Fumar, todo sobre un cerebro adicto

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El tabaco al igual que el alcohol son drogas que no tienen el estigma ni el tabú de serlo; su uso  legal y socialmente aceptado de hecho da la libertad de que sea parte de la vida de las personas. La nicotina principal componente del tabaco es reconocida como una de las drogas adictivas más utilizadas en el mundo, lo que no sólo afecta la salud de los fumadores, sino que se vuelve un problema de salud pública.

De acuerdo a la OMS (2008) el tabaco mata 5.4 millones de personas en el mundo y si bien la forma más común de consumir la nicotina es fumando también puede ser absorbida por la piel. Pero ¿Qué sucede en el cerebro?

Nuestro cerebro tiene un sistema de placer, en el cual residen nuestras motivaciones y recompensas. De forma precisa  nuestro cerebro busca realizar actividades que le permitan lograr recompensas, esto se debe a que buscamos preservar nuestra integridad anatomo-funcional y la de nuestra especie, en consecuencia al fumar un cigarro vamos activando ciertas zonas que nos permiten lograr dichos “premios”.

Al consumir un cigarrillo,la nicotina (de 0.5 a 1 mg ) llega en un  25%  aproximadamente al cerebro en los siguientes 8 a 10 segundos después de ser inhalado. y tiene una vida media de dos horas aproximadamente en nuestro organismo.

La nicotina puede ejercer un efecto sedante, dependiendo del
nivel de excitación del Sistema Nervioso y de la dosis de nicotina tomada, lo cual hace experimentar al fumador una sensación placentera. Esto se debe a los receptores colinérgicos de tipo nicotínico, localizados en  el haz prosencefálico medio (Circuitos de recompensa), induciendo la liberación de los neurotransmisores noradrenalina, serotonina y dopamina. Estos neurotransmisores provocan sensaciones más placenteras, se experimenta mayor motivación y el estado de ánimo aumenta.

Algo que resulta curioso es que los receptores nicotínicos en el cerebro están acoplados a canales iónicos, los cuales se componen por subunidades. Los receptores formados por subunidades α4 – β2 se desensibilizan lentamente en tanto que los que están formados exclusivamente por subunidades α7 se desensibilizan rápidamente.

Esto significa que cuando en un individuo prevalecen las subunidades α4 – β2, una misma dosis de nicotina ocupa un receptor por un período de tiempo mucho más largo y, por tanto estará menos ansioso por fumar mientras que aquellos individuos que tienen subunidades α7 de
receptores  están más libres y “requieren” ser llenados con más frecuencia, lo que se traduce más  cigarros. 

Esta ansiedad que se puede experimentar al fumar que debe a que también se activa el cortisol en nuestro cerebro, causando estrés ante la ausencia de nicotina que estimule nuestro circuito de recompensa

Dentro de los factores que inducen a las personas a consumir por primera vez encontramos aspectos socioculturales y genéticos, sin embargo la lucha contra el cigarro suele resultar difícil, puesto que existen desencadenantes o estímulos externos que no están relacionados propiamente con las propiedades farmacológicas de la sustancia, por ejemplo: canciones, un encendedor, alguna película entre otros.

Es innegable que la nicotina (de alguna y otra forma) actúa como reforzador positivo directo para incentivar que vuelva a ser consumido; en otras palabras, la conducta queda reforzada por sus consecuencias; se trata de un condicionamiento operante que fomenta la dependencia y adicción. Por consiguiente se debe apoyar a aquellas personas que busquen dejar su adicción teniendo en cuenta la ayuda profesional.

 

Referencias:

Méndez Díaz, M., & Ruiz Contreras, A., & Prieto Gómez, B., & Romano, A., & Caynas, S., & Prospéro García, O. (2010). El cerebro y las drogas, sus mecanismos neurobiológicos. Salud Mental, 33 (5), 451-456.

Pérez Cruz, N., & Pérez Cruz, H., & Fernández Manchón, E. (2007). Nicotina y Adicción. Un enfoque molecular del Tabaquismo. Revista Habanera de Ciencias Médicas, (1).

Estudiante de Psicología. Desde hace 20 años jugando a ser humana.

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