El desconocimiento del Performance

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En ocasiones para la mayoría o para aquellos que no están dentro del mundo del arte, el performance pasa desapercibido. En parte esto se debe al desconocimiento de la definición o límites que puedan clarificar que es. Estos límites o el problema de ellos es que el performance posee un campo de acción muy amplio.

El artista del performance puede abarcar diversos aspectos durante su expresión, no obstante esto mismo puede encasillar al performance en algo específico. Sobre todo en el performance no se trata sólo de un actor o poeta. Este tipo de arte requiere de ser escritor, política y cultura; incluye antropología, la cultura popular, lo cívico y religioso.

Un artista de performance convierte su cuerpo y espacio en una crónica viva de una realidad (o varias). Su narratividad busca provocar la ambivalencia de emciones a  partir de la corporalidad. Por tanto  somos capaces de acercarnos a las implicaciones semióticas, políticas, etnográficas, cartográficas y mitológicas del artista, su cuerpo y el performance como tal.

El performance se trata de un arte sin remordimientos, una vez creado el objeto, no se cae en la culpa que muchas veces se relaciona con la destrucción. En consecuencia se valora el uso, desgaste y destrucción de los mismos; un cambio inherente e inevitable.

De ahí que podamos concluir lo que Gómez-Peña señala acertadamente:

“Nosotros somos lo que otros no son, decimos lo que otros no dicen, y ocupamos espacios culturales que, por lo general, son ignorados o despreciados. Debido a esto, nuestras múltiples comunidades están constituidas por refugiados estéticos, políticos, étnicos y de género”.

Referencia:

Goméz-Peña, G. (2005). En defensa del arte del performance. Horizontes antropológicos, 11 (24), 199-226.

Estudiante de Psicología. Desde hace 20 años jugando a ser humana.

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