Cinrecomendación: Los amores imaginarios

Compartir

Bajo la dirección de Xavier Dolan, Los amores imaginarios es un película canadiense de 2010, que narra la vida de Francies y Marie, quienes se enamoran del mismo hombre: Nicolas.

Todo comienza cuando lo conocen en una reunión; Nicolas logra captar la atención de los dos amigos. Esto da origen a una especie de lucha por tratarlo de conquistar. Por su parte Nicolas se muestra abierto a las atenciones y caricias de ambos.

Dolan muestra de forma particular la condición humana en el enamoramiento, donde los sentimientos y emociones en combinación con malos entendidos dan origen a estos “amores imaginarios”.

En este sentido se hace hincapié a la imagen o representación que se le otorga a aquella persona de quien uno se enamora. Se muestra la ideología, la naturaleza de la personalidad, los estilos de vida y las expectativas, las cuales en muchas ocasiones son una serie de atribuciones imaginarias que terminan de mala manera.

Por otro lado, es imprescindible señalar que la película muestra la experiencia de unos adolescentes con alma vieja. Sin embargo no muestran precisamente la sabiduría propia de esa edad, puesto que aún recurren a engaños y artilugios para también crear una imagen que logre ganar en el juego de conquista.

La fotografía realizada magistralmente hace entrar al espectador en una atmósfera de intimidad al principio de todo, cuando los tres son uno mismo, y a su vez se torna fría de tonos verdosos para marcar el final de la extraña competencia amorosa.

Por otro lado la música marca el ritmo de la narración y agrega mayor valor a las escenas eróticas. Cada canción añade mayor ilusión y le otorga más pasión a las miradas desafiantes propias de lo irreal del amor.

“Estoy en un café. Lo estoy esperando. Está atrasado. Pero solo por un minuto, así que no es importante. Entonces, el primer paso: amar su llegar tarde. Pienso que eso lo hace más humano, que le da un cierto sex appeal. El segundo paso: chequear mi agenda. Me hago preguntas. Quizás yo me equivoqué. Entonces invento escenarios. Me imagino llegando tarde a otro café. Después miro el lugar en donde estoy y sí, estoy en el lugar adecuado. Pasaron 32 minutos. El tercer paso: me digo a mí misma que no me importa esperar. Me mantengo entretenida, leo. Pretendo que leo el mismo puto párrafo. Voy al baño, después me pido algo más de tomar. Ahora lo odio. Lo insulto en mi cabeza. Pienso en frases que suenen inteligentes para cuando aparezca. Pasaron 39 minutos. Él llega. Sin aliento. Hermoso. El tráfico fue un infierno.

Estudiante de Psicología. Desde hace 20 años jugando a ser humana.

Be first to comment