Consumo ético del turismo

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Las vacaciones están a la vuelta de la esquina, sin embargo en ocasiones durante la planificación (o no) de nuestro viaje, dejamos de lado un aspecto muy importante: la ética. Nuestro país cuenta con una infinidad de sitios turísticos, ya sea por su valor histórico, la riqueza de la naturaleza que posee, su cultura y gente lo que ha despuntado increíblemente la industria del turismo, pero ¿qué implicaciones hay detrás?

En la actualidad nuestros valores han tomado una diferente jerarquización generando que los turistas estén al límite ante nuevos conceptos y formas de establecer contacto con el turismo tal como lo es  el turismo sexual, turismo oscuro, turismo de desastres naturales o turismo en villas de emergencia; todos estos sin duda requieren de un poco de sentido común, pero sobre todo de ética.

Durante nuestra estancia en cualquier lugar que resulte de nuestro interés es necesario replantearse nuestro consumo y mirarlo desde una perspectiva más ética. En esta ocasión hablaremos de dos puntos por un lado el comercio justo y por otro la comercialización de personas a partir de la objetivización.

En primer lugar si bien el marketing puede ayudarnos a elegir nuestro lugar para disfrutar vacaciones, debemos considerar aquello que hay detrás del lugar que estamos visitando y cómo afecta a los pobladores.

Existen miles de ejemplos donde los turistas y organizaciones encargadas de ofrecer servicios turísticos se convierten en el peor enemigo de los pobladores, por el tipo de relación que se ha establecido carente de respeto por los procesos de producción de la población misma o por nula empatía o conciencia de su cultura. Como consecuencia nos encontramos ante un comercio injusto para muchos pobladores y en el peor de los casos la destrucción de su patrimonio histórico, cultural y/o natural.

Por otro lado respecto a la comercialización de personas, resulta interesante puesto que la promoción de ciertos lugares promueve también pasar por alto diversas cuestiones legales tal como sucede en el turismo sexual, sobretodo con menores de edad. Alrededor del mundo se consideran ciertas atractivas playas para el desarrollo de esta actividad sin importar la legalidad, pero resulta alarmante sobretodo la normalización por parte de los pobladores, quienes se guían sin detenerse a pensar en lo ético, al igual que los mismos turistas que siguen fomentando este tipo de prácticas.

La ruptura entre ética y turismo perjudica a los implicados pese escalar en las listas de mejores lugares turísticos. Por tanto vale la pena repensar la complejidad e implicaciones de nuestro papel como turistas o locales; es decir en buscar formas de contribuir a fomentar gratas experiencias para el turismo sin sacrificar el bienestar del sitio y por supuesto sin sacrificar la ética.

Referencia

Weeden, C. (2014). Managing Ethical Consumption in Tourism. Nueva York: Routledge.

Estudiante de Psicología. Desde hace 20 años jugando a ser humana.

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