La turistización de la vida

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Las vacaciones de verano están a la vuelta de la esquina para la mayoría, lo cual representa la oportunidad de encontrar nuevos sitios, adentrarse a nuevas culturas o formas de vida, tener mayor contacto con uno mismo, disfrutar entre muchas cosas más. Sin embargo ¿Cuál es nuestro propósito real de viaje?

Pablo Fernández Christlieb señala en su libro la Afectividad Colectiva que ante el miedo al vacío gran parte de la población decide apostarle todo al turismo con el fin de ganar experiencias enriquecedoras, pero que al final del día sólo son un placebo para ese terror a la oquedad que padece nuestra sociedad.

Como primer punto plantea que las instituciones encargadas de estas aventuras hacia lo “desconocido” son principalmente las “Agencias de Viaje”, las cuales hacen una especie de escena bien montada para sentirse aventurero en un lugar exótico a la par de que, en realidad limitan al viajero al darle todas las comodidades.

No obstante eso no es nada nuevo, lo interesante es lo que plantea Pablo Fernández Christlieb al decir “La venerable institución del turismo nos garantiza que lo desconocido no tendrá nada de misterioso”, puesto que en muchas ocasiones se limita al turista a conocer la esencia real del lugar que visita. Tan sólo imagina viajar desde México hasta China y tener en tu hotel la disponibilidad de un desayuno continental incluido o simplemente comer hamburguesas; eso no tiene nada de sentido si lo que realmente se quiere es conocer una cultura.

De igual forma sucede con los turistas que vienen a México e incluso entre los mismos mexicanos; turistas comen en restaurantes donde los locales ni siquiera han puesto un pie, se paran en el punto turístico que dice el folleto, para tomar las 20 fotos requeridas sin ninguna mirada que no implique estar detrás de una cámara fotográfica o compran artesanías simplemente basadas en la etiqueta, entre más caro, mejor.

“Y por un efecto de agencia de viajes, la realidad entera, con todos sus objetos, ha sufrido el proceso de turistización por donde la gente puede pasar disparando su Kodak automática para no tener que contemplarla”

Pareciera entonces que los viajes y los momentos que nos permiten vivir, realmente no los vivimos, tan sólo somos espectadores a través de un lente que transforma la realidad. El pasado y lo enigmático de la naturaleza se convierten en objetos fotografiados que carecen de sentido y simplemente se acumulan en nuestra memoria como una nebulosa, tal como lo señala Fernandez Christlieb.

Este turismo voraz, se puede trasladar a otras áreas por ejemplo al conocimiento o a la vida misma, donde de un tema cualquiera diversas personas alrededor del mundo se acercan como un “turista curioso”, pero se quedan sólo en la superficialidad, pues no  logran encontrarse con lo desconocido.

Fernandez Christlieb señala que además de la comodidad, en ocasiones la respuesta está en la inmensidad de los objetos: “son tantos los
millones de ellos que resulta impráctico detenerse con ellos más de lo que tarda su registro perceptual”.  De ahí que durante un viaje y o en la vida sea prudente plantearse aquello que vale la pena, para no ir como turista voraz tomando fotos de todos los sitios sin realmente haberlos conocido.

¿Y tú qué tipo de turista eres?

Estudiante de Psicología. Desde hace 20 años jugando a ser humana.

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