La vida líquida de un mundo a prisa

Compartir

El concepto vida líquida surge a partir del trabajo homónimo de  Zygmunt Bauman, sociólogo y filósofo polaco a quien le toco vivir la Alemania nazi en 1939. La vida liquida es resultado de la sociedad moderna líquida que hemos creado y viceversa, pues se alimentan una de la otra de forma recíproca.

La vida líquida no le permite a las personas alcanzar sus logros y o mantenerlos estables por mucho tiempo; puesto que las estrategias de acción envejecen demasiado rápido, caducan y confiar en ellas dejaría fuera del juego a la persona.

Cada vez resulta más difícil hacer predicciones de lo que será el futuro: si bien por naturaleza hay una parte de la que nunca podemos estar seguros intentar hacer cálculos y predicciones es cada vez más arriesgado, dando como resultado un temor inminente. De acuerdo a Bauman:

“La vida líquida es una vida precaria y vivida en condiciones de incertidumbre constante. Las más acuciantes y persistentes preocupaciones que perturban esa vida son las que resultan del temor a que nos tomen desprevenidos, a que no podamos seguir el ritmo de unos acontecimientos que se mueven con gran rapidez.”

Esto nos remite a darnos cuenta que las cosas tangibles e intangibles parecen tener más que nunca una fecha de caducidad tan corta, que en ocasiones nos obliga a tener una carga innecesaria, puesto que parece que los finales simplemente no se logran.

“La información que más necesitan los practicantes de la vida moderna líquida (y que más a menudo ofrecen los asesores expertos en las artes de la vida) no es la de cómo empezar o inaugurar, sino la de cómo terminar o clausurar.”

Bauman señala que en este mundo a prisa se le da más prioridad a olvidar, borrar todo, dejar, reemplazarlo. Por tanto él hace mención de que esta  eliminación de residuos pasa a ocupar los puestos de mando de la economía de la vida líquida y de todo en nuestra sociedad.

Nada puede permitirse perdurar más de lo debido; todo tiene la capacidad de ser desechable: relaciones de pareja, amistades, empleados, información, comida, mascotas, la lista es interminable. Nada en esta nueva sociedad puede detenerse, por lo que siempre se debe estar en busca de la modernidad.

Un punto clave en todo esto es la “destrucción creativa”, donde sin darse cuenta al crear e innovar se destruye algo o alguien; esa nueva creación minimiza otras formas de vida que generalmente no están relacionadas con esa carrera global.

Apostar a la innovación sin ética y sin tomar estos parámetros que hemos ido estableciendo ha traído el crecimiento de una sociedad “de valores volátiles, despreocupadas ante el futuro, egoístas y hedonistas”.

Entrar en este juego de mundo acelerado no es para todos. Bauman señala que aunque todos intenten seguir el camino de personajes como Bill Gates, es poco realista seguir en un continuo aceleramiento debido a que se pierde el valor real de las cosas y las personas, además es más rápida e inevitable la caída.

“La vida líquida es una vida devoradora. Asigna al mundo y a todos sus fragmentos animados e inanimados el papel de objetos de consumo: es decir, de objetos que pierden su utilidad (y, por consiguiente, su lustre, su atracción, su poder seductivo y su valor) en el transcurso mismo del acto de ser usados”.

El tiempo se desfigura en una sociedad de consumo, al carecer de una atención a las secuencias y procesos que implican, al deshumanizar y al creer en la eternidad sin ser consciente de nuestras conductas y posibilidades reales de movimiento.

Referencia:

Bauman, Z. (2005). Vida Líquida. España: Diegoan.

Estudiante de Psicología. Desde hace 20 años jugando a ser humana.

Be first to comment