Sueño en otro idioma (2017) y la visibilidad del México indígena en el cine contemporáneo

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Esta película cuenta la historia de Martín, un joven lingüista que se adentra en un pueblo remoto del estado de Veracruz para estudiar el Zikril, una lengua indígena que ya sólo cuenta con dos hablantes: Don Evaristo y Don Isauro, quienes fueran amigos de jóvenes pero que ya no se dirigen la palabra desde hace cincuenta años. Para que el estudio esté completo, Martín deberá reunir a ambos octogenarios para limar asperezas del pasado y que así colaboren con él a conservar su lengua ancestral.

Lo anterior es la base argumental de la cinta, y se explica en los primeros diez minutos del metraje; pero esto es sólo el pretexto para hacer una radiografía interesante al México indígena: una parte de nuestro país que poco se representa en medios como el cine. Esta producción aborda también otros temas sutiles pero a la vez complejos que otorgan una ambientación apropiada de una comunidad rural mexicana: la constante contraposición de “lo moderno” contra “lo indígena”, los atrasos tecnológicos de la zona, la fuerte conexión que existe con la naturaleza, el machismo imperante y opresor, el papel primordial de las culturas ancestrales en la vida de los habitantes, la migración a los Estados Unidos, así como la innegable presencia de una mentalidad religiosa que impacta en rechazar lo nuevo y lo diferente.

La estructura narrativa no-lineal de la cinta fue uno de los pilares más importantes para construir una historia tan bien contada y con tanto corazón: una misma secuencia presentada en dos ocasiones causa distintos sensaciones en el espectador, ya que en la segunda vez se ha añadido contexto importante para comprenderla de forma distinta y más íntima. Igualmente la elección de eliminar los subtítulos que debieran explicar a la audiencia las conversaciones en zikril de los protagonistas, son omitidos para transmitirle al espectador una sensación similar a la que tiene Martín al enfrentarse a una lengua nueva.

Sin duda, esta película es una de aquellas historias que se quedan impresas en las mente del espectador: desde la historia que refresca a las incontables comedias románticas mexicanas à la Cenicienta/María la del Barrio (el rico quiere a la pobre y viceversa), pasando por la increíble fotografía de Tonatiuh Martínez hasta las actuaciones tan sutiles y tan llenas de sentimiento de los actores veteranos.  Y como dice Martín en un punto clave de la historia: no hay palabras en ningún idioma para agradecer que esta película haya sido creada, y que sean Ernesto Contreras (director), su hermano Carlos Contreras (escritor) junto a Tonatiuh Martínez (cinematógrafo) quienes nos entreguen una carta de amor a México y a sus lenguas indígenas dando como resultado un producto visualmente impresionante, conmovedor y que demuestra estar hecho con mucho cariño.

Háganse un favor a sí mismos y corran al cine más cercano para ver Sueño en otro idioma: una joya del cine mexicano contemporáneo.  

Por las mañanas estudio Lingüística y Literatura Hispánica; por las noches le juego al cinéfilo y también salvo al mundo un tweet a la vez.

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