Carlos Gardel: la leyenda del Tango

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Carlos Gardel, aún después de su muerte el 24 de junio de 1935 en un trágico accidente en avioneta, dejó (y seguirá dejando) una huella profunda en la música, sobretodo en el tango, sin duda alguna por la calidad y calidez de su voz la cual ha sido resgistrada por la UNESCO en el programa “Memoria del Mundo” para preservarse como patrimonio histórico.

Alrededor de su nacimiento se dicen cosas un tanto diversas; al igual que muchos inmigrantes en el sur de latinoamerica e hijos de ellos, Charles Romuald Gardes vio transformado su nombre a Carlos Gardel. Desde muy pequeño vivió condiciones de pobreza que para nada vislumbrarían su acercamiento con Hollywood; sin embargo son las mismas las que lo llevarían por ese camino, ya que la ubicación le serviría como primer contacto con los teatros porteños.

Su formación artística surgió en dichos lugares donde desempeñaba cualquiera trabajo que fuera necesario a cambio de entradas para eventos o escabullirse en los ejercicios de vocalización que tenían los artistas.

Gardel comenzó a cantar semiprofesionalmente en el café de los Traverso y en el comité conservador de Anchorena 666. En ese momento la payada era un boom y todos querían hacer improvisaciones poéticas como esa incluido Gardel, quien carecía del nivel de improvisación para lograrlo, aunque no del talento vocal, lo que le permitió abrirse muchas puertas y construir su propio camino.

Posteriormente en los primeros años de la segunda década del siglo XX se encontró con el uruguayo José Razzano con quien trabajo de forma constante y magistral. Sin importar si se trataba de un dueto, trío o en solitario Gardel dejaba de forma diáfana una nostalgia por Buenos Aires, puesto que pese a alcanzar una fama internacional que incluso lo llevaría a interpretar papeles en Hollywood, nunca dejó de lado su barrio porteño.

Entre las canciones a las que Gardel les dio vida se encuentran: Mi Buenos Aires querido, Volver, Mi noche triste, A media luz y nuestra favorita “El día que me quieras”, que se trata de una adaptación del poema homónimo de Amado Nervo.

El día que me quieras tendrá más luz que junio; la noche que me quieras será de plenilunio, como notas de Bethoveen vibrando en cada rayo sus inefables cosas, y habrá juntas más rosas que en todo el mes de mayo.

-Amado Nervo

 

Referencias

Gobello, J. (1999). Breve historia crítica del tango. Buenos Aires: Corregidor.

Carozzi, M.J. (2003) Gardel el patrimonio que sonríe. Horizontes Antropológicos, 9 (20), 59-82.

Estudiante de Psicología. Desde hace 20 años jugando a ser humana.

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