Increíbles 2, un viaje hacia el pasado

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El cine como industria es bastante complejo. Dentro de una producción cinematográfica coexisten una serie de elementos inquisitivamente sofisticados. Todo inicia, como en todas las cosas, de una idea. Esto se basa en un principio fundamental de que para hacer hay que creer. Después de haber concebido la idea se deben buscar los recursos necesarios para llevarlo a cabo, y una vez que se tienen estos, llegamos a la etapa de producción. Los factores productivos de la economía deben converger para sí, dentro de sí, y fuera de sí mismos para llevar a cabo el cometido. Tierra, trabajo y capital deben trabajar armoniosamente, deben fluir paralelamente iguales. Tierra en la industria cinematográfica podemos determinarla como: todos aquellos elementos que permiten realizar la tarea; computadoras sofisticadas, programas informáticos,  videocámaras, tecnología para ser precisos. Trabajo en la industria cinematográfica podemos determinarlo como: Todo aquel hombre que le imprime trabajo (valga la redundancia) a la tierra, en este caso a la tecnología; programadores, cineastas, diseñadores gráficos, etc. El capital en la industria del cine podemos determinarlo entonces como: La inversión que se requiere para poder sostener un proyecto en el largo plazo, mientras esté no genere ganancia alguna.

Una vez explicado esto, hablemos ahora de la tan anunciada llegada a la pantalla grande de la última entrega de Disney Pixar, Increíbles 2.

La película que antecede a está es Increíbles, fue estrenada hace ya 14 años, en el 2004. Ganadora de dos premios de la academia y dirigida por Brad Bird, es una historia de una familia con súper-poderes, ¡Increíble! ¿No es cierto?, la verdad es que no. El anhelo incomprensible del hombre por tener un poder sobrenatural ha existido desde siempre, desde hacía ya décadas. Sin embargo, esta película animada por el quizá estudio de animación más importante del mundo, es algo que se cuece a parte, llena de humor y creatividad y aunado al sentimiento de poder diferenciar el bien y el mal, lo correcto y lo incorrecto, hace que  diametralmente converjan los valores fundamentales que está cinta quiere transmitir: El trabajo en equipo, el colectivismo sobre el individualismo, la búsqueda implacable por la libertad, la unión familiar, que lo diferente te hace especial y el no avergonzarse de esa misma diferencia. Todo eso transmite intrínsecamente.

Así que dado eso, el público, los seguidores fervientes de Pixar, e incluso aquellos niños de entre 6 y 10 años que fueron llevados al cine a regañadientes, esperaban con ansias una segunda entrega. Sin embargo está tardó demasiado en llegar, o bien, tardó lo que tenía que tardar y, sin duda alguna, no nos decepcionaron.

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El Marketing de nostalgia juega un rol importante en esto. Pensemos para nuestros adentros, hace 14 años éramos tan solo unos niños y hoy seguro que la mayoría es mayor de edad, algunos quizá tengan ya una familia, el niño que fue llevado a regañadientes al cine ahora lleva a su hijo y se le hace un enorme hueco en el corazón cuando a su lado ya no ve a su madre, a su padre, a sus hermanos, ahora en cambio ve a su hijo, a su familia, a su pareja, o bien a sí mismo, y se da cuenta de que el tiempo efímero ha pasado encima de él y que, sin embargo, ese mismo tiempo congelo a aquellos personajes de un cinta animada en la inmensidad de lo eterno.

La segunda entrega muestra, sin duda alguna, que el mundo ha cambiado bastante en los últimos catorce años, fuera de convencionalismos, arraigada para sí fomentando los mismos valores y al mismo tiempo fuera de sí fomentando muchos otros, es una película que vale la pena ver.

No pretendo dar un Spoiler a nadie, por eso es que escribo con esta sutileza. Veámonos ahora (para aquellos que no la han visto y para aquellos que ya la vieron) sentados en la sala de un cine cualquiera, a lado nuestro la parafernalia que siempre acompaña al espectador: Palomitas, salchichas calientes, soda, nachos y golosinas, la pantalla esta justo frente a nosotros, aún no empieza la cinta ¡Aún siguen transcurriendo esos catorce años!, algunas personas siguen acomodándose en su asiento, ahora los asientos son asignados con anterioridad, antes no era así, recordémoslo. De pronto las luces se apagan y sabes que estás a nada de volver catorce años en el tiempo, en ese tiempo efímero, en ese tiempo que congelo a aquellos personajes de una cinta animada en la inmensidad de lo eterno, comienza el protocolo de siempre de Pixar, la ya tan conocida lámpara de escritorio suprimiendo la “i”, y comenzamos a escuchar el sound-track de la misma, ese sonido de trompetas que huelen a héroe, y así sin más ahora volvemos a tener 10 años.

Estudiante de Comercio Internacional, colaborador de Cultura Colectiva y un empecinado por ser leído. «Lo que sólo ocurre una vez es como si no ocurriera nunca. Si el hombre sólo puede vivir una vida es como si no viviera en absoluto.» -Milan Kundera

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