El librero nuevo

Compartir

 

Hace unos días un nuevo deseo invadió mi mente. Afortunadamente, con el paso de los años, nuestras aspiraciones sentimentales se vuelven más simples con el afán de protegernos un poco y conservar las ilusiones para un momento que quizá nunca llegará. Al observar mi viejo librero que protege mis libros con una puerta grande y cerrada, me di cuenta que estoy despojando de su belleza a todas esas páginas que me han hecho soñar y tener fe en la vida innumerables veces. Un librero nuevo de cedro, con puertas de vidrio o con algún diseño exótico le otorgaría la estética y el grado de importancia que tienen para mí a los ojos de los demás.

Una mañana cualquiera, me levanté ávido de realizar esa compra; antes de partir, me dispuse a leer la sección de cultura del diario El País, de inmediato, llamó mi atención la columna del reconocido escritor mexicano Juan Villoro, la cual tocaba el tema de los severos recortes a las humanidades e inclusive la desaparición de la enseñanza obligatoria de la filosofía y la literatura en países como Japón y España. Al terminar la lectura, una pregunta obligatoria apareció: ¿para qué leemos? Un sin fin de respuestas y un debate innecesario podríamos empezar. Cuántos grandes escritores tendrían alguna frase que despejaría las dudas de los escépticos pero siendo pragmáticos la respuesta sería que la literatura no sirve para nada. Así es, la lectura es una actividad íntima donde se establece un diálogo silencioso con el lector, el cual si es reflexivo, puede tomar lo que le parezca productivo para en el mejor de los casos fortalecer y enriquecer su educación sentimental. Pero, ¿qué importancia puede tener en el mundo actual algo como eso? Precisamente en su aparente futilidad, lo convierte en un acto que enarbola la nobleza de los sentimientos y se aleja de la pretensión con la que actualmente realizamos una acción. Al no tener un propósito específico y tangible, es el principal motivo por el que la lectura sigue siendo una manera de ser libres, sensibles y reflexivos: herramienta valiosa para resistir en una sociedad que opta por mecanizar cada uno de nuestros deseos. La razón por la que somos lectores es una decisión completamente personal. Sergio Pitol (1933 – 2018) decía que abrir un libro produce una nueva tristeza, altera, porque obliga a admitir nuestras incapacidades, y en cierto modo tiene razón, porque nos advierte de nuestras carencias éticas, morales e intelectuales, pero también, un buen texto y el poder de la palabra pueden salvar a una persona del camino equivocado.

El romanticismo podría apoderarse de nosotros y me gustaría agregar que la literatura es un antídoto a la vida diaria, un bálsamo, un aprendizaje constante sobre la condición humana y un medio de conocimiento infinito. En el centenar de páginas que he visto pasar frente a mis ojos, más de una vez he llegado a la conclusión que el mundo se concibe a través del lenguaje y el ser humano encuentra su cárcel en ese infinito mundo de posibilidades que explica el mundo que nos rodea. Es por ello que poner en duda la importancia de las bellas artes, representaría algo parecido a cuestionar los motivos por el que nos enamoramos, hacemos amistades y nos levantamos todos los días en busca de un poco de felicidad. Es motivo de orgullo encontrar en la literatura, la filosofía, música o pintura, los medios para enriquecer nuestra existencia. Es mentira que la lectura nos convierta en seres más inteligentes, simplemente nos da las herramientas para lograrlo y dar voz a los sentimientos más íntimos de los seres humanos. Ser un buen lector crea ciudadanos conscientes, capaces de reflexionar sobre los problemas de una sociedad, listos para tomar decisiones que impacten dentro de su entorno.

La lectura es una analogía de la muerte que enarbola la vida, es trascender y retar al tiempo, es la explicación más cercana del verdadero significado de sentirnos vivos. Necesitaríamos de más de cien vidas para vivir lo que los libros tienen para nosotros. En resumen, ser lector es una continua enseñanza sobre la forma más noble de vivir. La lectura y la imaginación es un claro ejemplo de que la vida no basta, necesitamos más. Como expresó el escritor austríaco Franz Kafka: “Un libro debe ser el hacha que quiebre el mar helado que llevamos dentro.” No hay duda alguna que en un país como el nuestro, lleno de corrupción, individualismo y corporativismo voraz, sólo la educación representa una solución viable para crear mejores individuos. Es por eso que la noticia no me deja de asombrar, así que, he decido conservar mi viejo librero e incluso añadirle un par de buenos candados para que nadie los encuentre y sean testigos de mi sensibilidad.

 

Licenciado en Relaciones Internacionales. Promotor Cultural. Columnista en Diario el Popular, Radio BUAP y Cultura Colectiva.

Be first to comment