Octavio Paz y las máscaras mexicanas

Compartir

El escritor mexicano Octavio Paz mostró un profundo interés por el país, lleno de contraste que en muchas ocasiones parece carecer de sentido y por su gente; la gente que lo habita y hace posible este Mexico surreal. La psicología del mexicano que brota del análisis de su obra “El Laberinto de la Soledad” deja en claro muchas de las rupturas individuales y colectivas cubiertas por máscaras que cada uno de los personajes de esta estampa cultural ha ido adaptando.

Para el escritor los mexicanos parecen experimentar un constante distanciamiento con la realidad; el mundo no sucede para ellos ni en ellos; el mexicano esta alejado de lo que sucede a su alrededor y esta alejado de si mismo.  Ya decía Tomás Ibañez que el lenguaje construye verdad y así lo demuestra Paz cuando pone en manifiesto parte de nuestra forma de vivir el lenguaje.

Rajarse. ¿Qué es rajarse? Octavio Paz menciona que nuestro ideal de hombría  consiste en no hacerlo “no rajarse”, en defendernos del mundo exterior, para no mostrar debilidad. Así que el ser humano se va tornando en un ser hostil que impide abrirse así mismo y hacia los demás.

Esa máscara de macho esconde también recelo, la confidencia hacia el otro  nos deja en solitario ante un abismo abrumador, por lo que la confianza se torna en una especie de peligro inminente: “El que se confía, se enajena; “me he vendido con Fulano”, decimos cuando nos confiamos a alguien que no lo merece”. Eso es rajarse.

Todo este análisis que Paz va elaborando deja en manifiesto la postura de un macho hermético encerrado para sí, pero sin estar en sí mismo; el control de aquello que siente, el aislamiento y la superficialidad con la que se va construyendo va aumentando la brecha en su persona.

“Si en la política y el arte el mexicano aspira a crear mundos cerrados, en la esfera de las relaciones cotidianas procura que imperen el pudor, el recato y la reserva ceremoniosa”.

Estas pautas de acción nos enmascaran en un miedo que se expresa a través del actuar y la apropiación de nuestro cuerpo. Paz señala que la concepción del recato femenino va ligado a la objetivación de la mujer a merced de los deseos del hombre, donde indistintamente se le atribuyen valores que la mujer conserva y transmite a partir de su propia máscara:prostituta, diosa, gran señora, amante. Así la mujer queda como reflejo de la máscara de hombría (o a merced de esta), un simple medio de la acción: “La feminidad nunca es un fin en sí mismo, como lo es la hombría”

Todas estas actitudes terminan por confirmar lo cerrado de una colectividad. Estos mecanismos defensivos buscan a través de una falsa imagen protegernos del exterior, no obstante lo único que logran es engañarnos a nosotros mismos:

“La mentira es un juego trágico, en el que arriesgamos parte de nuestro ser”.

¿Cuál es tu máscara?

 

Referencia:

Paz, O. (1959). El laberinto de la Soledad. México: Fondo de Cultura Económica

Estudiante de Psicología. Desde hace 20 años jugando a ser humana.

Be first to comment