Cultura Kitsch: el nuevo arte de consumir

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Los avances no solo han afectado a la tecnología, sino también al arte. ¿Has notado como desde hace unos años, las cosas antiguas tomaron un papel más importante en la actualidad?, esto es por la nueva ola artística: el Kitsch, ¿qué es eso?

Desde su origen, hasta su nueva definición en el diccionario, la palabra Kitsch hoy en día tiene mucha connotación social, no se puede ignorar la etimología alemana la cual etiqueta el termino como “fabricar barato”. Se trata de un concepto estético que ironiza la relación del arte con el consumismo, denotando un mal social el cual, en la actualidad nos remite al concepto: estética de mal gusto pero a fin de todo, que es lucrativa.

Entonces el kitsch ya establecido como un concepto estético y cultural, relaciona la producción del arte “barato o mal fabricado” con el consumismo. Hoy designa y no únicamente a algún artista o consumidor, sino a toda una sociedad. Por la inadecuación estética en general  permite comprender en gran medida las formas de la cultura y el arte contemporáneos, que llenos de producciones alternativas que se relacionan constantemente con el término, ya que existe una dedicación y culto por la promoción de artefactos baratos, sentimentales y muchas veces dirigidos para el consumo masivo.

Todo esto termina desvirtuando el arte estético (independientemente entre lo bello y feo), sin embargo, el kitsch, es arte de la “apariencia por la apariencia”, una desvitalización que los teóricos del método receptivo-estético veían venir.

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¿Por qué?, la respuesta se basaría en un ejemplo contemporáneo: el receptor (supongamos que un grupo de personas), acuden a un museo para contemplar en esencia, lo que los críticos han marcado como “arte”, al salir de su registro visual e interpretativo (tomando en cuenta que esta acción es totalmente subjetiva ya que la lectura y observación es totalmente diferente para cada persona), se encuentran con una tienda de recuerdos, de objetos que representan el arte antes visto (o incluso otros objetos ajenos a la exposición) y por el simple hecho de estar presentados, los individuos deciden adquirirlo, sin comprender realmente lo estético.

Meramente porque actualmente el arte está categorizada socialmente como un camino hacia el buen  gusto, la intelectualidad o por narcisismo, sin comprender que el arte es un medio de comunicación sensorial.

Sin embargo, no se debe confundir que lo feo no es estético, sino que va más allá, se trata de una esencia, pues finalmente el arte –el verdadero arte- es otro método de declaración informática, uno que une las vertientes y que busca meramente la transmisión de una o varias ideas.

En los objetos kitsch que fotografiamos en el centro de Metepec, hay una sobrevaloración del objeto que se opone y una pérdida del sentido profundo de la obra, lo que podría definirse como prefabricación de un efecto sentimental que el receptor parece gozar como experiencia estética “privilegiada”. A lo largo de todo el curso, se ha planteado el ejercicio de contemplar la estética del arte, situación que nos ha preparado para este ejercicio.

Es en la cultura de masas donde coinciden el horizonte de expectativas de la producción kitsch y los múltiples receptores. Podemos hablar entonces de una provocación del efecto. Guillén ha afirmado que mientras las vanguardias tienen una función de descubrimiento e invención, imitan el acto de imitar, el kitsch imita el efecto de la imitación, pone en evidencia las reacciones que la obra debe provocar y elige como finalidad de la propia operación la preparación emotiva del observador, pues en pocas palabras existe una interpretación por la mera manía de hacerlo, ¿qué pasa cuando el arte es lo que es y no lo que se piensa que es?

En el objeto funcional disfrazado de experiencia estética (objeto artístico) aparece el consuelo, la evasión acrítica, la ilusión de la presencia de un valor estético que no existe como tal. El kitsch ya en el contexto mexiquense de Metepec, toma prestados procedimientos y los adapta para ser consumidos.

En este sentido, el adorno nos habla de una producción fetiche en relación a la música, literatura, cine… Nos dice que la relación típica entre el hombre y el producto artístico comercializado, se configura como irreflexiva, no analizable, una mera adoración de un objeto fetiche, que en sociedad se traduce en: mientras más tengas de esto, mejor eres.

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Algunos artistas que retoman los elementos del kitsch en su obra, para mostrar –a los buenos observadores- representaciones ridículas que se alimentan con la imaginaría religiosa, el arte pop, el erotismo, creando una fuerte identidad propia; ironizando lo que antiguamente nació de una ironía. 

Este es, entonces, un arte que va de la mano de un gusto poco exigente o de nivel medio que no tiene una variación hacia lo artístico y se conforma con un contenido pobre hasta llegar a lo vulgar o escaso, eso hace que sea aceptado por muchos seguidores, con la aspiración de ascender de categoría mediante el apoyo de otros artes o corrientes artísticas.

¿Sabrás entonces como identificarlo?, lo cierto es que cuando vayas a un museo y compres una replica del arte, pregúntate si verdaderamente es necesario y no sólo es mero consumismo, pues no querrás que tu casa termine como un espacio acumulativo.

 

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