#Recomendación ‘Cérès’ – Ramona

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Siempre que me preguntan sobre las bandas nuevas en México que (realmente) hacen trabajos provechosos, me termino refugiando en Porter (el nuevo), Rey Pila, Hello Seahorse, Little Jesus, Felipe El Hombre o Caloncho. Es difícil destacar en un ambiente complejo, en el que es necesario tener al menos un hit que pegue en la radio, para así poder alcanzar un lugar en el pequeño nicho. El año pasado me topé con dos gratas sorpresas, que vale la pena repasar. Curioso es que ambas son de Tijuana. Una es Vaya Futuro, la otra Ramona. El día de hoy haremos inflexión en los últimos y en su reciente álbum, Cérès.

Fue en el 2015 que conocimos a Jesús Guerrero (voz y trompeta), Joel Dennis (guitarra), Edgar Moreno (bajo) y Omar Córdoba (percusiones), con álbum debut La Segunda Luz del Día, bajo el sello Pan Dulce Productions y Cósmica Records. En esa primera entrega vimos a unos tijuanenses algo atados, dejándonos interesados, pero no del todo satisfechos. Un lento pop de guitarras con letras románticas, tendiéndose a las baladas. Pegaron con rolas como Tristes Ojos y Vete con Él, ganaron un lugar e hicieron pedir aclamos de algunos escuchas, por un segundo compendio.

Sueltos, más arriesgados y sin miedos a intentar cosas diferentes, es la forma en la que Ramona se presentó con Cérès. Un compendio de 12 cortes en el que estos jóvenes se atreven a viajar por rumbos soníricamente lisérgicos, manteniendo un toque dulce pop y enalteciendo que el ser romántico, no es caer en lo cursi, más bien hacer la lírica tuya. Podríamos decir que el inicio es algo tropezado. Ojitos Soñados podría ser de las canciones de mayor alcance en los charts de las plataformas digitales, pero no lo en lo mejor de Cérès. Una balada simple y sin mucha de la esencia que vemos en el trabajo completo. Sin embargo, es imposible sucumbir ante ese delicioso sintetizador, que cae como cascada en forma de cortina. El mismo caso se da en el 6to track, sólo que con un bello toque de funk en las guitarras por ahí del último tercio.

Bastaron los casi cuatro minutos de Tranquilízame para entender que lo que buscaron los de Baja California, es visualizar el álbum como un todo. Durante sus más de 40 minutos te sientes inmerso en filtros de un solo color, disperso en distintas tonalidades. Aumentan el contraste; bajan el brillo; se difuminan los matices; pero siempre poniendo en primer plano un estilo monotamente bien armado. De hecho, no está de más aplaudir la producción bien pulida de los hermanos Kenji y Seiji Hino.

El viaje es un lujo. De entre las paradas más bellas están Mi Piel Respira Tu Piel, desde su sublime inicio entre riffs estridentes y esas aperturas con la trompeta; Colores, la que, incluso, podríamos considerar la mejor de todo el camino, con el dulce y fluido sonido del majestuoso sintetizador, que da vueltas por los aires a placer, mientras intentamos encontrar la bien oculta estructura de la misma; Mateo es el momento más alto, dan ganas de decirle al chofer “deténgase aquí, que no quiero dejar de bailar”, sólo por ese bello ritmo en la primera parte y el vórtice de la mitad de la composición, aunado a la voz de Guerrero incitándonos a correr y correr. El cierre está al nivel (Gabina), más de tres minutos de una historia de synth pop melancólico sobre el adiós.

Tal vez no hablemos, por ahora, de un nuevo puntero de la escena; pero sí de un grupo de jóvenes más preocupados por explorar sonidos y brindar algo distinto al escucha. Esto es Cérès, un paso bien dado con el que Ramona levanta la mano con el argumento de un trabajo honesto y bien definido por la cara en la que se le observe.

Estudiante de 18 años, me gustan los deportes y la música, acompañados de buena comida. Mientras la vida me lo permita, seguiré escribiendo.

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