¿La realidad?

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“Más valdría que un hombre hiciera lo que quiere y fracasará, a que se convirtiera en un exitoso Don nadie”.

— Henry Miller

El individualismo y la autoestima desbordada de nuestra época, en parte, consecuencia, del mundo mediático y desconectado —diría yo— en el que habitamos, a través de las redes sociales y demás medios de comunicación, ha causado eclosión, no sólo en los seres más despreciables de una sociedad, sino también en el medio cultural. El ser humano, bendecido con un poco de instrucción sentimental y literaria, conocedor de la naturaleza humana, al tocar el éxito, —en su mayoría—, no responde de manera diferente a los personajes más criticados de las notas rojas de los periódicos.

Es entendible la decadencia cultural que vive el país, cuando varios sectores de la clase intelectual actúan de la misma forma que nuestros políticos o las estrellas porno. No hay duda que, sólo se forma la grandeza en la adversidad. Si la fama y el éxito tocan a nuestra puerta, hay que mirarlas con desconfianza, para que la literatura, nunca pierda su valor. ¿Pero cómo atender el problema, si nuestros héroes nos han decepcionado?, ¿En quién podemos confiar?

La deslealtad vive en los recovecos más íntimos de nuestra convivencia y ante un escenario tan desalentador, las explicaciones son muchas y la respuesta, parece encontrarse en la naturaleza humana, la cual tratamos de ignorarla, para mantenernos optimistas sobre un futuro lleno de personas en quien podamos confiar.

Podemos notar cientos de veces, como las relaciones basadas en la atracción, el deseo, el cariño o la empatía, se ven nubladas por el despotismo y la necesidad de estar por encima del otro; instruyéndonos con ello, a permanecer alertas en nuestro vida laboral y social. Es decir, ¿cómo podríamos confiar en el sujeto de la acera contigua, si el ser más amado nos ha traicionado?

Pero, la trampa se encuentra en que la deslealtad en relaciones personales no tiene que ver necesariamente con la fidelidad, pues podríamos considerar que el amor, puede estar cimentado en diferentes aristas, mediante el consenso previo y la mentalidad de las dos personas. Sin embargo, en cuestiones sociales es inadmisible tropezar con los ideales que nos hicieron levantarnos de la tumba alguna vez. Un escritor sin compromiso social, no se diferencia mucho de un bloguero, youtuber o demás botargas mediáticas, si su capacidad de crítica y reflexión en su escritura no corresponde a la de sus actos.

Octavio Paz (1914 – 1998) creía que la condición del amor es la exclusividad, y lo mismo debe ocurrir con nuestros ideales culturales, que nunca debemos permitir nos hagan creer que estamos por encima de los demás, pero sí afortunados por haber tenido la oportunidad de tener acceso a lecturas que amoldaron en su posibilidad, nuestra perfectible condición humana.

El escritor reconocido y digno de aplausos, debería ser aquel que, mediante su obra, ha abierto brechas sociales. Las lecturas que se enfocan en el individuo y su concepción de podredumbre ante el mundo que lo rodea, no debe ser sino el camino hacia un pensamiento que aporte algo a la sociedad. No podemos permitir que la literatura, descanse, únicamente en la inconformidad individual y el desencanto. El artista que haya logrado lo anterior, tendrá en su pensamiento, la idea de que el ser humano sólo puede alcanzar un poco de sabiduría colectiva, aportando y pensando en los demás. Dos o tres obras que aborden al individuo, es un excelente comienzo, siempre y cuando forme parte del camino a cuestiones estéticas que aborden la moral y la ética, para entonces concebir a la alta cultura, como parte de la cultura popular, logrando con ello que se fecunden y tener como resultado final, una aportación sociohistórica que habrá hecho digna nuestra humilde existencia.

No lo olvidemos, el escritor crítico que deja sus reflexiones únicamente en el papel está condenado a convertirse en un político de provincia o una figura pública, condenada a no ser más que parte de la farándula.

 

Licenciado en Relaciones Internacionales. Promotor Cultural. Columnista en Cultura Colectiva.

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