El alcohol: el mexicano y su herencia milenaria

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Se puede comentar mucho sobre los textos del periodo de la Revolución o aquellos que evocan este movimiento armado que suele posicionarse desde 1910 a 1920 en México, ya que fue el periodo histórico bélico del cual se logró documentar –esto porque  la invención de la cámara que permitió un acercamiento más fidedigno a figuras emblemáticas, o población en general que participaron en el acontecimiento; además del interés por los intelectuales por retratar con palabras cada una de las muchas vertientes que sucedieron-. Existe una herencia cultural que la Revolución nos ha permeado, mucho más que mencionar a sus personajes históricos –como Emiliano Zapata, Pancho Villa, Porfirio Díaz, entre otros- o los grandes discursos que se firmaron en los Planes, se trata de una herencia que se adoptó –como suele pasar- en la vida cotidiana del mexicano, sin atender su clase social o poder económico: el alcohol.

El tequila, el mezcal, el pulque, el aguardiente… La lista que se puede enlistar en bebidas alcohólicas que se identifican como símbolos de la mexicanidad son muchas, es casi imposible –incluso- imaginar que en una fiesta mexicana carezcan las bebidas alcohólicas, pues hasta arquetípicamente para los extranjeros, el mexicano es una figura que se encuentra en el suelo, dormido, con sombrero, nopales, mariachi y su botella de aguardiente.

¿Qué tiene que ver el alcohol, con la Revolución Mexicana?, en realidad se deben tomar en cuenta los textos que retratan la vida cotidiana de los hombres que acudieron al campo de batalla, pues más que el estado de “ebriedad” servía para varias funciones: olvidar el hambre, dar valor a los campesinos-que carecían de conocimiento inicial de armas o estrategias militares-, mitigar el cansancio y evidentemente el recreativo –esto porque finalmente estaban reunidos en grupos de varios hombres, entonces la convivencia entre ellos atendía obviamente a respuestas sociales-, es entonces que también influía los estados de ánimo que abundaban, pues como se ha retratado, eran hombres que dejaban el corazón en cada pueblo, es decir que no pertenecían a ningún sitio, es así que el mal de amores, o la nostalgia de la lejanía de sus casas y su “primer” mujer con sus hijos atribuían al gran consumo de estas sustancias-. Es por ello que no es extraño ver que en las festividades oficiales, sobre la patria o identidad mexicana como la Independencia, la batalla de Puebla, bodas, cumpleaños, comuniones… siempre esté presente “la copita”, ya es un legado milenario.

En la antigüedad, con los grandes imperios, como el Azteca, incluso ya se practicaba el consumo de bebidas etílicas, aunque eran siempre más de uso exclusivo para los sacerdotes y el tlatoani, pues tenía una connotación de ritual, ya que evidentemente colocaba al hombre en un estado de euforia o concentración, combinado con otras sustancias provenientes de plantas, provocaban un acercamiento con los dioses-según la cosmología-.

 

Entonces, el alcohol ha estado presente en la historia mexicana, desde tiempo milenario, actualmente el tequila –por mencionar el producto mexicano más comercializado por el mundo- ha adquirido grandes posicionamientos, siendo así ya un patrimonio para la humanidad según la UNESCO, pues no puede pasarse por alto que al menos para los estados del norte es la bebida que se retrata, mientras que el pulque, era la bebida más popular para los estados del sur y centro, una bebida que ha resistido las malas caras de la historia, pues en el porfiriato, era un vicio catalogado como un vicio social inmundo, tanto que se descalificaba con mitos sobre su elaboración –el uso de excremento para su producción, por ejemplo, eran campañas que se emplearon para erradicar su uso-, incluso reemplazar el pulque por refrescos o cerveza que en la época eran considerados productos sanos, debido a su bajo o nulos grados de alcohol, afortunadamente, es un producto que aunque en baja cantidad, continua elaborándose y que siempre refiere a memorias de un pueblo.

Entonces se puede comprender un poco el legado que el alcohol nos ha permitido y como fungió como un elemento fundamental para la Revolución y la historia mexicana, no considero que sea una

Imagino, que actualmente si las mejores historias nacen de una noche de “fiesta”  y con una botella, anteriormente esto debió unir a los hombres, cuando no se encontraban en lucha, y agradecemos mucho el legado, pues no imagino las emblemáticas escenas de Pedro Infante o Jorge Negrete sin una botella, borrachos y entonando las canciones que también forman parte de toda esta herencia cultural, pues no importa con que bebida se decida brindar, lo importante es que en una buena reunión, no debe hacer falta la copa, aunque claro, siempre es importante recalcar que la responsabilidad del consumidor está sobre la mesa y siempre debe realizarse con responsabilidad, también recuerda que hubo muchos hombres y mujeres que brindaron por una causa, a ellos habría que dedicarles un buen ¡salud!

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