Tres matemáticos que impactaron al mundo

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Antoine Auguste Le Blanc, John Rainwater, y Nicolas Bourbaki son tres matemáticos que han hecho aportaciones importantes en su momento. El primero sobre la física matemática, el segundo sobre el análisis funcional y el tercero sobre los fundamentos de las matemáticas. Temas muy variados, pero ellos tienen algo en común: no existen.

Antoine Auguste Le Blanc fue el seudónimo de Sophie Germain. Nunca nos cansaremos de escuchar acerca de cómo las mujeres estaban impedidas a estudiar ciencias, y como ellas encuentran la manera de seguir su vocación a pesar de todos los obstáculos.

Sophie Germain (1776,1831), aquella a la que no le permiten ir a la universidad por ser mujer, y tiene que aprender de los libros de la biblioteca de su padre. Para poder aprender más se disfrazaba de hombre y asiste a clases en la universidad de ese modo. Como no puede publicar en su nombre utiliza el seudónimo de “Sr. Le Blanc”. Con ese nombre la contacta el gran Lagrange, que se vuelve doblemente grande pues vence los prejuicios que le impone la época y la toma como su mentor. Comienza correspondencia con Gauss, el príncipe de las matemáticas, pero sin decirle que era mujer. En una ocasión ella intercede por Gauss para que no sea asesinado en la invasión de Napoleón a Alemania, y se descubre su secreto. Gauss le escribe entonces:

Pero cómo describirte mi admiración y asombro al ver que mi estimado corresponsal Sr. Le Blanc se metamorfosea en este personaje ilustre que me ofrece un ejemplo tan brillante de lo que sería difícil de creer. La afinidad por las ciencias abstractas en general y sobre todo por los misterios de los números es demasiado rara: lo que no me asombra ya que los encantos de esta ciencia sublime sólo se revelan a aquellos que tienen el valor de profundizar en ella. Pero cuando una persona del sexo que, según nuestras costumbres y prejuicios, debe encontrar muchísimas más dificultades que los hombres para familiarizarse con estos espinosos estudios, y sin embargo tiene éxito al sortear los obstáculos y penetrar en las zonas más oscuras de ellos, entonces sin duda esa persona debe tener el valor más noble, el talento más extraordinario y un genio superior. De verdad que nada podría probarme de forma tan meridiana y tan poco equívoca que los atractivos de esta ciencia que ha enriquecido mi vida con tantas alegrías no son quimeras que la predilección con la que tú has hecho honor a ella.

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De Nicolás Bourbaki sabemos su nacionalidad, Poldavia, y que no existió, así como su país. Sin embargo, fue gracias a él que desde los setentas los sistemas educativos usaron la teoría de conjuntos en sus temarios. Se había terminado la primera guerra y estaba por iniciar otra. Como muchos matemáticos mayores eran llamados al frente, quedaban muchos jóvenes en la universidad, y fue un grupo de estos jóvenes matemáticos franceses que decidieron usar el seudónimo de Nicolás Bourbaki para uno de los proyectos más ambiciosos de las matemáticas: organizarlas todas, partir de un solo juego de axiomas y de ahí sacar todo lo demás. Algo que teóricamente es posible, pero que en la práctica ha costado mucho trabajo. El poder definir el número uno desde aceptar que el conjunto vacío axiomáticamente es un conjunto ¡les lleva más de cien páginas!

Puedes visitar su página oficial en este enlace y te recomiendo este artículo de uno de mis matemáticos favoritos, Paul Halmos, acerca de Bourbaki.

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Eres un estudiante de matemáticas y recibes un formato en blanco, aparte del tuyo,  para inscribirte en un curso ¿qué haces? Inventas un nombre, John Rainwater,  y lo inscribes en el curso, ¿pues qué más? Y para hacer la broma completa, entregas las tareas que le corresponden al maestro y las entregas bien hechas. Claro, que se lo cuentas a tus amigos y entre todos siguen con el juego, entregando las tareas de John. Aunque el profesor Maynar Asrsove, que daba la clase de análisis real se enteró de la broma, tuvo el buen humor, que debe ser una de las cualidades de un buen matemático, de seguirla hasta el final.

Mas tarde, ese grupo de amigos resolvía problemas de una revista matemática reconocida, y enviaban los resultados a nombre de Rainwater.

Isbell es un nombre muy cercano a mí, en mi tesis de licenciatura, que trataba sobre espacios uniformes, usaba su libro sobre los mismos. Este Isbell escribió los primeros diez artículos serios a nombre de Rainwater. Al revisar como ha impactado el trabajo de Rainwater en el medio, Robert Phelps, biógrafo de Rainwater, platica lo siguiente:

Su artículo más citado, con 19 citas, la última en el 2000, fue el primero, en topología. El sexto tiene 17 citas, el 14 tiene 14 citas… el tercero ha sido citado como el teorema de Rainwater en los libros…

En resumen, es un matemático cuyos resultados son reconocidos por el gremio.

Y como  el trabajo mas citado es de topología, mi mero mole, te dejo un video que habla de lo básico de esta ciencia:

Estos matemáticos no existen, pero sus trabajos son reales y han impactado en las investigaciones de otros matemáticos.

A diferencia de estas personas hay otras que si existen pero cuyo trabajo no tiene el rigor científico que se espera de un investigador.

Por ejemplo, en otra entrada hablábamos de Sergio Cavanero, que exclamaba que en diciembre de 2017 haría un transplante de cabeza. Los médicos y científicos dudaban de sus afirmaciones debido a que nunca ha presentado pruebas de los experimentos que dice haber hecho con éxito. Pasó el fin de año y no se supo nada del experimento de Cavanero.

¿Conoces algún otro matemático que no exista, pero que tenga trabajos importantes?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Divulgador científico. Matemático de formación, apasionado de la ciencia y la tecnología, sobre todo de los robots.

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