Del pensamiento a la depresión

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La depresión es uno de los problemas de salud pública que más preocupa a los expertos en salud mental. Tan sólo en México de acuerdo al INEGI 32.5% de la población mayor de 12 años señaló haber tenido pensamientos depresivos (2017). El Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales define a la depresión como un estado de ánimo que se caracteriza por mostrar estados afectivos de tristeza, irritabilidad, anhedonia, desesperanza, decaimiento, impotencia entre otros, de forma constante a lo largo del día, puesto que existe una disminución del placer por aquello que antes lo tenía.

Así mismo a nivel fisiología se presentan cambios importantes, ya que el peso corporal se ve modificado, además de los ciclos de sueño, la fatiga o constante agitación y en algunos casos retraso psicomotor. Por otro lado a nivel cognitivo nos encontramos con una decaída en el nivel de concentración y por supuesto el arribo de constantes pensamientos de muerte.

Precisamente son los pensamientos los que pueden llevarnos a este estado o enfrescarnos en él. En tiempos recientes se ha descubierto que desde muy pequeños, las personas que son más propensas a la melancolía tienden a poseer una actitud más pesimista antes de que la depresión se haga presente.

En alumnos de quinto y sexto grado durante la etapa de entrega de calificaciones se encontró una marcada línea de diferencia en aquellos que habían recibido notas por debajo de lo esperado. Una primera parte las había recibido y mencionado que si bien era negativo, se trataba de algo que podían modificar, mientras que los otros veían al fracaso como un defecto personal que les añadía un sentimiento de impotencia, es decir, se atribuían categorizaciones como “Soy estúpido”, lo cual derivaba en sentimientos depresivos.

Por otro lado se seleccionaron niños de tercero, cuarto y quinto que habían sido segregados por sus propios compañeros y se les realizó un seguimiento. Lo importante de este estudio era observar la forma en que los niños se planteaban el rechazo. Aquellos que se mostraron optimistas lo plantearon como algo que podían cambiar, mientras que aquellos que lo plantearon como una consecuencia de sus defectos tuvieron mayor tendencia hacia la depresión.

Todo esto deja en claro que cuando se tiene escasa convicción de cambio, debido a la falta de control y certeza sobre sí mismo, sé es más propenso a la depresión. Este tipo de pensamiento pesimista es un tanto trágico, ya que la experiencia de la depresión reafirma aquello que se cree sobre sí mismo, reforzando las maneras pesimistas de pensar y limitando el campo de acción de la persona.

Referencias:

Goleman, D. (2016). La inteligencia emocional. México: Ediciones B.

American Psychiatric Association. (2013) Diagnostic and statistical manual of mental disorders : DSM-5. Arlington (VA): American Psychiatric Association.

Instituto Nacional de Estadística y Geografía. (2017). Salud Mental. (INEGI). Recuperado de http://www.beta.inegi.org.mx/temas/salud/

Estudiante de Psicología. Desde hace 20 años jugando a ser humana.

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