Aprendiendo a vivir en el transporte público.

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Viajar en transporte público es de las cosas más exóticas que experimentamos los mexicanos a diario. Aún recuerdo esas primeras veces en las que de pequeño tomaba el autobús, cuando el auto de mamá se descomponía, rumbo a la escuela. En ese entonces no dimensionas la magnitud de rutas que circulan por la ciudad y la cantidad de recorridos que podía armar para llegar a determinado sitio. El ser de escasos años de edad y (en algunos casos) estar controlado por el labor del auto privado, te evita involucrarte del todo con este vertiginoso modo de viajar.

Son pocos los padres que se atreven a dejar subir solos a sus hijos, en los también nombrados colectivos, a temprana edad. Es muy probable que a partir de los 11-12 años, cuando estas cursado 5to o 6to año de primaria, subirte al autobús se convierta en una solución para llegar a tiempo a clases y que tus padres pudieran aprovechar más el tiempo para sus labores (o flojear, como en algunos/varios casos).

I

Ya en la secundaria se vuelve recurrente, tanto en privadas como en particulares, comenzar con la experiencia de estar viajando junto aun grupo de personas desconocidas, con la conciencia sobre de donde sales y a dónde vas. Ese es uno de los momentos más importantes en la vida de cualquier joven. Se acabaron los recorridos con mamá bajándote los ‘gallos’ que sobresalen del parietal o las lágrimas tras jalarte las greñas hasta formar un par de (pseudo) trenzas. Realmente es ahí cuando pasas de ser un niño a un adolescente (y no, la barba no lo es; muchos estamos cerca de los 20, estudiando y trabajando, y apenas se asoman 3 pelos en la parte baja de los cachetes).

Viajar se vuelve en algo único. Comienzas a dimensionar lo que es tener que moverte por tu cuenta y la responsabilidad que implica hacerlo. Uno va calculando sus tiempos. Con la experiencia ya sabes a qué hora pasa y a que hora llega al destino requerido, el camión de tu selección. Dependiendo la zona, caminas una cantidad determinada de metros para poder llegar al lugar donde podrá detenerse la ruta deseada. “Combi” o “Camión”, Original a versión “-a”; verde o roja; cada una tiene un rumbo específico y tomar la incorrecta te traería problemas como gastar de más y/o llegar tarde a tu destino.

II

La interacción con seres desconocidos comienza desde el momento en el que ocupas aquella banca metálica, en espera de tu camión. Cuando se acerca el transporte deseado, varios brazos se levantan al mismo tiempo, unos más adelante que otros, para indicarle al chofer que se detenga. Entregas el dinero al hombre al volante; este puede o no entregarte un boleto, con el cual podrás hacer supersticiones a posteriormente sobre tu vida (aunque en realidad es sólo tu seguro de viajero); es ahí cuando la experiencia surrealista comienza. Conoces un lenguaje que ni en casa, ni en la escuela te enseñarían. Palabras y frases como “baaaajaaan”, “me permitiría sentarme”, “no traes ganado”, “pi$%&e conductor c@#&ón”; y la más famosa, aquel conjunto de sílabas que ha acompañado a los mexicanos por generaciones, probablemente la grosería de mayor fuerza que han escuchado nuestros oídos de origen azteca: “ch$%*$a tu madre”.

El sentarte puede volverse en la hazaña más grande de tu vida. Algunos afortunados logran subirse desde que el camión sale de su base, pero otros sufren la agonía de tener que ir de pie. Dependiendo la ruta, puedes tener la suerte de ir cómodo en un asiento; es más hay algunos que  se topan con la gloria máxima del día: asientos para una sola persona. No más tener que soportar a bebés llorando; que las bolsas del mandado, del de junto, te aplasten junto a la ventanilla; o peor aún, tener que soportar en tu hombro, la cabeza de alguien que se jeteó en pleno trayecto.

De hecho ir sentado te libra de problemáticas aún peores. Caerte por no ir bien sujetado en un vehículo a más de 40 km/h puede causarte severos golpes, lesiones y fracturas en las costillas, brazo, ante brazo, piernas, etc. Sin embargo, eso no es todo. En un autobús lleno, el contacto físico con alguien se vuelve natural. Mientras las personas bajan, circulamos en el mismo para dejar ingresar a nuevos a pasajeros; en esos instantes es normal ser rosado (involuntariamente) por otro u otra; el problema se da cuando algunos vivos abusan de la situación para extender, de más, algunas partes de su cuerpo (acto que es considerado delito). Tal vez es momento de seguir los pasos de los camiones que circulan por la carretera, que, a partir de la nueva década, ya no permiten ir de pie a ningún pasajero.

III

Tal vez el peor de los males del bus (que de hecho es un problema general en el país) es sufrir actos en contra, por culpa de la delincuencia. Y es que muchos descubrimos lo que es ser asaltado en el ‘micro’. Puede que te bolseasen sin que te dieras cuenta o que descaradamente te amenacen con un arma fuego,  sólo para quitar el poco dinero de tu bolsillo y el teléfono celular.

Aunque bueno, no todo es malo. Y es que en este medio de transporte un factor que puede convertir tu recorrido en una experiencia agradable o en el peor de los momentos de tu día, es la música. Uno puede revisitar varios recuerdos y se puede dar cuenta de que no hay género que no se haya escuchado en un camión. Ya sea el reggaetón barato, las sabrosas cumbias, las baladas depresivas, las rolas hardcore para mover la cabeza o las canciones indie para dedicarle a tu acompañante; todos son al autobús como el autobús a los mismos.

 

Ya sea que le digas camión, autobus, transbus, combi, bus, chiva, colectivo, bondi, pesero, micro, urbano, rapidito, etc; este, como muchas otras cosas en la vida, es un reflejo de lo que sucede en la sociedad. Reúne muchos rasgos culturales y problemáticas sociales, que transitan por nuestras ciudades día a día.

Estudiante de 18 años, me gustan los deportes y la música, acompañados de buena comida. Mientras la vida me lo permita, seguiré escribiendo.

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